46. Última noche

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Sentí el álgido y lluvioso viento de la noche golpearme. No sabía que estaba pasando pero discernía bien que Liam me estaba cargando y que viajábamos a velocidad de la luz. No había querido abrir los ojos ni entender que ocurría; lo único que deducía era que ya no estábamos en la mansión Dagon y a por cómo Liam corría, nos estábamos escapando hacia quien sabe dónde.

Habían pasado cinco minutos desde aquel capitulo. Ese en donde Volker había lastimado a Liam y Leonard había aparecido para secundarlo. Yo lo había visto cuando aquellos ojos me flamearon. Cuando aquellos ojos verdes se hicieron rojos y ansiaron ver mi sangre derramada en el suelo, pude ver eso a lo que todos llaman traición.

Pero, ¿por qué me sorprendía? El congreso ya le había dado la espalda a Liam desde hacía años. Quise juzgar e intervenir… pero bien sabía que no me correspondía, que no podía hacer nada al respecto. Esto era un problema que ya acarreaba cola desde hacía siglos.

¿Y todo por Evangeline? Mi corazón palpitó enojado, furioso. ¿Por qué no podía dejar de pensar en su inocencia a pesar de haber entendido bien quien había tenido la culpa aquí? Eva no había sido tan ingenua después de todo y había sido Liam quién había pagado los platos rotos al final. Ella había rehecho su vida y muerto en el proceso. ¿Liam…? Liam tan solo había terminado por torturarse y romperse hasta el día de hoy. Hacerse de una máscara que no le quedaba pero estaba bien claro que no quería tirar.

Sentí el golpe duro del suelo en mis muslos. Pegué un grito de dolor al salir de mis pensamientos tan rápido. Volteé hacia atrás hecha una furia dispuesta a reclamarle pero lo que vi me hizo callar. Liam sangraba más de lo normal. Mi rostro molesto cambió por uno de preocupación. ¿Por qué sangraba tanto? ¿Por qué parecía arder en dolor?

Liam volteó a verme y con la misma sonrisa con la que me había recibido el primer día, se desplomó. Cayó al suelo en un seco sonido que me erizó de pies a cabeza. Mis piernas actuaron por si solas y en cuestión de segundos, ya estaba a su lado vibrando como gelatina.

¿No estaría… muerto, o sí? 

Dos de mis dedos se lanzaron a su cuello y casi sin pensar traté de encontrar un latido. El silencioso sonido me hizo recordar que era un vampiro, así que no pude hacer más que pegar mi oreja a su pecho. ¿Respiraba? Sí, pero muy lento.

Me separé de su cuerpo con lágrimas en los ojos, extremadamente aliviada. Me tapé los labios envuelta en un mar de sentimientos encontrados. ¿Desde cuándo sentía consuelo al saberlo vivo? ¿Desde cuándo había dejado de odiarlo?

Miré a mis costados intentando buscar algo, cualquier cosa que lo ayudase a mitigar aquel gesto de agonía reflejada en sus labios. ¿Qué debía hacer? Estábamos en un bosque y en medio de la nada, con la lluvia encima de nosotros y sin un solo medicamento el cual administrarle. ¡Los vampiros no podían morir así! ¿Liam no iba a morir así, verdad? La simple duda me hizo voltear a todos lados, buscando cualquier indicio de supervivencia. La necesidad y el desasosiego me hicieron ver más allá de lo que normalmente hubiese visto. A unos cuantos metros y entre las gruesas y feroces gotas de lluvia, una cueva oscura se reflejó en mis ojos.

El poder humano por querer salvar a alguien hizo lo suyo y sin saber cómo o por qué, pasé los siguientes minutos arrastrando a aquel vampiro hacía aquel lugar que parecía seco y acogedor. Sin embargo, cuando llegamos, pude sentir lo frio que era y que en realidad estaba tan húmedo como todo el lugar. Sí, nos resguardaba de la lluvia pero eso era todo. Quise pensar en positivo más al voltear a ver a Liam, pude observar el camino de sangre oscura que había dejado a lo largo y que la herida no se había curado por sí sola. Estaba tal vez más grande que antes y ahora cubierta de lodo. Liam respiraba agitadamente en sueños y casi por inercia, descubrí que tenía una fiebre terrible.  

Era vampiricaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora