Víctor, Rodrigo, Kevin y Reinaldo estaban juntos en la misma habitación por primera vez en mucho tiempo, los 4 echaban de menos el ambiente que el grupo generaba, solo en ese momento fue obvio para los 4 lo importante que era el mantenerse juntos. El hecho de que faltase una sola persona marcaba la diferencia. Rodrigo no les comentó lo ocurrido en New York para no alarmarlos, pero todos sabían que algo no andaba bien. Sin embargo la armonía de estar los cuatro juntos hizo que todos dejaran al elefante en la habitación tranquilo y en lo suyo.
Tal fue la magnitud del momento que Rodrigo sacó tres mandos de PS4 adicionales y Reinaldo no lo cacheteó, sincronizaron los controles y empezaron a jugar Call of Duty. Hicieron equipos de dos, eran Víctor y Kevin contra Reinaldo y Rodrigo. Los segundos iban ganando por una absurda paliza, Reinaldo tenía una puntería satánica contra la cual Víctor y Kevin solo podían gritar y correr en círculos, mientras todos reían y gritaban, Kevin le contó a Rodrigo de su nueva invención.
Dejó a Víctor jugando con dos controles, el tipo intentó usar el otro con los pies, no es difícil adivinar cómo le fue. Kevin entró a la habitación de nuevo con un galón de una sustancia que se veía como agua y olía como agua. Sin embargo, cuando los 3 espectadores probaron la bebida que esperaban insípida, se miraron todos en estupefacción al darse cuenta de que la misma sabía como a una botella fria de Coca Cola.
—MALPARIO VERGO DEL DIABLO QUE COÑO LE HICISTE AL POBRE AGUA— gritó Reinaldo, mientras escupía el líquido y mataba a Víctor con un tiro a ciegas de su rifle de francotirador.
—Esta vaina es perfecta— dijo Rodrigo, mientras le daba un largo sorbo a la gaseosa falsa— es lo mejor del mundo, es mejor que las arepitas con mantequilla de Reinaldo.
Reinaldo se levantó, sacó una navaja del pantalón y apuntó a Rodrigo con ella.
—RETRACTATE MALDITO GORDO, RETRACTATE.
Víctor mientras tanto se bebía su vaso, el de Rodrigo y el de Reinaldo, que habían empezado a correr por la casa. Rodrigo sabía perfectamente que nadie se puede meter con las arepitas con mantequilla de Reinaldo.
Eventualmente se hizo de noche, Reinaldo no dejó de perseguir a Rodrigo hasta que éste no admitió a gritos que las arepas con mantequilla eran lo mejor que había probado en su vida. Siguieron jugando hasta que se hicieron las 9.
—Deberíamos salir. Nunca hemos salido los 4 a un bar— dijo Kevin, mientras se miraba en el espejo, arreglándose el cabello y el traje.
—Kevin, sabes que a Rodrigo no lo dejan entrar en ningún bar de la ciudad porque cuando bebe de más pasan vainas raras, ¿a donde crees que podemos ir?— le respondió Víctor, que en verdad quería salir de su casa.
—Yo conozco un sitio, el dueño es un amigo, el problema es que tiene una regla algo extraña para los que van a tomar alcohol— dijo Reinaldo, quien nunca en su vida iba a negar una salida a tomar.
—¿Cuál es esa regla?— preguntó Víctor.
—La regla es "Nadie sale de mi bar si no es hablando por los pies y caminando hacia atrás"
—¿O sea?
—O sea, que si vamos a ese bar, tenemos que emborracharnos a juro si o si.
—Realmente no veo cual es el problema con eso— dijo Rodrigo— yo nunca bebo sin emborracharme.
—No se diga más, nos fuimos— dijo Reinaldo, mientras tomaba las llaves del auto y todos se vestían para salir.
Una vez en el carro, todos se miraron unos a los otros, era primera vez que Víctor veía a Reinaldo vestido con una camisa, manejaba a la velocidad normal... Normal para Reinaldo, lo que significaba que se le adelantaba a todos los carros que tenía por delante y nadie se dio cuenta de cuando llegaron al bar.
Todos se bajaron al mismo tiempo, caminaron hacia el establecimiento, estaba lleno, el lugar estaba decorado con adornos rusos, había un frío sobrenatural, un frío que nunca nadie hubiese podido sentir en Maracaibo, los clientes eran todos hombres, y bebían abundantemente un líquido extraño de color verde. Se hicieron camino por entre la gente y acabaron los 4 sentados en la barra. Un hombre musculoso de mediana estatura los saludó con un marcado acento ruso y les preguntó.
—A mi barra solo vienen los valientes, ¿creen que pueden con el reto?— tenía la voz grave e intimidante, pero los cuatro aventureros asintieron con la cabeza y el cantinero empezó a servir.
No tenía vasos para hacer shots, solo jarras de cerveza que llenaba con vodka y otras especias que ni siquiera Kevin pudo distinguir, se tardó aproximadamente 10 minutos en hacer su mezcla extraña con cada uno de ellos. Cuando los cuatro vasos estuvieron servidos, se tornaron del color verde que habían podido apreciar al entrar en los vasos de los demás. Rodrigo gritó para hacerse escuchar entre todo el escándalo.
—PROPONGO UN BRINDIS. POR LA MANADA.
—POR LA MANADA.
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La manada.
Teen FictionUn fotógrafo profesional se imprima por una chica, y necesita la ayuda de sus amigos para encontrarla.
