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Las siguientes palabras carecían de sentido mientras me encontraba pérdida en esa pequeña cara tan tierna, con ojos cerrados en completa plenitud.

— ¿Cómo decidieron el nombre? —pregunté con la intención de entender si era una mala jugada del destino o una verdadera intención de Aaron.

—A Elvis le gustó el hombre, en realidad a ambos, dice que lo escuchó en la boutique la última vez que la visitamos y yo digo que es muy lindo —respondió ella con inocencia.

—Es un nombre grandioso —añadió Elliot dejando su mano en mi espalda.

—Lo es.

Fingí una pequeña sonrisa acariciando involuntariamente la mejilla de la pequeña Lisa Marie.

—Puedes cargarla si quieres —ofreció Priscilla dejando a la niña entre mis brazos.

—Es muy hermosa —murmuró Elliot acercándose y acariciado su mejilla con delicadeza.

Nos miramos a los ojos perdidos el uno en el otro y con la niña en brazos solamente pude ver nuestro futuro.

—Son una familia hermosa —dijo Priscilla con los ojos brillando—, ¿No es cierto Elvis?

Asintió sin disfrazar su gesto con una sonrisa o algo parecido. Lisa regreso a los brazos de sus padres sonriendo y mostrando un poco esos ojos entre azules y verdosos con bastante alegría.

Elliot tomó mi mano de nuevo y entonces con un par de palabras dejamos a otro par de personas mirar a la familia Presley de cerca.

—Priscilla es una mujer bastante hermosa, ¿No te parece?

—Sí, lástima que él no sepa valorar a esa mujer a su lado.

— ¿Y lo sabes por un par de minutos con ellos? —rió un poco.

Me encogí en los hombros volteando la mirada a esos ojos azules que no se apartaban de mí como la copa de vino de sus labios.

—Solamente lo sé.

Me encogí en los hombros intentando parecer distraída por mi comentario y sin más por decir me llevó alrededor de la casa presentándome a cada empleado y compañero en aquel lugar, siempre me tomaba de la mano con esa sonrisa tan encantadora que me hizo olvidar por completo la presencia de Aaron hasta que decidimos dar media vuelta chocando contra su mano determinando la trayectoria de su copa en mi vestido.

—Lo siento —murmuró sin verse demasiado arrepentido intentando limpiar con su pañuelo.

—No se preocupe, señor Presley. Será mejor que vaya al baño —me disculpé con media sonrisa—. Con permiso. Volveré en un segundo, cariño.

—Claro, el baño está arriba, es la tercera puerta a la derecha —me indicó y dejé un beso en su mejilla antes de dirigirme directo al baño subiendo las escaleras lejos de la muchedumbre.

La tercera puerta a la derecha se reveló frente a mí y a diferencia de las otras puertas está contaba con una manija diferente. Entre mirándome en el espejo, la mancha no era una verdadera amenaza, quería entender la razón de su comportamiento, todo había terminado, todo había quedado en un hasta nunca y él se empeñaba en hacer una rabieta como un niño cuando no obtiene lo que desea.

—De verdad lo siento —pronunció con cuidado antes de entrar.

—No te preocupes, los accidentes suceden.

—Quiero hablar contigo.

—No.

—Marie.

Ojos azulesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora