Parpadeé tras la tenue luz de Luna envolverme. Ahí, bajo los azulejos blancos y negros me encontraba yo. Con un nuevo color de cabello y aún regocijada sobre el suelo, sin moverme, respirando con dificultad y observando todo a mi alrededor. Yacía en posición fetal con mis largos cabellos azulados envolviendome... como si estos mismos fueran una capa protectora que podría solamente recordarme lo que había pasado.
Ya no era la misma chica rubia que había llegado con timidez a esa casa. Las chicas vampiro y brujas descorazonadas me habían dejado ahí sola. Perdida en ese nuevo lugar que ahora me abrazaba en penumbras. Mordí mis labios, seguramente aún reían por la idolatra broma realizada, una que no olvidaría en mi vida entera.
¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué día era? Suspiré quedadamente antes de reincorporarme con cierta lentitud sobre mi misma, quedando sentada al fin sobre la grande y espectral cocina. Nadie había entrado desde entonces así que por lo menos estaba sola. Podía maldecirlas, tomar mi rostro con repudio y con desconsideración, gritar por el cambio innecesario y espantoso que me habían echo ese trío de arpías.
Una ventana, eso era lo único que me hacia el posible observar el grande astro que entraba para iluminarme tan solo un poco junto con las hermosas estrellas de esa noche... llenándome poco a poco de melancolía, impidiéndome el no pensar en mi madre.
Solo un día había pasado. ¿Qué habría echo ella cuando había despertado y no me había encontrado acurrucada a su lado? ¿Qué había dicho al observar mi nota? Mi mano tocó el vidrio. Fría... la noche estaba fría. Probablemente mi madre estaba destapada en su cama, aún llorando incontrolablemente. Mi mirada bajó hasta el suelo, tapándome el rostro. Mi cabello inconcientemente llegó frente a mi.
—Mi madre... —solté en un fino hilo de voz susurrado—, ella no me reconocerá cuando regrese a casa.
Mi palma recorrió el largo cabello con facilidad. Era sedoso, pero ahora tenia ese odioso color. Mis ojos se entrecerraron. ¿Por qué de ese color?
Sabia que no tenia derecho de siquiera el preguntar. Al fin y al cabo no tenía ya libertar propia, no obstante, ni el derecho para tener pensamientos inocuos. Miré a la derecha, intentando por lo menos encontrar con mis ojos el camino que probablemente me llevaría a casa, pero toparon con una piel roja y quemada, emitiendo sangre seca. Levanté mi hombro izquierdo.
Las idiotas me habían marcado con éxito.
Miré la cicatriz. "L y D". Sabia que la D era por Dagon, ¿Pero L? Con esa odiosa letra comenzaría su primer nombre. Tenía que investigar, necesitaba por lo menos saber a quién maldecir por las noches antes de dormirme y si me embarazaba, por lo menos gritarle con desesperación y odio al momento del acto sexual, ya que bueno, el sería el primero que se metería dentro de mis entrañas y que tal vez, me utilizaría para procrear a una criatura que tendría sangre vampirica. Una que no podía contrarrestar, porque la parte humana que tendría mi hijo, sería comida en el momento de gestación... quedando así ningún rastro humano en el feto.
Tragué con cierto miedo a la hora en que miraba a una de las esquinas, caminando así hacia un cajón de plata. Me detuve al llegar a el y con la luna ayudándome, llevé mi mano hacia la manija, abriéndola por fin.
Dentro habían miles de cubiertos. Cuchillos con hermosos brillos y piedras de cristal incrustadas. Tenedores de oro tal vez y cucharas de igual material luminoso. Me mantuve mirando la increíble cantidad de ellos, temerosa e indecisa. Volteé mi mirada hacia la puerta intentando que no me miraran. Estaba sola. Respiré con profundidad cerrando así mis ojos y entonces, por fin, tomando una cuchara del estante. Regresé a mi lugar donde tenía a las estrellas como espectadoras.
Tragué saliva y puse el cubierto sobre mi rostro, a una distancia cercana.
Miré con seriedad el reflejo. Mi cabello había cambiado y por ello, mi apariencia completa. Mi hermoso cabello rubio había desaparecido y ahora ese color azulado platino me había convertido en una persona que no era yo. Mi personalidad inocente aún estaba en el aire, pero no me sentía yo misma. El vestido que llevaba puesto tenía varias gotas de sangre por la herida que me habían hecho, por lo que me veía satánica, algo gótica.
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Era vampirica
VampireSe decía que en año 2012 todo se acabaría y así sucedió. Nadie hubiera creído una historia tan loca, pero ahora, es más que un hecho que los vampiros existen. Aquellos que te sodomizan, te compran y hacen de tu cuerpo lo que quieren...
