Sin pensarlo el tiempo se quedo corto, las horas atrapadas en aquella habitación pasaron de ser de ser eternas a un puado de minutos, cada recuerdo se escapo por la ventana y por primera vez estuve verdaderamente consciente de la vida que estaba llevando, no era exactamente la niña buena que había prometido, tampoco me estaba comportando como debía hacerlo, sus ojos me lo delataron, aquella sonrisa escondida con cada pequeño sueño creciendo en su interior reflejado únicamente por el iris, sus ojos reflejando la luz de la mañana a primera hora me juzgaron por un segundo sin desearlo.
—Vete —le dije con dulzura—. Es tu hijo, deberías ir, yo puedo esperarte.
—Volveré pronto —dejo un beso en mis labios antes de marcharse.
Abrí los ojos poco a poco, ya no estaba a mitad de aquella desolada habitación. La mañana se levanto en un par de tropiezos, pero sin importar el resplandeciente brillo filtrándose por mis cortinas el día se caracterizaba por ese frío, aquel frío de invierno.
La historia se repitió una y otra vez en mi mente dejando espacio solamente para poner atención a lo elemental, no tenía una meta clara, había despertado un sábado por la mañana esperando a encontrar una verdadera razón para continuar con el día a día, pero de alguna manera tenerle tan presente y saberle tan lejano me desquiciaba, no había tenido llamada alguna, mensaje, carta, regalo, todo estaba congelado entre nosotros desde aquella noche, las semanas habían pasado, el tiempo se alejaba con velocidad y sin pensarlo de verdad el nacimiento de su pequeño hijo se acercaba con sigilo, no podía esperar mucho de él, y sin importar cuanto podía repetirme eso, continuaba esperando.
Un día libre a la semana era todo lo que necesitaba para sentir la presión subir a la cabeza, al no tener nada para distraerme el pasar de los minutos era terriblemente eterno. No importaba cuanto tiempo pase en la ducha o preparando el desayuno, el maldito reloj no marcaba más de las 10 de la mañana.
Era patético quedarme en cada en busca de un pasatiempo mientras el misteriosos Aaron decidía volver a dirigirme la palabra, no era quien para esperarlo como si debiera aparecer cada noche luego de una jornada de trabajo, tampoco podía exigirle explicaciones o tiempo, todo era parte de un acuerdo mutuo, y como lo reitere en repetidas ocasiones todo era un aventura con la fragilidad de una hoja al viento. Aaron volvería para despedirse (justo como lo esperaba) o simplemente terminaría por esfumarse como un fantasma más perteneciente a una vida imaginaria.
Caminé directo al guardarropa, en busca de algo bonito para salir un rato a mirar el cielo o simplemente admirar a las personas a mi alrededor con una vida verdadera, no era relevante el motivo, era por salir de esas cuatro paredes antes de perder toda mi cordura. Mire vestido tras vestido decidiendo entre algo ligeramente formal o cualquier atuendo casual digno de un paseo en el parque, al final algo ligero gano la contiendo, terminando de subir el cierre de mi vestido miré el peinado, mi rostro algo pálido e ignore el resto. Tomé mi bolso lista para salir a disfrutar de el bello día soleado cuando abrí la puerta y quien me encontré al otro lado de esta me dejo sin palabra alguna.
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Ojos azules
FanfictionMe acabo de topar con esos ojos azules, tan bellos, tan radiantes como descarados, esa sonrisa envolvente, oh cariño, si solamente no estuvieras terriblemente comprometido, si pudiera decir todo cuanto siento. ♦ Marie ha trabajado en aquella boutiqu...
