Adrián me ha encerrado en una habitación tras la amenaza, me había subido hasta el tercer piso y había echado la llave a la habitación de invitados donde ahora me encontraba. Desde mi ventana veo a lo lejos la cárcel, y mi único pensamiento es el de salir de aquí cuanto antes y salvar a las chicas. Tengo que hacerlo. Sentía remordimientos después de haberlas dejado solas en el internado. Me arrepentía muchísimo de haber escapado con Adrián. Me arrepentía de todos los besos que nos hemos dado, de todas las noches que hemos pasado juntos. Me arrepentía de haber estado enamorada de un chico como él. Y sobretodo me sentía estúpida al no haberme dado cuenta de cómo es él en realidad.
Me asomé a la ventana de la habitación y sentí miedo por la altura, pero no me importaba, estaba decidida. Hacía poco que había anochecido y Adrián había subido, como todos estos días a traerme la cena, así que iba a estar sola hasta mañana al alba. Cogí las sábanas y el colchón de la cama y comencé a unirlos todos con fuertes nudos. Era una chica delgada, aguantaría mi peso. Amarré un extremo al poste de la cama y lancé por la ventana toda esa cuerda de sábanas que había logrado hacer en poco tiempo. Con las piernas temblando de puro miedo saqué todo mi cuerpo por la ventana y me agarré con fuerza a la cuerda. Recordé entonces cuando hice lo mismo desde la enredadera del patio pensando que junto a Adrián estaría a salvo de todo. Qué tonta fui...
Cuando por fin toqué el suelo suspiré aliviada de haber sido capaz de bajar desde tantos metros de altura, y con decisión empecé a correr por un sendero lleno de árboles que me recordó al bosque del internado. Corrí como si no hubiera un mañana y sin saber que, alguien me contemplaba desde su ventana y se preparaba para darme caza.
Pasaron horas, yo aún con el cadáver frío de Noemí entre mis brazos, hasta que llegaron varios funcionarios y me la arrebataron sin piedad ninguna. Llevada por la rabia comencé a golpearles llamándoles asesinos. Una vez más me sorprendió como las demás personas que compartían celda conmigo miraban impasibles mi ira sin hacer nada, parecía como si temieran unas represalias. ¿No se daban cuenta de que si nos uníamos todos podíamos contra ellos?
Uno de los funcionarios harto de mis débiles golpes contra su espalda, se volvió enfurecido hacia mi y me dio un fuerte guantazo en la cara que me hizo caer al suelo. Me sentía mareada y casi sin fuerzas, pero aún así volví a ponerme en pie para seguir gritándoles, no pensaba quedar quita como todo este atajo de cuerpos sin almas. Si ellos se habían rendido ya, yo no pensaba hacerlo tan fácilmente. Entre dos de los funcionarios cargaron sin el menor esfuerzo el cuerpo sin vida de la que fue mi primer amor. Noemí no se merecía para nada ese final. Ni ella ni ninguno de los que estábamos aquí. El guardia que me había golpeado se cansó de mis alaridos y me agarró con fuerza por los brazos.
-¡Es que nadie va a hacer nada! -grité ahora a los que compartían celda conmigo que me miraban atemorizados.
El funcionario volvió a golpearme y amarró mis manos con una cuerda de esparto que me abrió las heridas causadas con una cuerda igual el primer día que llegué. Tiró con fuerza del extremo y sentí el quemazón que ésta me hacia, y volvió a tirar de nuevo, esta vez más fuerte, para hacerme caer de rodillas. Por último me dio un puntapié en el costado, quedando boca arriba, sin aliento y sin fuerzas para seguir protestando por esta situación inhumana. El mareo que tenía me hizo dar vueltas la única fuente de luz que teníamos en las celdas, una pequeña lamparita colgada del techo. Ya no sabía ni cuántos días llevaba sin comer, pero parecían una eternidad, y mi cuerpo lo notaba especialmente, me sentía muy débil. Y ahora también sentía miedo de lo que fueran a hacerme después de como me he comportado.
El funcionario cerró la celda y volvió a tirar de la cuerda llevándome prácticamente a rastras por el suelo, me llevaba tan rápido que no me daba tiempo a levantarme, aunque mis piernas tampoco tenían las fuerzas suficientes para hacerlo. Recorrimos todo ese infernal pasillo y me llevó hasta una habitación que había justo al fondo. "Celda de aislamiento", ponía en el cartel. Al entrar, la celda era igual que la otra donde estaba antes, pero con la diferencia de que ésta estaba completamente vacía. Por eso se llama de aislamiento. Supongo que si ya de por sí es duro estar encerrada con una veintena de personas; sola y aislada de toda presencia humana lo sería aún más. El funcionario, sin mediar palabra, me llevó hasta el centro de la habitación donde unas cadenas colgaban del techo. Sin quitarme si quiera la cuerda de esparto, me ató a esas cadenas, quedando colgada literalmente del techo, y aunque podía tocar el suelo con mis pies, estaba segura de que no tardaría en notar cansancio en mis brazos.
Tras esto el funcionario se marchó y cerró con violencia la puerta de metal, escuchando a continuación el cerrojo. Esta puerta carecía de barrotes, ni si quiera una pequeña ventanita por la que entrara algo de luz. Nada. Estaba totalmente a oscuras, sola, agotada. Y las lágrimas no tardaron en aparecer y recorrer mi rostro, angustiada. No podía soportar todo lo que me estaba ocurriendo. Al ver a Noemí muriéndose en mis brazos no pude evitar imaginar que era Adriana. No podría soportar que le ocurriera algo, si es que no le estaba ocurriendo ya...
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Búscame como puedas (Trilogía "Como puedas" Segunda Parte)
RomantizmAdriana y Laura están muy lejos la una de la otra. Cada una buscará desesperada la manera de volver a encontrarse. Laura pasará por un infierno mientras que Adriana tendrá que desprenderse de todo aquello que quiere. La guerra a comenzado y las posi...
