Capítulo 2.

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Eddie y Richie se besaron después de eso, vaya que si lo hicieron, pero eso no quitaba el hecho de que Eddie siguiera sufriendo sus crisis.

Placebos, el pequeño lo sabía. No tenía asma, pero mientras más intentaba hacer entender a su cabeza que no era real, más fuertes eran los ataques.

<<No esta enfermo, Eddie Kaspbrak. No tienes asma>>, pero no podía evitarlo.

Ya casi no salía de casa y su madre estaba pensando internarlo en un hospital. Aunque, su madre siempre estaba pensando internarlo en un hospital.

Ahora, se encontraba recostado sobre la hierba, en contra de las explícitas indicaciones de su madre.

Tal vez pensaba en Richie más de lo que debiera. No lo veía hace una semana.

¿Era eso mucho?, ¿podía extrañarlo?.

Sin saberlo ya estaba jadeando. Otra vez...

El ataque le venía y el intentaba resistirlo el mayor tiempo posible, e incluso hacerlo desaparecer, aunque este no hacía más que aumentar.

Comenzó a ahogarse.

—N-no...tengo...as-ma— jadeo susurros entrecortados—. No...ten...go...asma.

Pero la sensación era real, tan real como que había dejado su cangurera demasiado lejos como para alcanzarla ahora.

<<So imbécil, Eddie. Serás idiota...>>

—¿Eddie?.

Stanley... la voz era de Stanley.

Eddie se encontraba recostado sobre el pasto, jadeando ahora con fuerza, ahogándose.

Eso alarmó a Stanley, que corrió hacia el casi al instante con el rostro teñido de preocupación.

—¡Eddie!— exclamó, viendo a su amigo ahogarse—. ¡Eddie tu inhalador!

El aludido señaló la cangurera a unos metros de su cuerpo y Stanley corrió a cogerla. Sacó ese aparato del demonio del bolsillo superior y se lo extendió al pequeño.

Pero Eddie no lo tomó. Stanley pensó, con miedo, que el chico no podía moverse, pero la verdad Eddie Kaspbrak no quería, no quería aceptar su debilidad.

Así que Stanley irguió a su amigo sujetándolo por la espalda, puso el inhalador en la boca de Eddie y como arma homicida jaló el gatillo.

El asqueroso sabor a regaliz barato bajo por la garganta de Kaspbrak y el pequeño pudo respirar.

Lágrimas se acumularon en sus ojos.

<<Falle, falle otra vez>>

Y se echó a llorar mientras dejaba que Stanley lo estrechara entre sus brazos.

—¿Stanley?— se escuchó la voz del resto de los perdedores que buscaban a su amigo. Iban a ir a los Barrens a jugar, y Stanley se había adelantando para ver si estaba vacío, pero no había regresado—Stanley estás...

Se pararon en seco. Eran Bill, Richie, Mike y Ben, ahora que Beberly no estaba solo eran chicos.

La escena frente a sus ojos los dejó mudos.

Eddie lloraba a mares mientras Stanley lo abraza con fuerza diciéndole palabras de consuelo mientras le acariciaba la espalda.

—Ya pasó, Eddie— le decía—. Ya pasó.

Pero no entendía que Eddie no lloraba de miedo por el ataque, sino de frustración.

Era un maldito loco ¿verdad?. Un maldito loco que tomaba pla-ce-bos.

Stanley les hizo una seña silenciosa a los chicos para hacerles saber que lo tenía controlado y luego volvió a concentrarse en Eddie.

Richie se quedó suspendido en una nube, con los pies clavados en la tierra. Eddie sufría, ¿por qué no se había dado cuenta antes?.

Bill el tartaja fue el primero en tomar la iniciativa de acercarse y unirse al abrazo, por el lado lateral de ambos amigos.

Bill sintió al instante como Eddie temblaba y abrazó a sus amigos con más fuerza. El siguiente fue Richie, que abrazó a Eddie por la espalda, ocultando su deseo de besar los labios de su amigo.

Y así, finalmente todos acabaron abrazados, conteniendo a Eddie, pero sin saber que era lo que en verdad le dolía.

<<Eres débil, Eddie. Eres demasiado débil>>

                            .....

Después de que las cosas se calmaron, Eddie dejó que Stanley explicara a los demás lo ocurrido y Richie escuchó con atención, sabiendo que faltaba una pieza.

Eddie nunca había tenido problemas para usar su inhalador, jamás. Pero guardó silencio, porque era lo que el pequeño parecía decirle con la mirada.

<<Silencio, Richie. Por favor cierra la boca>>

Y lo hizo.

Luego jugaron un rato, hablaron otro poco e hicieron un par de cosas triviales. Lo único malo fue que Stanley no se separó de Eddie en ningún momento, por lo que fue imposible acercarse y tomarle la mano en silencio.

Finalmente se hizo tarde, y los perdedores iban a volver a sus respectivas casas.

Ben y Mike se fueron primero, luego Bill, al comprobar que Eddie estaba bien.

Al final solo quedaban Stanley, Eddie y Richie.

El judío se acercó al pequeño, casi ignorando la presencia del de lentes.

—¿Quieres que te acompañe a tu casa?— le preguntó al asmático.

No, no y no.

Richie dio un brinco y abrazó a Eddie por los hombros sin dejarle responder.

—Tranquilo amigo mío, yo me encargaré que nuestro querido Eddie spaguetti llegue sano y salvo a casa— dijo mostrando su sonrisa habitual.

Stanley asintió, inseguro de que fuera Richie bocazas Tozier el acompañara a Eddie Kaspbrak.

Miró a Eddie para saber que opinaba y este asintió, para luego dejarse llevar por Richie.

Stanley los miró irse con extrañeza.

¿Por qué Richie llevaba a Eddie de la mano?

                           .....

El de lentes besó los labios del pequeño con dulzura. La madre de Eddie estaba en una reunión de amigas, de esas que traen tazas de té y libros que finalmente nunca lean, por lo que este dejó a Richie pasar a su casa un rato.

—Esto no lo hacen los amigos, Richie...— susurró Eddie, apartando sus labios de pronto.

Richie frunció el seño, pero luego sonrió.

—¡Pues claro que no, Eds!— exclamó—. Además, no soportaría ver a los demás besarte, ni un millón de años.

Eddie soltó una risita con las mejillas sonrosadas ligeramente y Richie sintió como se aceleraba su corazón.

—Ya vale, a mí tampoco me gustaría que te besaras con otros chicos— confesó, para luego arrojarse a la cama cuidando el yeso que cubría su brazo derecho.—Entonces...¿que somos Richie?

El de lentes infló las mejillas.

—Podemos ser novios...— propuso apenado.

El pequeño lo miró con una mezcla de dulzura y sorpresa, pero no alcanzó a responderle.

—¡Eddie, hijo, ya llegué!— se escuchó la madre de Eddie.

—Mierda— susurró Eddie para luego mirar a Richie—. Escondete— le dijo.

El de lentes lo miró confundido. Sabía bien que la señora Kaspbrak no tenía permitido a su hijo estar con ninguno de ellos, de los perdedores...

—¿Dónde?— preguntó Richie.

—¡Dónde sea, pero rápido!

.....

Yo te cuido (Reddie).Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora