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- ¿Puedes creerlo? -comento indignada.

-Sí, ayer envolví su regalo con un listón rosado.

-Lleva un par de meses casado, ni siquiera parecer haber disfrutado de su vida.

-Bueno, eso no me interesa y a ti tampoco debería.

-Ay vamos, es muy guapo y está casado con una niña.

-Tú tienes la misma edad que la hermosa Priscilla.

-No es verdad, yo tengo 25.

-Vaya, tienes razón, estás lejos de la flor de tu juventud, ten cuidado con las arrugas.

Frunció en ceño antes de tomar un espejo entre sus manos para inspeccionar su rostro a fondo.

-Las niñas como tú no deben preocuparse por nada -volvió a hablar-. Lo triste de esta vida es no encontrarte a alguien como Elvis Presley caminando por la calle listo a llevarte a casa o invitarte un trago.

Me limité a darle una mirada de lastima a mi compañera mientras colgaba sobre mi hombro el bolso con mis pertenencias.

-Te veré mañana -aseguré con media sonrisa y empujando la puerta hasta encontrarme en el exterior. Luego de un par de pasos decidí darle la razón a Dana, la vida debería ser tan simple como una película romántica en la cual te encuentras con un chico guapo caminando por la calle, tan simple como recibir la invitación de Elvis Presley para llevarte a casa.

- ¿Esta vez me dejaras entrar? -su voz grave me hizo prácticamente saltar del susto-. No sé si debo sentirme ofendido -puso una mano a la altura de su pecho.

-Definitivamente no debería salir de la nada por la noche.

-Deberías comenzar a hablarme de tu.

-No sé si esa sea una buena idea.

-Si me lo preguntas debe ser mi mejor idea en años.

Debía darle crédito por sus dotes de seducción y esa manera de atraparme con una simple mirada.

-Entonces ahora puedo llamarte Aaron.

- ¿Aaron? Creí que era Elvis.

-Un segundo nombre no es tan malo.

-Entonces ahora voy a llamarte Liney.

-No, Marie.

Entre cerró los ojos con fuerza buscando entender, pero las historias dentro de mi vida eran tan complejas como largas que el tan solo pensar en confiarle mis secretos a alguien más me hacía sentir agotada.

-Lo sabrás algún día -le aclaré luego de continuar caminando a casa.

-De acuerdo. Pensándolo bien me agrada más Elvis.

-Lo siento, Aaron.

Sonrió con tranquilidad sin volver a pronunciar mi nombre, aún no había comenzado a explicar las reglas del juego, pero el parecía entenderlas.

Continúo caminando a mis espaldas sin aportar algún otro argumento a nuestra pequeña charla. Comencé a pensar si era el momento para poder aportar algo en su lugar, pero en realidad no tenía nada por decir y no mentía cuando me refería a mi vida cómo algo poco interesante, en realidad mi vida en esos momentos se resumía al trabajo y el ganar dinero en cualquier oportunidad, lo único interesante en mi vida para esos momentos era él, sus descarados ojos azules, esa sonrisa tan especial y el tenerlo conmigo en esos momentos a pesar de existir otros tantos millones de féminas alrededor del mundo. Una vez en las puertas de mi edificio espere unos segundos antes de voltear para saber si seguía ahí.

-No voy a dejarte, en realidad tengo curiosidad por tu casa.

No pude contener la risa al escucharlo, le tomé la mano para hacerlo entrar conmigo, justo en ese segundo la retiró, su gesto no me sorprendió mucho.

-Lo siento, no puedo -me aclaró encogiéndose en los hombros.

Negué un par de veces tratando de ocultar una sonrisa, ese simple detalle me hizo recordar a su esposa, ¿Qué estaría haciendo ella en esos momentos? Cuidando de su bebé, tal vez. Las puertas de cristal se abrieron luego de recargar todo mi peso sobre ellas, el portero como siempre espero a verme entrar al ascensor para fijar su mirada en mi acompañante, ese hombre no me agradaba en absoluto, su trabajo era vigilar cada uno de movimientos para luego advertirle a mi padre sobre mi mal comportamiento, y aquello únicamente se basaba en calumnias, pues cómo había mencionado antes mi vida podía resumirse en trabajo. En cuanto entramos al ascensor empuje a Aaron contra la pared para dejar a la puerta cubrirlo sin darle al repugnante hombre portero la oportunidad de entrometerse, cuando el elevador se encontró en funcionamiento pude soltar el aire contenido de la entrada hasta ese preciso momento.

- ¿Al fin logré ponerte nerviosa?
-Ni lo sueñes -me burlé con una mano en el pecho.

-Ese hombre de la entrada no parece ser de tu agrado.

-No lo es.

Asintió con una mirada despistada.

- ¿Por eso me hiciste estar contra la pared?

-De hecho, lo siento.

-Tranquila, no me molesta haber estado contra la pared, en realidad me molesta algo completamente diferente.

Me hizo fruncir el ceño sin lograr captar cuál era su verdadera intención con aquel argumento.

-No entiendo.

-En mi cabeza la escena paso muy rápido -se acercó a mí tomandome de las muñecas para ponerlas alrededor de su cuello-. Me ponías las manos al rededor del cuello, yo en tu cintura, me acercaba lentamente mirándote a los y los labios -mientras hablaba realizaba cada una de sus acciones, intenté mantener en mi mente que era un hombre casado, estaba casado y su esposa estaba embarazada, no debía estar ahí siendo seducida por un hombre casado, casado, casado e infiel. Estaba deseando poder besarlo, tocar sus suaves labios con los míos-, tenías una mirada tan brillante y cuando me vi reflejado en tus ojos no pude contenerme más -la cordura obviamente no había sido parte de ese suceso, mis ojos cerraron justo cuando nos separaba un hilo de aire y el silencio se propagó por el estrecho lugar.

Era un hombre bastante atractivo, agradable, y por supuesto un buen besador, pero también estaba casado, tenía a alguien en casa esperando a su regreso.

¿Estaba dispuesta a tener una aventura con un hombre casado? ¿Con ese hombre casado en específico? ¿Estaba dispuesta a ceder ante sus encantos? Tal vez.

Ojos azulesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora