¿Cuánto puede durar la felicidad?
Nathan y Elliot se adentran en nuevos problemas en su relación.
Tantas trabas en su amor parecen afectar su búsqueda: un verdadero felices para siempre.
《2do libro de la Saga Rainbow》
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Elliot.
William.
Estoy petrificado.
No sé qué hacer, cómo responder.
Cuando mis neuronas deciden hacer sinapsis, intento cerrar la puerta pero su mano me lo impide.
—¿Qué haces? —Digo alarmado, desesperado por cerrar la puerta y no volver a ver su rostro nunca más.
Recuerdos de aquella vez a parecen en mi mente en escenas fugaces. Tiemblo de solo recordarlo.
—Espera, espera, solo quiero hablar. —Dice forzejeando la puerta.
La situación se vuelve una lucha para ver quién tiene más fuerza. Por un segundo pienso en dejar que hable, ¿qué es lo peor que puede pasar?
—Hablarás desde afuera. —Digo soltando la puerta—. Si te acercas solo un poco, gritaré.
Él asiente.
—¿Qué quieres? —Digo intentando ocultar mi miedo. He peleado contra tantas personas, ¿por qué no puedo hacer lo mismo con William y romperle la nariz aquí mismo?
—He venido a devolverte algo que te has olvidado en mi casa... aquella vez...
Rebusca en su bolso y saca mi camisa. Lo había olvidado por completo.
El me la tiende, yo no la agarro. Noto que no tiene los botones, producto del forcejeo de aquella noche. Siento ganas de vomitar.
—No la quiero. —Digo aún mirando la prenda.
William se queda en blanco.
—Solo tómala.
—Ni siquiera me sirve ya. —Señalo las zonas deshilachadas donde antes estaban los botones.
—Ah —Se da cuenta—, lo siento por eso.
De un momento a otro parece que haya perdido mi paciencia.
—¿¡Solo por eso lo sientes!?
—No...
—¿No se te ocurrió pedirme al menos una disculpa por intentar violarme?
—No, Elliot, no es... yo no intenté...
Tengo la respiración agitada y el nudo en la garganta no ayuda.
—Vete. Ahora.
Tomo el picaporte pero no cierro.
—Espera, espera. Quiero aclarar las cosas, ¿podemos hablar tranquilos dentro?
¡Y un carajo!
—Quiero ofrecerte nuevamente la propuesta de que trabajes para mí.