Mis manos atadas sentí cuando no pude moverme, y como si todo lo demás se repitiera, simplemente abrí los ojos bajo aquel color escarlata en las paredes. Mi respiración se agito en pocos segundos e inquietando mis manos, confirme mi presidio definitivo. Mi pecho subió y bajo ante mi desesperación y, junto aquellos nuevos grilletes, aquel cabello rojo intervino en ese aposento.
—¿Me extrañaste?
Intenté moverme, que de mis boca salieran palabras negativas e indecorosas, pero como si una cinta fuera la encargada en silenciarme, de mis labios no salieron más que pequeños gemidos de angustia y pesimismo a lo que se avecinaba.
—¿No vas a contestarme?
Mis ojos lo miraron, sublimes para que entendiera que por culpa de alguna extraña razón, mi garganta no quería responderle.
Sus ojos, más rojos que el propio fuego vivo, me indicaron que no tendría ni una sola pizca de misericordia y, quemándome como si fuera solo madera, aquella sonrisa malnacida termino por hacerme temblar de miedo.
¿Por qué no gritaba por clemencia?
—Así que no vas a contestarme...
Pasé saliva al yacer cerca de su moribunda mirada capaz de matarme con solo verme, y como si pudiera leer sus pensamientos con aquellos labios, no pude más que renegarme con cierta lentitud. Liam sonrió con calma y, aproximándose con paciencia y locura reflejada, pude observar de entre sus labios como sus colmillos brillaban con locura y sed trastornada.
Cerré los ojos, sintiendo un fino dolor y extrañamente, el sol pegando encima de mi rostro.
.
—¡No!
Mi grito produjo un mareo constante, justo cuando recién me sentaba de golpe sobre la cama blanca. ¿Qué había pasado? ¿Había sido un sueño? La migraña empezó a presentarse y el miedo avecino al recordar con detalle lo que había visto momentos antes en sueños.
Mi mano derecha, temblorosa como la gelatina, llego con prisa a mi cuello. Si bien sospechaba, las heridas debían estar de lado izquierdo, así que, sosteniendo mi respiración, pasé mis dedos con pavor por la supuesta herida, palpando con lentitud mi piel blanquecina en busca de cualquier cosa que pudiera acertar mi pesadilla.
Entre la oscuridad de mis ojos y lo misterioso de la ignorancia... no pude sentir nada.
Aquel afortunado contacto me hizo abrir mis orbes grises con asombro, volviendo a tocarme por si las dudas. La sorpresa fue grata, pues, aunque revise por los alrededores, ni una sola marca quedaba de mí, hasta ahora, entendida alucinación que Morfeo me había regalado esa noche.
¿Solo había me había imaginado con una mordida, verdad?
La felicidad fue visible en mi rostro y, sintiéndome aun pura e indomable, salté de la cama para correr al cuarto de baño, continuo a mi celda.
La imagen que encontré de mi misma fue desconcertable. Yacía claro en ropas, pero las manchas de sangre en estas me hicieron alzar mis ojos con admiración. ¿Cómo había sido capaz de olvidar tan horribles escenas? Recordar lo terrible que había pasado unos cuartos más abajo, en el despacho de aquel vampiro que era mi dueño.
El corazón se interpuso cuando aquellos ojos y el cabello rubio del vampiro ya muerto rodaron en el recuerdo de mis memorias. Los gritos, los cuerpos, el rio de sangre sobre mi cuerpo me hizo temblar ante mi futuro. Si bien el había asesinado a los de su raza... ¿Por qué habría de detenerse a un mueble como un ser humano?
Aquella simple razón no hizo más que sorprenderme a mí misma, y haciendo caso por primera vez a mi instinto, abrí los ojos con decisión y valentía.
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Era vampirica
VampireSe decía que en año 2012 todo se acabaría y así sucedió. Nadie hubiera creído una historia tan loca, pero ahora, es más que un hecho que los vampiros existen. Aquellos que te sodomizan, te compran y hacen de tu cuerpo lo que quieren...
