Yo era una mascara le hablaba de cada faceta de mi vida menos de la verdadera, menos porque volver a la realidad siempre era lo más complicado.
—Marie —me llamó como se nombra a alguien cuando se quiere hacerle girar la mirada y verle volver.
—No podemos hacerlo, esa niña te necesita, su madre te necesita...
— ¿Y tú?
—Yo estaré bien, yo puedo fingir que todo fue un sueño, algo capaz de comprender solamente cuando se está tan terriblemente empapada de un artista.
—Estarás bien.
—Sí.
Tomó un poco de aire bajando la mirada antes de dar un nuevo paso en mi dirección bebiendo por completo el vino blanco.
—Entonces de verdad necesitamos terminar esta escena.
—O tener la charla.
Asintió mirando la nada o tal vez perdiéndose entre la bruma de sus pensamientos.
No se atrevió a articular palabra alguna de nuevo y me decidí a dejar de ser la extraña Marie para dejar a Liney manifestarse frente a los ojos de Elvis Presley.
—Siempre me sentí sola en casa —di un sorbo a mi bebida—, me denominaba a mí misma como una princesa atrapada en una fortaleza de hielo. Mis padres nunca fueron muy cariñosos conmigo y tome aquello como la justificación perfecta para mi rebeldía —me encogí en los hombros con media sonrisa—. Nadie les hablaba sobre mis andanzas en cada evento social o mi manera de manipular a los chicos para sentirme mejor conmigo —levantó la mirada de nuevo escudriñando entre mis ojos—. En realidad nunca he sido la chica adorable o dócil que me pedían. Me di cuenta de algo muy importante cuando llegue a cumplir 13, soy bonita, de hecho muchas veces he escuchado la palabra "hermosa" para describirme —me atreví a reír solamente un poco—, no puedo ser modesta con eso, me acostumbre a usarlo para conseguir mis caprichos —me mordí el labio inferior—. Muchas veces me he preguntado cómo sería la vida si tuviera el amor de mis padres, tal vez nunca lo sabré, aunque eso no me aflige. A pesar de las pocas atenciones de mis padre no crecí sola. Siempre creí importante tener un amigo, cómplice y alguien a quien confiarle plenamente cada uno de tus pecados o travesuras, esa persona para mí se llama Elliot Bennett, he estado enamorada de él desde siempre. Muchos dicen que es porque cuando nadie me prestaba atención alguna él estaba ahí, pero yo no puedo decir lo mismo —me mordí el labio inferior—. Mientras mi madre solía reprenderme por arruinar arruinar un hermoso vestido de seda o mis zapatos, mientras mi padre se conformaba con ignorar mi presencia, él me miraba con ternura, secaba mis lágrimas cuando ellos las derramaban y se molestaba conmigo por hacer caer a cada chico entre mis redes. Él fue mi primer beso, él fue mi primera vez, él es mi primer amor, puede sonar muy idiota, pero no puedo recordar cada momento importante de mi vida sin él. Incluso cuando terminaban por romperme el corazón o alguien se atrevía a pronunciar ofensas describiéndome estaba a mi lado, defendiendo lo indefendible e intentando hacerme entrar en razón —me atreví por un par de segundos a ser sincera, le hablaba como si el mismo Elliot pudiera escuchar cada una de mis palabras y revivir todos esos sentimientos a la par—. Nunca pude dejar de amarlo sin importar cuantas veces lo he intentado.
— ¿Alguna vez se lo has dicho?
—Sí —me burlé de lo que probablemente cualquiera llamaría síndrome de Estocolmo, empleando con una terrible connotación, más daño me habían hecho mis padres a Elliot incapaz de rechazarme verdaderamente y darme un razón.
— ¿Y te ha rechazado todas esas veces?
—En realidad no, solamente dice cosas evasivas. "No podemos, no está bien, no somos el uno para el otro, no... tus padres no lo permitirían", en un sin fin de excusas empleadas sin decirme de frente la verdad, al inicio me daba rabia no entender como podía rechazar a una chica como yo —admití con esa poca modestia tan característica de mi descaro—, y luego de cierto tiempo, deje de esperar una respuesta positiva conformándome con aquellas caricias tiernas de su parte, los besos para evitar mi llanto y nuestra noche juntos. Tal vez continué esperando palabras pero él me ha demostrado como nadie cuanto me ama a pesar de quedarse en silencio —admití bajando la mirada hasta sofá, no me sentía cansada, tampoco culpable por expresar ese pequeño pesar con él, después de todo Aaron no era quien me escuchaba, tenía frente a mí a Elvis Presley imaginando la vida de una chica como yo de ojos azules y cabello castaño claro, mirando como el color de nuestros ojos era tan parecido culpando a la soledad por ese iris tan peculiar.
—Un compañero inseparable al cual te aferras con una fuerza inhumana —se atrevió a decir luego de escucharme con tranquilidad—, ¿Siempre ha estado contigo? —enfatizo la palabra siempre como si con eso deseará cambiar mi respuesta para no sentirse herido.
—A excepción de los últimos dos años cuando se fue a Brazil.
Asintió mordiendo su labio inferior evitando mirarme y tal vez porque no reconocía a la misma chica de meses atrás, no la encontraba en esos ojos que le miraba esperando a obtener respuesta alguna de su parte, ya no era con Marie con quien hablaba.
—Durante ese tiempo me metí en tantos problemas como pude, tal vez de manera inconsciente, para hacerle volver sin lograr nada.
—De verdad estás muy unida a él, ¿cierto?
—Sí, no puedo recordar a nadie a quien me doliera perder tanto como él.
— ¿Y yo?
—Y tú.
—No sé si puedo creerte.
—Está bien si no lo haces, después de todo entre nosotros no debió haber algo diferente a una aventura, y a pesar de eso terminas involucrando parte de una vida que deseábamos incluso cuando sabíamos cómo iba a terminar, puedes ser un cantante para el resto del mundo, pero para mí pareces una persona, tal vez no normal, con un gran pesar que logra superar toda su felicidad.
— ¿Y quién eres tú? —preguntó exigiendo una respuesta inmediata.
—Liney, el verdadero rostro de Marie. Una chica no tan común esperando a entender el mundo y encontrar algo capaz de conmoverle el corazón. No espero un príncipe azul, tampoco quiero una historia feliz tan irreal como sea posible, solamente quiero ser feliz, he tenido joyas, he tenido ropa exclusiva y sin importar entre cuantos lujos he vivido, renunciaría a cada uno de ellos por encontrar la felicidad —di un paso en retroceso mirando con cuidado cada una de las cosas en ese lugar, el vacio constante en el cual me encontraba.
— ¿No te gustaría tener una vida irreal, algo parecido a un verdadero cuento de hadas? —murmuró antes de responder a su propia pregunta—. Tal vez para ti el dinero no parece algo tan importante porque lo tuviste toda la vida, no te hace falta y tampoco eres consciente de cuánto se puede sufrir sin él. Mi vida es un cuento, nací siendo pobre, viví en una casa donde apenas cabía una sala, y en cuanto comencé a soñar imaginaba una vida así, sin preocuparme por el dinero, comprando un millón de cosas inservibles, la vida de una persona rica es muy diferente a la de una persona pobre, sus preocupaciones son muy diferentes, también ese punto de vista, darías todo el dinero del mundo por tu felicidad, pero la felicidad no puede darte de comer, no puede currar la gripe, no hace bajar la fiebre y tampoco elimina el frío de invierno cuando toda tu casa se ha cubierto de nieve y las mantas no parecen suficientes —el tono de su voz aumento, y no podía culparlo por esa molestia, tenía razón, yo no entendía la necesidad, nunca la había sentido.
—Solamente me gustaría hacerte una pregunta, ¿No darías tu fama por volver a ver a tu madre?
Me miró con el mismo azul melancólico de siempre, quería imaginar cómo se sentía, deseaba entender ese pesar, pero parecía estar dentro de un cofre sin cerradura, completamente sellado. Su silencio me respondió por él y no espere por escuchar algo más de entre sus labios.
—Yo daría todo por volver a ver a mi madre, sin embargo, he afrontado su partida y ese pesar no supera mi felicidad.
Tomé un sorbo de mi copa dejando su mirada suspendida un par de segundos para encontrarme en ella de nuevo y escuchar su siguiente argumento.
—De acuerdo, me atreví a juzgar algo completamente desconocido —dije buscando disculparme por mis palabras, pero él cambio de tema sin precaución alguna.
— ¿Es con Elliot con quién saliste la última vez?
— ¿Después del trabajo? Sí.
— ¿Volvieron a verse después de eso?
—Sí, desde su regreso casi en cada ocasión.
— ¿Y es él la causa de esta despedida?
—No —respondí al instante frunciendo el ceño—. Esto iba a pasar en cualquier momento, lo acordamos.
—Tu dijiste que lo amas.
—No hago esto por correr a sus brazos. No quiero continuar, no quiero salir herida.
— ¿Herida? —bramó con sarcasmo.
—No vas a dejar a tu esposa, y no voy a pasar años siendo tu reserva.
ESTÁS LEYENDO
Ojos azules
FanfictionMe acabo de topar con esos ojos azules, tan bellos, tan radiantes como descarados, esa sonrisa envolvente, oh cariño, si solamente no estuvieras terriblemente comprometido, si pudiera decir todo cuanto siento. ♦ Marie ha trabajado en aquella boutiqu...
