-“Pos” qué vamos a hacer, ir a ver si queda algún suertudo que ha sobrevivido- dijo Zulay decidido. –Ahora… no discutirás conmigo… sobre la catana ¿no?-
-No claro que no- me fastidia pero es el único que la sabe usar bien que usar una es bien complicado…
-No yo tampoco, toma- contestó J y se la dio. –Menos mal que a mí no me toca usarla porque sería incapaz, antes me corto yo en pedacitos- remarcó con su forma de hablar tan rápido.
Con cautela nos acercamos a la aldea, no era demasiado grande apenas unas cuatro casas pero el paisaje era aún más horrible de cerca, con todos esos escombros a los que ha quedado reducida. A todos nos impactó bastante la imagen (después de haber estado tanto tiempo como si estuviéramos de “camping”) aunque creo que a Zulay fue a quien más por mucho que lo trate disimular para no arruinar su reputación de “tío duro”.
-¿Estás bien?- le pregunté cuando J se alejó un poco, a fin de cuentas creo que soy la única que sabe lo que le pasó y esto bueno… puede ser su pesadilla hecha realidad.
-“Pos” claro… simplemente pensa…ba si mi aldea… quedó así- con el humo su asma había empeorado, es mejor que demos un vistazo rápido (total, no creo que quede nadie) y nos vayamos.
Y como yo suponía, he dado una pequeña vuelta y no hay nadie, a no ser que ellos hayan tenido más suerte (cosa que me extraña porque esto es tan enano que se puede decir que hemos mirado los tres por los mismos sitios) aquí no hay nadie.
-¡S… socorro! ¡Ayuda! ¿Cómo se deletrea S.O.S? Bueno, da igual ¡Qué alguien me saque de este armario!- oí una voz que precisamente venía de un armario que por cierto, tuvo que ser mu’ mono, era de estos en plan antiguos que tenían patas y no eran igual de anchos por todos lados; lo malo es que ahora está casi entero quemado, que suerte que el interior este intacto.
-¿Estás aquí?- pregunté golpeando el armario, me quiero asegurar antes.
-Sí pero por dentro- evidentemente sino no tendría que sacarlo pero supongo que serán los nervios de estar encerrado dentro de un espacio tan pequeño y oscuro.
Me fijé que para abrir el armario se necesitaba una llave pero… supongo que con lo quemado que está con unas patadas en el sitio correcto valdrá porque buscar esa llave va a ser como mirar por una aguja en un pajar. Lo golpeé varias veces y lo conseguí abrir, su ocupante que estaría muy aprisionado cayó rodando fuera (es una forma de salir ¿no?). Era un Flap de Agua (como su nombre indica es de color azulado) de unos 15 o 16 años (“sep” de nuestra edad) aunque tenía una expresión mu’ infantil en la cara que el peinadito que llevaba hacía que se recalcara aún más.
-¡Uy! Lo siento, no sabía que se iba a abrir tan de repente- le dije.
-Mis gafas, mis gafas, mis gafas…- fue su respuesta. “Sep” me siento un poquito ignorada aunque viendo con el empeño con la que las busca parece que no ve “tres en un burro” sin ellas así que, decidí ayudarle. Y no estaban demasiado lejos, casi a su lado, se le debieron caer al rodar fuera.
-Toma, no te preocupes- se las di y en seguida se las puso, se ve que son importantes para él.
-U… u… ¡Una Flap de las Sombras! ¡POR FAVOR, NO ME MATES!- gritó aterrado luego, trató de salir corriendo y se chocó contra el armario y bastante fuerte porque se desmalló.
-¿Pero qué ha pasado?- preguntó J que llegaba junto a Zulay por oír le escándalo que de un momento a otro se había armado.
-¿No… lo ves? Ha visto… a Tiaret y se… ha desmayado de lo… fea que es- bromeó Zulay.
-Mu’ gracioso- le dije con ironía y le pegué otra colleja.
Unos segundos más tarde J tuvo una idea de las que me hacen preguntarme qué por qué será mi amiga, abrió una lata Pepsi y se la echó por la cabeza la pobre chaval aunque surtió efecto en seguida, se despertó to’ rápido.
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El fuego de mi interior
Science FictionUn miedo que jamás he superado, grabado en mi mente para siempre y clavado en lo más profundo de mi corazón me perseguirá hasta alcanzarme, irónico, pensé que podría huir de él siempre. A su vez hará despertar un sentimiento que nunca antes sentí ¿d...
