Capítulo 23: Roto.

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Nathan

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Nathan.

Me he cansado.

¿Es que nunca podríamos estar bien? ¿Sin problemas?

Lo mejor es dejarlo sin más. ¿Para qué sufrir?

A pesar de que lo ame con mi alma, que mi corazón se queme por él, que sea todo lo que necesito... Me cansé.

¿He perdido el tiempo amándolo?

Las lágrimas mojan la almohada, ya húmeda. No sé cuánto tiempo he estado así, encogido en mi cama, con mi celular explotando de sus mensajes seguramente.

¡Había dicho que yo era lo único que le importaba! ¡Se lo había dicho a mis padres!
Quizás era cierto lo que ellos pensaban, solo estaba conmigo por el dinero.

Tres días sin hablarle. Tres días sin verle.

¿Vi lo que vi, cierto? Estaba besando a aquel chico y se separó solo porque abrí la puerta.

¿No era que me amaba?

Soy un idiota por haber creído que él era el indicado, que era diferente, que estaríamos juntos por siempre. Realmente pensé que habría un felices para siempre con él.

Creo que es tiempo de empezar de cero. Conocer una persona nueva que me haga olvidar los sentimientos tan profundos que me dejó aquel chico de cabello azul.

Me levanto solo porque tengo que trabajar, porque en realidad no tengo ganas de nada.

Tomo mi teléfono. Mensajes y llamadas perdidas, no solo de Elliot, de Kendra también. No quiero ni leer los mensajes, caería nuevamente y aceptaría verlo para hablar.

Sé que esta no es la forma más... razonable de terminar esto. Tendría que hablar con él y terminar formalmente la relación; solo para que no siga con sus mensajes, porque mientras haya aunque sea una llamada perdida suya, no podré sacarlo de mi mente.

La tentación de leer sus mensajes me supera. Abro el último que me mandó.

"Hablemos. Por favor, te necesito."

Qué mala idea. Las lágrimas vuelven.

Escribo y borro el mensaje mil veces antes de bloquear el teléfono sin enviar nada.

Le daré la oportunidad de hablar, pero solo para terminar bien con él. Lo haría solo porque lo amo.

Me baño, me cambio y salgo de casa. Todo mecánico, con la cabeza en las nubes.

Llego al estudio de fotos pero no me detengo, sigo el camino que lleva hasta su departamento. Llegaría tarde, no me importaba eso ahora.

El móvil vuelve a sonar, una llamada entrante de Elliot. El semáforo en rojo me da la oportunidad de atender, si lo pienso demasiado terminaré por no hacerlo. Así que aprieto para contestar sin más, pongo el alta voz cuando la luz cambia a verde.

White. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora