Capítulo 11: Los Wickens.

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Elliot

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Elliot.

Después de la horrible fiesta y de que el imbécil de Nathan se haya besado con la zorra de Chelsea, o como se llame, volví con Kyle y Zack a casa.
Ignoré a Nathan durante 1 día entero, pero no aguante más y terminé por llamarlo y decirle para vernos. Siempre dejándome llevar por los sentimientos, soy tan imbécil. Parece que nunca aprenderé cuando se trata de Nathan.

Estoy sentado en la cafetería esperando que llegue el modelo. Quizás no era buena idea reunirnos en público, pero si estábamos a solas ya sabía cómo acabaría la cosa... y yo quería solucionar las cosas por otro medio que no fuera físico.

Desde la fiesta que estoy mirando fijamente la tarjeta que me dejó William con su número de contacto, aunque aún no me animé a llamarle, estoy pensando seriamente su propuesta. ¿Yo como modelo? Claramente lo haría solo por dinero.

La campana de la puerta suena dando la entrada al hombre que estaba esperando. Lleva puestos unos lentes de sol oscuros que resaltan contra su pálido cabello y está vestido con un traje negro, supongo que vendrá de alguna reunión importante o algo así; se lo ve tan genial que hasta por un segundo dudo que sea Nathan.

Me ve sentando en la mesa del fondo y camina deprisa hacia mí. El aura de esplendor que llevaba cuando entró es reemplazada por preocupación al verme.

Me saluda con un beso rápido en la comisura de los labios. No tengo que pensar en lo bien que me siento cuando estoy con él; concéntrate en el problema, Elliot.

—¿He llegado tarde? —Pregunta acomodándose en el asiento al frente mío.

—Solo unos minutos. —Y era cierto, solo que yo había llegado media hora antes por la ansiedad.

—Lo siento, tenía una reunión. —No decimos nada, solo nos miramos hasta que vienen a tomarnos la orden. Los dos pedimos un café simple—. ¿Cómo estás?

—No sé. ¿Tú? —Decido ser honesto.

—Te extrañé.

—Fue solo un día separados. —Sonrío un poco y esquivo su mirada.

—Sí, pero sabía que estabas enojado conmigo y se me hizo una eternidad. —Lo noto mirarme fijamente, me intento concentrar en otra cosa y no sonrojarme.

—Aún lo estoy.

Se escucha un suspiro de su parte. El café llega y ambos tomamos rápidamente para no tener que romper el silencio.
Finalmente, Nathan es el primero en ceder.

—Sabes que no la he besado yo y...

—Y no querías que te bese, sí, lo sé.

Él levanta ambas cejas de forma interrogativa.

—¿Entonces por qué estás enojado?

—Bueno, el beso fue una causa. —Reconozco mis celos—. Pero eso no es lo más importante. He estado pensando y me gustaría aceptar la oferta de William, ya sabes para hacer de modelo.

White. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora