Corría sin parar. La lluvia me empapaba de pies a cabeza y el bosque, quien tenía puesta su mirada sobre mí, era más oscuro que la propia noche. Yo tan solo lloraba, mientras las gotas de agua se intercambiaban con mi mejilla y se llevaban los restos de mis sollozos. Así que solo se escuchaba mi respiración agitada, junto a mi piel que yacía tan pálida como la nieve. Ilusionada a que llegará al fin a ese castillo blanco que se aproximaba en mi mirada y que, aunque grande y prominente, reposaba con sus puertas abiertas esperando mi llegada.
Nunca voltee hacia atrás, porque parecía que aquella sombra volaba, pero atravesé aquel jardín a prisa, sintiendo aún aquella cosa persiguiéndome. Manteniendo la mirada al frente, esperando a que aquel monstruo no me tocara mientras subía las escaleras.
La presión se acumulo a mis espaldas cuando un trueno golpeo el cielo gris e intercambiándome con las puertas de madera, tan solo pude voltearme hacia atrás para descubrir que la cosa que me perseguía, mantenía una gran sonrisa al término de las escaleras. Una sonrisa nueva que no era tan bellaca como la de Liam pero que igualmente parecía querer devorarme.
No me detuve ni un minuto para descubrir quién era y cerré las puertas en un sonido sordo frente a su rostro. Los candados y la barra se colocaron solos y, como si esto no fuera nada extraordinario, tan solo suspire de alivio y me deje caer al suelo.
—¿Qué era eso? —solté temerosa, mientras las gotas en mi cabello me empapaban y mi respiración yacía agitada
El eco en el castillo denomino la soledad que me abrazaba. Me levante aún con el corazón a tope y, caminando por el largo pasillo que parecía llamarme, tan solo me mantuve acorde y a la defensiva.
¿Por qué se me helaba la sangre?
Una puerta apareció de la nada y, sin poder remediarlo, no pude más que abrir aquella puerta que yacía entreabierta como invitación a mi mirada curiosa.
Lo que observe ahí dentro fue traumático.
Karen yacía a pies de su cama, vomitando sin parar. Mi cuerpo pareció congelarse y tan solo pude ver las múltiples heridas que parecían rehacerse en su cuerpo.
Mi mano no pudo evitar llegar a mi boca y, cuando pensaba en desviar mi mirada para no escuchar aquellos gritos de dolor, otra mujer apareció en mi inspección.Ahora era Jade la que estaba a punto de parir y brotes de sangre se arrimaban en su entrepierna. El vampiro quien había visto en la fiesta era quien recibía al pequeño, sin piedad o misericordia de los gritos de agonía de la chica roquera que parecía estar muriendo de congoja.
Estuve a punto de ir a correr a socorrerla pero un nuevo grito me hizo abrir los ojos con sorpresa.
Karla era ahora quien era azotada y humillada. Látigos con picos le desgarraban la piel y, a abofeteadas y mordidas ella gritaba de dolor.
Mi cuerpo no pudo más que pegar un grito. Y, como si aquello fuera el botón de stop, todos pararon. Los vampiros que castigaban a mis amigas me miraron al mismo tiempo. El que acompañaba a Karla dejo de golpearla, el que esperaba a su recién nacido dejo de ver a Jade y, quien hacía los cortes de Karen volteo a verme sonriente.
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Era vampirica
VampireSe decía que en año 2012 todo se acabaría y así sucedió. Nadie hubiera creído una historia tan loca, pero ahora, es más que un hecho que los vampiros existen. Aquellos que te sodomizan, te compran y hacen de tu cuerpo lo que quieren...
