11

546 52 1
                                        

—No lo sé, no soy muy famoso en realidad. 

—Eso pensé, es extraño, ¿no lo crees? Compartir tu vida con un millón de extraños que opinan de ella sin saber realmente nada de ti. Todo está completamente expuesto, cada movimiento, cada emoción.

Me quedé en silencio, yo era una de esas personas juzgando a quien no conocía. Me preguntaba por qué tenía una ventura mientras estaba casado y esperando a su primogénito, ¿Cómo podía alguien sentirse tan solo teniendo a alguien para atenderle todo el tiempo? Y conocía la respuesta a la perfección.

— ¿Te sientes bien Liney?

—No mucho, mi padre ha ido a visitarme hoy.

—Lo sé —admitió poniendo una mano en mi hombro.

—Quiere que vuelva, está dispuesto a pagar el resto de la deuda mientras vuelva a su casa bajo sus reglas —su rostro inexpresivo no me dio ninguna pista de cual era la decisión correcta—. ¿Debería hacerlo?

Formulé la patética pregunta intentando obtener alguna pista de sus pensamientos, parecía tan molesto, omo si hubiera dicho argumentado algo en su contra.

— ¿Quieres hacerlo?

—No lo sé.

Eso era algo bastante obvio, volver a la casa de mis padres era volver a la vida llena de comodidad que acostumbraba desde mi nacimiento.

—Tal vez debería hacerlo.

—Si piensas que es lo correcto entonces hazlo.

— ¿Estás molesto conmigo?

Negó con ña cabeza sin decir nada, puso su otra mano en mi hombro y me dedico una sonrisa.

— ¿Extrañas algo de esa vida Blair?

Mis ojos cayeron al suelo de golpe.

—Yo... Sí, lo hago —murmuré sin levantar la mirada, inquieta buscando por todos lados una razón, al menos una pequeña para volver a casa.

Elliot no agregó nada, se quedo ahí, esperando a escuchar mi lista de razones, no tenía ninguna, no quería volver, tal vez trabajar nunca estuvo entre mis planes, pero en aquel lugar era una persona, alguien de carne y hueso capaz de sentir.

—No extraño nada.

—Entonces ahí tienes tu respuesta —elimine el espacio entre nosotros aferrándome a su trozo mientras él me enrrollaba entre sus brazos—. ¿No casa volver?

—No tengo nada ahí —me encogí en los hombros.

Escuché un suspiro de alivio salir de entre sus labios antes de separarnos.

—Deberías ir a casa, es algo tarde —me acarició una mejilla.

Asentí con media sonrisa y solamente me miró como si descubriera algo nuevo entre mis pestañas o el color de mis ojos cambiará de pronto.

—Te llevaré a casa o puedes quedarte conmigo si quieres.

Debía despedirme de Aaron esa noche, y eso era lo justo luego de ocho meses estando con él.

—Gracias, pero prefiero ir a casa, necesito pensar en cómo le diré a mi padre y... No sé.

—De acuerdo, vamos —comenzamos a caminar en una dirección desconocida—. Este lugar me trae muchos recuerdos.

—Pensé en eso —miré a la misma fachada del edificio en la distancia.

— ¿De verdad lo recuerdas?

—Nunca he olvidado ninguna de nuestras aventuras.

Me observo con detenimiento, no pude evitar reír para contagiarlo de esa misma alegría. Fuimos por un camino algo largo hasta la cochera de un edificio bastante elegante algo parecido al mío y probablemente con el mismo precio exuberante.

— ¿Aquí vives? —me atreví a preguntar caminando a su lado en aquel amplio estacionamiento.

—Sí, mi abuelo me heredo el lugar y un par de cosas más.

—Tu abuelo era un gran hombre, debe estar muy orgulloso de ti.

—También me gusta creer algo de eso.

Tomó las llaves de un auto y me ayudo a subir a este. Elliot era capaz de presumir un sin fin de cosas, manteniendo una modestia encantadora sin preocuparse mucho por las demás personas a espectativas de su vida. Él a diferencia de mí tenía una buena relación con su padre, con su madre e incluso con su abuelo, todos en su familia buscaban la mejor manera de convivir entre ellos, no solamente se reunían para tratar negocios,  sino para disfrutar de su compañía en un lugar bastante privado cerca de la frontera con Canadá en donde a nadie se le permitían llamadas a socios o invitar a nadie que no fuera parte de la familia o amigos muy cercanos a ellos. La diferencia de familias entre el pelirrojo y yo era demasiada, pero era exactamente esa diferencia entre nosotros la que terminaba por unirnos enes extraña conexión entre ambos, una niña tan carente de atención y cariño que se encontraba a un niño tan agradable capaz de enseñarle como se amaba que terminaban por vivir toda su vida juntos.

Nuestro viaje en auto fue una reflexión para ambos, comenzamos hablando sobre mi trabajo y terminamos murmurando monosílabos perdiendo por completo la conversación para quedarnos en silenciocada uno inmerso en su propio mundo.

—Gracias por traerme.

—No es nada —dejé un beso en su mejilla, antes de ver como me tomaba de la mano—. Me gustaría verte mañana.

—Claro, puedes venir cuando terminé mi turno.

Asintió sin dejar mi mano, no aparto sus ojos de los míos mientras intentaba pensar en como formular su siguiente frase.

— ¿Liney?

— ¿Sí?

— ¿Vas a terminar con el hombre de tu aventura?

Al pensarlo cierto pesar se alojó en mi interior obligandome a reflejarlo en media sonrisa.

—Sí, esto no va a funcionar.

—Te veré mañana —afirmó soltando mi mano antes de bajar del vehículo, corrió directo a mi puerta sin abrirla por completo y al encontrar su rostro con el mío me beso. Un beso lento, adorable parecido a los de nuestros años de estudiantes y sin más me dejo ir—. Te veré mañana —dijo de nuevo mientras me veía desaparecer al otro lado de la puerta.

Repetir el beso en mi mente me regalo un par de suspiroso sonrisas, esos ojos azules reflejafos en el numero de mi puerta se veían felices, porque después de todo ese tiempo no olvide mis sentimientos por Elliot, mi corazón continuaba acelerando por el beso.

—Hola —habló Aaron en la oscuridad.

—Hola —respondí avanzando sin temor.

—Y esto es el adiós...

—Al parecer, justo como la imaginaba.

— ¿De verdad?

—Algo parecido, pero quien estaba en el sillón sin luz alguna era yo.

—Dime cómo lo imaginaste y prometo recrearlo lo mejor posible.

No pude evitar sonreír con cierta nostalgia por sus palabras, aquel sería probablemente nuestro último encuentro.

Ojos azulesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora