CAPÍTULO 6

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Había estado todo el día con una terrible jaqueca, así que me había saltado el partido con la esperanza de recuperarme lo suficiente para la fiesta

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Había estado todo el día con una terrible jaqueca, así que me había saltado el partido con la esperanza de recuperarme lo suficiente para la fiesta.

No había funcionado, esa maldita migraña me estaba taladrando la cabeza y me estaba congelando del frío en el minúsculo vestido. Ni con toda la calefacción del coche al máximo conseguía que entrara en calor.

Al llegar a la finca de Daniel, estacioné. Me crucé con unas cuántas personas conocidas de camino a la casa que saludé, pero mi sonrisa se sentía más plástica de lo habitual.

Fui saludando a más personas a medida que avanzaba y buscaba a mis amigas. Brit, Clare y Sam eran animadoras, al contrario de mí. Cuando me cambié de instituto, me presenté a las pruebas porque era la manera más fácil de hacerse popular, pero me rechazaron. Procuraba ir a todos los partidos para luego no quedarme excluida en las conversaciones, incluso alguna vez me quedaba a verlas en los entrenamientos. Pero no siempre funcionaba a veces discutían sobre chicas que la habían cagado o sobre nuevas coreografías.

La música a tope estaba empeorando mi jaqueca. Genial. Me había recorrido casi toda la estancia y aún no las había encontrado, si esas pequeñas furcias se habían estado escondiendo de mí iba a...

—Hey. —Una voz grave interrumpió mis sangrientos pensamientos. Mi mirada se topó con la de Liam, una sonrisa sincera se extendió en mi cara. Por fin una pequeña alegría.

—Qué hay —Respondí a su vez.

—Te ves fantástica. —Sus ojos azules me recorrieron de arriba abajo, enviando pequeños escalofríos por mi cuerpo. Era bueno saber, que el estúpido vestido había servido para algo.- Quédate aquí, te traeré algo de beber.

Incómoda por quedarme sola esperando, me senté en un sofá cercano. Había una pareja a mi lado muy..., esto, amorosa. Me estaban dando ganas de vomitar. Si hubiera estado con alguna de mis amigas sin duda los habría echado del sofá a gritos o si fueran una simple pareja de secundaria. Pero esta fiesta estaba a otro nivel. Sí, eran todos chicos de la secundaria, pero todos sus papis estaban forrados. Y mi familia estaba forrada pero ni de coña era la más forrada, y no quería atraer más problemas. Además estos chicos eran hijos de las amigas de mi tía, y no me convenía que Carol se enfadara demasiado o a los 18 años me daría una patada en el culo, lo cual sería en junio.

—Aquí estas.

Aliviada por la aparición de Liam acepté su vaso y bebí un buen trago.

—¿Bailamos? —pregunté seductoramente, mi pecho accidentalmente se frotó contra su brazo.

—Hmm, claro. —Su voz de repente ronca.

Con su mano en la parte baja de mi espalda y su pulgar acariciando mi trasero, fuimos a la pista de baile. Bailar era la manera más fácil de atraer a un chico, todo se trataba de frotar ciertas partes accidentalmente o no tan accidentalmente, y lo que obtenías era un masa derretida de chico empalmado por ti. Así que realmente el baile no duró mucho hasta que Liam sucumbió a mí, me agarró con urgencia y nos encerró en el baño.

Sus manos estaban recorriendo mis pechos frenéticamente, mientras nuestros labios colisionaban con urgencia y prisa. Luché contra las punzadas en mi cabeza mientras mis manos se introducían por debajo de su camiseta y acariciaban sus pectorales, oh dulce señor, echaba de menos esto.

Le quité la camiseta y empecé a chupar sus pezones. Gruñó. Entonces él me bajó el vestido para poder apartar el sujetador, acariciar y besar mis pechos. Nuestros jadeos eran cada vez más rápidos. A pesar de mi condenado dolor de cabeza, tuve la sensatez de frenarle cuando quiso bajarme las bragas. Sabía que era más probable que me desechara si simplemente teníamos sexo, tenía que animarle, mostrarle lo que podía perderse.

Así que le bajé los pantalones y le mostré lo que podía hacer con mi boca, pero lo dejé con ganas. No dejé que se liberara, porque quería tenerlo loco por mí. Lo único que obtendría de mí sería la mejor medio mamada de su vida.

Me miró suplicante con esos ojos tan cristalinos y seductores. Sacudí la cabeza negando y me levanté.

Finalmente salimos del baño, con todas las ropas compuestas y peinados. Y aunque yo me sentía mucho más feliz de lo que me había sentido en toda la semana, podía sentir a un Liam a mi lado muy, pero que muy frustrado.

Me gustaba sentirme necesitada y por el modo en que Liam no apartó sus ojos de mí por el resto de la noche, sabía que lo había atrapado. Era mío.

Los días malos de mi madre, aquellos en los que ni siquiera salía a comprar o cocinar, me escabullía a la casa de Lyle

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Los días malos de mi madre, aquellos en los que ni siquiera salía a comprar o cocinar, me escabullía a la casa de Lyle.

Vivíamos en la misma calle y no puedo recordar ningún día en el que no fuéramos mejores amigos. Me encantaba estar en su casa. Su casa estaba menos deteriorada que la nuestra, pero no era la casa lo que me gustaba sino la compañía. Su mamá era muy amable y siempre nos preparaba tostadas o bocadillos para comer. Su hermana mayor, Lauren, que tenía cinco años más que yo, me dejaba sus juguetes y a veces cuando Lyle se negaba a jugar conmigo a las muñecas ella lo hacía. La admiraba tanto. A veces la espiaba tomar el sol a ella y a sus amigas, eran todas tan bonitas. Yo quería ser como ellas. Llevaban gafas de sol guays, leían revistas y hablaban de chicos guapos mientras mascaban chicle rosa.

Un día, una amiga de Lauren me pilló espiándolas. En seguida me gritó y quiso echarme, pero Lauren al verme ahí escondida le dijo a su amiga que cerrara el pico y me invitó a sentarme con ellas. En la hierba, por supuesto. Pero aun así me sentí muy especial.

Al terminar la tarde, cuando Lyle me encontró yo le decía cosas como: "O sea, queee fuertee tío", entonces él me miraba como si los aliens me hubieran abducido, y me reía feliz.

ESPINAS DE CRISTALHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora