Especial San Valentin.

6.3K 620 218
                                        

Elliot

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Elliot.

Nathan empuja la puerta con su hombro y nos introduce a ambos dentro de la habitación.

—Pesas más de lo que parece. —dice y yo golpeo su hombro.

—Cállate o pediré el divorcio.

—¡Pero llevamos solo unas horas casados! —se queja y me deja en el suelo.

Cierra la puerta a sus espaldas. 

—¡Teníamos que hacer la tradicion del novio cargando a la... —me callo al notar mi error—. al otro novio.

Él suelta una carcajada.

Recorro la habitación con la mirada. Una cama grande de dos plazas, con sábanas azules y detalles dorados, un baño a mi derecha y un espejo gigante a nuestra izquierda. Habíamos alquilado la habitación de un hotel que, en mi parecer, era demasiado lujoso pero que para Nathan era demasiado barato, y decidimos pasar aquí la noche de boda. Si bien yo me conformaba con unas películas en el viejo DVD de papá, Nathan quiso hacer algo más espectacular. Todavía esperaba que lloviesen fuegos artificiales o algo, nada me sorprendía viniendo de él.

Comienzo a quitarme el saco pero Nathan me detiene tomándome por detrás.

Aprisiona mi cuerpo en un fuerte abrazo. Hunde su rostro en mi cuello y siento cosquillas en la piel.

Así que así se siente la felicidad...

—¿No me dejarás quitarme la ropa? —bromeo. Siento que niega.

—Yo te la quitaré.

Oh, así que esto es lo que sucede en las noches de boda.

Sus dedos van tanteando mi pecho hasta llegar a los botones del saco. Va desprendiendo uno a uno hasta que deja caer el saco al suelo. Yo solo pensaba en lo caro que salió como para que él simplememte lo tire al suelo, aunque este esté perfectamente limpio y alfombrado.

—¿No quieres pedir comida primero? —digo un poco nervioso, lo cual es absurdo, lo habíamos hecho cientos de veces, esta no era diferente, ¿o sí? Solo que ahora eramos marido y marido, esposo y esposo, o como se diga.

—No tengo hambre de comida. —dice y pega sus labios en mi cuello. Me besa allí y yo me estremezco. 

Sus manos, atrevidas, viajan a mi piel por debajo de mi camisa.

Suelto el aire y él sonríe.

—Relájate. ¿Por qué estás tan nervioso? —dice y sus palabras golpean en mi oreja.

Genial. Ya se dio cuenta lo tenso que estoy.

—No lo sé. —admito.

Sus besos siguen y sus dedos se concentran en quitar mi camisa ahora, hasta que mi torso se encuentra desnudo, a disposición de sus traviesas manos.

White. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora