Capítulo 14: Visita sorpresa.

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Elliot

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Elliot.

Me estiro desperezandome, cada músculo de mi cuerpo. Mi mano encuentra una piel desnuda a mi lado; sonrío aún con los ojos cerrados.

Me doy vuelta y encuentro al hombre más hermoso durmiendo a mi lado. Sus labios entreabiertos dejan escapar un hilo de saliva, me río. Su cabello rubio, casi blanco diría yo, está desordenado en todas direcciones; comienzo a peinarlo con mis dedos. Es tan suave.

La claridad se escabulle por la persiana, ya es de día...

—Elliot... —Murmura entre sueños y se remueve un poco colocando su mano en mi cintura desnuda. Mi piel se calienta debajo de su tacto.

Siento que se me aceleran los latidos. Estando así con él casi se me olvida todo lo pasado ayer a la noche.
Todavía no sabía qué hacer... Sé que no es tema mío y que no debería contárselo a nadie, pero es mi madre, no puedo dejar que viva una mentira. Aunque también está el hecho de que nuestra relación no es la mejor, ¿por que me importa ella entonces?

Creo que lo que más me duele es Kendra. Ella no es esa clase de chica que se mete con hombres casados, ¡ni aunque este sea su crush del colegio!

—¿Qué tanto piensas? —La voz ronca de Nathan me distrae y me trae de vuelta a la realidad, a la cama con él, en su casa. ¿Acaso hay mejor sitio en el mundo?

Niego sin decir una palabra.

—¿No vas a levantarte? —Me susurra mientras me abraza fuerte hacia él.

—No quiero. No tengo nada que hacer hoy.

La verdad era que tenía uno de mis aburridos trabajos de medio tiempo, pero no quería ir.

Nathan me rodea con sus brazos y me levanta colocándome encima de él. Ambos sonreímos.

—¿Qué haces para ser tan hermoso? —Pregunta Nathan haciendo que me sonroje bastante.

—Idiota.

—Enano.

Hago una mueca de enojo falso y me levanto de su regazo.

Solo somos él y yo en la casa por lo que puedo andar desnudo todo lo que quiera. Me encanta. El modelo no despega la vista de mí en ningún momento.

Él, a diferencia de mí, se ha puesto un bóxer. Aguafiestas.

Estamos en la cocina intentando hacer un desayuno pero Nathan no deja de mirarme y quemar las tostadas por ello.

—Es tu culpa. —Se excusa.

Nos sentamos con nuestro desastroso desayuno delante.

—¿Qué vas a hacer? —Dice en cuanto doy el primer sorbo de café.

Sabía que esta pregunta llegaría. Sin embargo no desaprovecho mi oportunidad ahora que el tema surgió.

—¿Tú ya sabías de la relación de Kendra y el señor Henderson?

White. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora