V

251 36 3
                                        


Sabía de quien era ese llanto, y esos murmullos que apenas podía oír. La temperatura de su cuerpo no baja, su cuerpo transpiraba y no había ni unos medicamentos que podía curarlo o calmar aquel dolor.

A veces sentía que todo a su al rededor se aceleraba, como su respiración o como los latidos de su propio corazón que era lo único que podía escuchar. Porque la abuela dice algunas palabras mientras le posa el paño frío sobre la frente, sintiendo él un poco de alivió. Solo un poco, miserablemente poco.

Mamá

Y eso no salió de él porque ni siquiera puede abrir los párpados, porque incluso con los ojos cerrados todo a su alrededor da vueltas, infinitas vueltas que lo hacen ponerse de costado en aquella cama y vomitar todo en el suelo.

El sabor agrio pasarse por su garganta, por su lengua, por su paladar, es asqueroso. Haciendo que de nuevo vomite lo poco que pudo ingerir ese día o quizás lo que hace días pudo ingerir.

Te dije que estará bien conmigo. Ahora, vete.

Había días donde su madre lo iba a visitar, había días donde su padre ocupada el lugar de ella y él se quedaba a cuidarlo. Porque él ahora no esta con ellos, sino con la abuela, en la casa de la abuela, la casa del campo, donde cerca está el bosque.

Mil nochesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora