Barbara Harford no ha tenido una vida fácil, ahora que lo es y que ha alcanzado la cima de su popularidad hará cualquier cosa por mantenerla. Quizá fue buena persona en el pasado, pero esa persona ya no existe y no tendrá ningún reparo en machacar y...
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Tenía 12 años. Estaba en unladoapartadacomiendo mi almuerzo con el fin de hacerme invisible. Pero por esaépocapocascosassalían como yo quería.
—¡Bárbara amiga! Que bienencontrarteaquí –canturreó Emily. Emily era una chica muy guapa que estaba en mi mismocurso y que conocíadesde el jardín de la infanciapuesto que vivíamos en el mismovecindario. Pero mientras que con el resto de las chicas era simpáticaconmigo era mezquina.
No moví mis ojos de mis tostadas, podíasentir su presencia y la de sus amigas mientras me rodeaban.
—¿Piensascomerteeso? —comentó con desdén.
No respondí y elevé mi tostada para darleunmordisco, pero nuncallegó a mi boca: Emily habíagolpeado la tostada enviándola al suelo. La misma tostada que me había dado Lyle esamañana. Todas las mañanas yo pasabaenfrente de su casa para ir al colegio, y él ya estabaahíesperándome para entregarme mi almuerzo. Por desgraciaéliba a otraescuelaasí que nuncaestabaaquí para defenderme.
Levanté la mirada para encontrar con su presumidasonrisaadornando su rostro.
—Pensaría que por las veces que tu madre folla a la semanatendríasuficiente dinero para comprarteunalmuerzodecente.
Sus amigas rierondivertidas. Me levanté con unfuertechirrido en la silla, mis puños a mis costadoscerrados con fuerza. Emily enarcó una ceja nada impresionada.
—¿Qué, vas a pegarnos? —seburló.
Lágrimas de humillaciónseagolpaban en mis ojos. Sabía que no iban a aguantar mucho más, así que me giré para irme antes de que me vieranllorar. Emily me agarró del brazodándome la vuelta.