¿Cuánto puede durar la felicidad?
Nathan y Elliot se adentran en nuevos problemas en su relación.
Tantas trabas en su amor parecen afectar su búsqueda: un verdadero felices para siempre.
《2do libro de la Saga Rainbow》
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Nathan.
El mensaje llegó a las once de la noche.
Normalmente estaría dormido pero el insomnio, causado por Elliot principalmente, me impedía conciliar el sueño. Daba vueltas y vueltas en la cama pero el pensamiento de Elliot aceptando la propuesta de William me carcome la mente.
El mensaje era de un número, que a pesar de no tenerlo agendado, al verlo lo reconocí a la perfección. Chelsea. En el fondo tenía la esperanza de que sea Elliot.
Normalmente lo hubiese ignorado y leído mañana a la mañana, cuando ya haya descansado; pero el hecho de que sea una imagen me hizo entrar curiosidad. Además, tenía insomnio, con tal de distraerme y pensar en cualquier cosa que no sea ese mocoso.
Cuando abro la foto siento como si toda la sangre abandonara mi cuerpo. Me siento en la cama instintivamente, comienzo a cambiarme mientras sigo con la vista fija en la pantalla; en la foto de Elliot, sentado en una mesa comiendo con William sentado a su lado.
La foto lleva adjunto un mensaje de Chelsea: "No te preocupes, tu chico está bien cuidado."
Tardo un tiempo récord en terminar de cambiarme, subirme al auto y arrancar rumbo hacia la casa de los Wickens.
Cada segundo que pasa mi miedo aumenta. Todo en lo que puedo pensar es en Elliot y en la forma en que romperé los dientes de William Wickens si le toca un solo cabello.
Los semáforos en rojo aumentan m ansiedad. Con una mano en el volante y otra en mi teléfono marcando el número de Elliot. Pero no contesta. Llamaría a William si me supiera el número.
Tardo quince minutos en llegar. Estaciono en la puerta, me bajo y corro hasta la entrada. Habría entrado ala fuerza pero creí que era mejor tomármelo con calma, o al menos intentarlo.
Toco el timbre y espero. Noto que, colocada en una esquina, la cámara de seguridad apunta en mi dirección. La puerta se abre unos segundos después. Quien está del otro lado es Chelsea, que en cuanto me ve se le forma una sonrisa juguetona en los labios.
—¡Nat, has llegado más rápido de lo que me esperaba! Has recibido mi mensaje, ¿verdad?
Prácticamente la empujo para entrar.
—¿Dónde está Elliot?
—¡Oye! No te he dicho que puedes entrar.
Ya estoy dentro, en el vestíbulo y sin embargo ella no cierra la puerta. Busco con la mirada cualquier cosa azul.
—No me vengas con idioteces, ¿dónde está?
—¿Quién? —Sonríe, como ya conozco que sonríe, de forma sarcástica y odiosa.
—Chelsea. —Mi tono de voz deja ver que no estoy para juegos. Estoy realmente de mal humor.