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—Mentira —dijo con una sonrisa impecable y los ojos azules sonriendo.

—Lo juro, si ella pudiera te saltaría encima, en realidad es una gran admiradora tuya, sufre un colapso cuando tiene cerca.

—Sus ojos brillantes siempre me parecieron muy normales.

—No tiene otros para ti —me encogí en los hombros.

Luego de pasar horas escuchando sus gemidos y los míos, luego de haber caído rendidos y besarlo una y otra vez, estaba ahí, a las 4:16 de la mañana con esos ojos azules desbordando luz. Para ser nuestra primera noche juntos parecíamos amantes de años atrás. Amanecer con un hombre como él debía ser una ley, su piel ligeramente bronceada, esa voz tan profunda y el cabello despeinado, no recordaba nunca haber tenido esa sensación de querer acariciar a alguien hasta el cansancio, deseaba conocer su piel de inicio a fin sin reserva alguna.

—Marie, te ves increíble como para tener el cabello hecho un desastre —me guiñó un ojo.

—Es como un súper poder —dije haciendo gala de mi vanidad—. Usualmente usan la palabra despampanante, pero increíble suena muy bien.

—Me encanta tu modestia.

Sonrió mostrando su perfecta dentadura blanca e intento acomodar mi cabello poco a poco. Un gesto bastante agradable de su parte.

—No sé cómo explicarlo, pero realmente eres muy hermosa -el tono de admiración en su voz me hizo arder las mejillas, como nadie había logrado hacer hasta ese momento.

Lo miré directamente a los ojos sin poder desprenderme de ese sonrojo en mis mejillas, él era de alguna manera alguien especial en mi vida, sin duda quien deseabas conocer en algún momento, todos deberíamos tener derecho a conocer alguien tan maravilloso.

—Gracias, Aaron.

— ¿Por qué me llamas así? —se mordió el labio inferior—, ¿No te gusta Elvis Presley? ¿Muy formal para ti?

—Señor Presley, ¿No le gusta el nombre de Aaron?

—Me gusta cuando tú lo dices, pero no entiendo la verdadera razón, ¿No te gustaría presumir de una relación con alguien como yo?

—No me gusta presumir algo que no es mío —le dí un beso ligero en los labios—. Eres alguien muy importante, sé cómo se siente tener a muchas personas mirando al mismo tiempo, necesitar sonreír sin desearlo, cuando yo debía hacerlo me creaba una máscara, todos debían llamarme Blair, cuando comencé a trabajar todos debían llamarme Marie...

— ¿Y Liney qué máscara es?

—No, soy Marie o Blair, no más.

— ¿Aaron es una máscara para mí aventura contigo?

—Aaron es la verdad para mí. Elvis Presley tiene una esposa, es un cantante muy exitoso a punto de tener una hija, el coqueto hombre de ojos azules tras el mostrador preocupado únicamente por su bella esposa, pero Aaron le pertenece a Marie, Aaron es su novio y a Marie le encantan sus besos, caricias, su cuerpo.

— ¿Y de dónde salió Blair?

—Es como mi tercer nombre.

—Marie Liney Blair.

—Es una historia bastante peculiar.

—Soy todo oídos —me incito a continuar.

—De acuerdo. Soy la hija única de un magnate, la única niña dentro de una familia de muchos varones, la princesa de la casa, como el apellido vendría de mi padre ellos decidieron darle a mis abuelos la oportunidad de elegir mi nombre, Marie salió de mis abuelos paternos. No estoy segura de dónde salió Liney —mentí—, pero mi madre no fue del todo incluida en el título principal, entonces adopte su apellido como mi tercer nombre, únicamente para todo el glamour requerido a lo largo de esas fiestas de etiqueta.

—Eres realmente única.

— ¿Y tú Aaron, tienes alguna historia peculiar? —cuestione intentando desviar su atención.

—Me siento solo —miró el techo—. A lo largo de los años he buscado eliminar ese vacío en mi pecho, sin importar cuánta atención tenga sobre mí nunca parece suficiente, a excepción de...

— ¿La compañía de Priscilla?

Mmh...

—Está bien si hablábamos de ella, créeme.

—No lo siento correcto, Aaron no debe hablar sobre Elvis, ¿O sí?

—Elvis me agrada, tiene una voz impecable, tal vez si Aaron sabe un par de cosas sobre él, no me molestaría discutirlas.

Sonrió accediendo a contarme más sobre esa faceta de su vida, sin duda alguna Priscilla era una parte indispensable en su vida, ser la madre de su hija le daba sin duda alguna un papel muy importante en esa línea de tiempo llamada vida. Él esperaba con ilusión ese Enero o Febrero en que la personita creciendo en el vientre abultado de su mujer pudiera ver la luz de sol y comenzar a vivir junto a él o ella como un hombre pleno y completo. Aún no habían preparado nada para recibir al heredero de todo el legado Presley creado por su joven padre hasta ese momento, no obstante el matrimonio esperaba con ansias a dejar los primeros meses del embarazo para comenzar sus compras compulsivas.

—Parecera increíble, pero a decir verdad los la preferimos una niña, siempre me imaginé criando a una princesa, dejarla maquillarme y ser el invitado especial en sus fiestas de té.

— ¿De verdad? Mi padre pensaba lo mismo —comenté riendo.

—Pues eso quiero.

Se levantó de la cama sin previo aviso. Nos tardamos una hora charlando sobre esa parte nuestras vidas, era extraño hablar con alguien sobre mí, nadie preguntaba sobre las historias de Marie o Blair, y la única persona en preguntar sabía todo de mí, al parecer Elliot dejaría de ser el único hombre en mi vida.

—Saluda a tu esposa de mi parte —le pedí sin lograr incorporarme.

— ¿De parte de mi amante?

—De parte de Marie, la chica que envolvió su primer obsequio de embarazada.

— ¿La primera? Tal vez no fuiste la primera.

—Fuiste con ella a la boutique cuatro días antes, no hubo obsequio alguno y de hecho parecían disgustados. Yo la atendí ese día. Cuatro días después vienes una hora antes del cierre de la tienda y pide un regalo con moño rosado, por favor no quieras subestimarme.

—De acuerdo, Marie le envía saludos a mi esposa, gracias.

—Por nada.

—Te veré pronto —se acerco hasta a mí para depositar un profundo besos en mis labios.

—Claro, hasta pronto Aaron.

Salió por la puerta dejándome justo como la primera vez en mi casa, pero aún más satisfecha. Marie se convertiría en una máscara más agradable y sus ojos azules en mi tumba perfecta, y aún debía mantener el amor en un baúl como lo prometí en un inicio, no podía enamorarme de alguien que nunca iba a pertenecerme.

Ojos azulesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora