Capítulo 20- La huida

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El silencio nos envuelve, me resulta extraño que no me llame pija o amargada o cualquier cosa que me haga rabiar aún más. -¿No me hablas o...?- no puedo acabar la pregunta porque me tapa la boca con su mano y con el otro brazo me envuelve la cintura y me pega contra la pared.

-Ssshh...- me susurra al oído. -Por una vez cállate-

No sé por qué pero le hago caso...

-Dése prisa en volver a su puesto- dice una soldado por un pasillo cerca de donde estamos. Es por eso, Zulay sintió los pasos y ahora yo también los oigo y sé que se acercan cada vez más a nosotros.

-A la orden- le contesta el otro Flap de las Sombras. Acelera el paso y llega a la zona de celdas donde nos ocultamos, no nos ve pero sí el de su superior. Se pone pálido al verlo, luego ve los cuerpos de los soldados que mató Dunkel. -Teniente Manzano, tenemos problemas- dice cuando consigue recobrar la compostura.

Oigo cómo se acercan los pasos de la Teniente, es una Flap de las Sombras bastante baja pero es guapa y decidida. Se agacha y toca el cuerpo de Dunkel, su mano derecha se llena de un líquido negro. -Es reciente, no puede andar demasiado lejos el culpable, pida refuerzos-.

El soldado obedece y se acerca a una pantalla que se encuentra en una esquina. Mientras tanto la Teniente se pasea por los pasillos, no tardará mucho en encontrarnos.

El corazón me late con rapidez,  tengo que reconocer que no sé lo que vamos a hacer y Zulay no parece tener tampoco una respuesta.

Unos minutos más tarde llegan más Flaps de las Sombras. -Teniente Manzano, aquí están- grita una soldado, poco tiempo después nos encontramos rodeados y con varias pistolas apuntándonos.  Zulay trata de ponerse delante de mí (odio que quiera protegerme,  sé hacerlo yo solita) entonces una bala rebota contra la pared dejando un pequeño abujero a la altura de nuestras cabezas.

-La próxima vez dará en el blanco- nos advierte Manzano. La miro a ella y luego miro el abujero, sé que no es un farol, el tiro lo falló queriendo.

-¿Se supone que tengo que asustarme?- pregunta Zulay con arrogancia.  La verdad es que no sé dónde tendrá el cerebro este chico (y mucho menos por qué me gusta) pero... ¡¿a quién se le ocurre ponerse chulito en una situación como ésta?! Literalmente, estamos contra la pistola y la pared.

-No voy a seguirle el juego, ya me advirtió  el Teniente General Kress de lo que usted es capaz- dice con autoridad. -Ahora, arréstenlos-

En cuestión de segundos noto como una mano robusta me agarra las muñecas para ponerme las esposas, me resisto y le piso el pie. No fue una buena idea porque lo único que consigo es que se enfade y me agarre con más fuerza. Zulay tampoco está en mejor situación que yo.

Estamos perdidos y entonces, un agudo sonido atraviesa la sala. Es la alarma. Todo queda cubierto por luces rojas que no dejan de parpadear.

No nos da tiempo a reaccionar, un disparo retumba entre las celdas, no sé quién ha disparado pero ha acertado en el techo, justo encima de la Teniente Manzano aunque ella parece que no se ha asustado. Con su mirada fría mira hacia atrás para encontrar al culpable y yo hago lo mismo. ¡Es J!

-No se queden ahí parados, arréstenla a ella también- . Una soldado comienza a caminar hacia J con una Beretta 92 apuntando hacia la cabeza de mi amiga. Otro disparo retumba desde un pasillo del que aparece... Kai ¿Kai con una pistola? ¿Me estoy volviendo loca? Parpadeo varias veces y no, ahí sigue la imagen de ese cobarde sujetando una pistola (con muy poco estilo porque se la aparta demasiado del resto del cuerpo) mientras le tiemblan los brazos y las piernas. Lo más increíble es que ha acertado en el costado de la mujer.

-Zulay, Tiaret ¡corred!- grita J y vuelve a disparar, no sé dónde acierta.

Zulay enseguida reacciona, le pega un puñetazo en la cara a uno de los soldados que acaba sangrando. Luego, me agarra de la muñeca y tira de mí hacia el pasillo más cercano.

No recuerdo haber corrido nunca tan rápido aunque en mi cabeza resuenan dos preguntas: "¿cómo lograrán Kai y J salir de aquí?" y "¿cuánto podrá aguantar Zulay este ritmo?".

Una bala me roza el brazo dejándome un arañazo y sacándome de mis pensamientos, cuatro Flaps de las Sombras nos pisan los talones. Otra bala... casi acierta en la cabeza de Zulay.

Oigo la respiración entrecortada de Zulay, giramos a la izquierda y nos paramos en seco aprovechando los pocos segundos que les sacamos de ventaja.

Me duelen las piernas, ya no puedo más y sé que aunque lo intenta ocultar él tampoco.

Veo una puerta abierta y tiró de su brazo para que me siga, a lo mejor encontramos la forma de salir de aquí.

Es una sala grande con multitud de máquinas con luces de colores que parpadean (no sé para qué sirve ninguna de ellas), también hay muchos vehículos donde lo que más abundan son las motos voladoras de color negro (estos tíos saben que hay más colores ¿no?, al final de la sala hay una gran puerta que supongo que dará al exterior aunque es imposible de abrir, un campo de fuerza la protege.

-¡Mierda! ¿Qué hacemos ahora?- pregunto algo nerviosa.

Zulay usa el inhalador intentando que no me de cuenta, luego sonríe con picardía.

-Tengo una idea- se limita a decir con arrogancia, se acerca a una de las motos. Abre un pequeño compartimiento donde hay muchos cables y luces brillantes.

-Hacer el puente a estas motos no va a ser tan fácil ¿sabes?- estoy convencida que no lo conseguirá. De repente, la moto arranca.

-¿Qué decías, "Hello Kitty"?- pregunta mientras sube a la moto aunque ambos sabemos que se ha enterado perfectamente. -Vamos, sube-

No me gusta la idea pero los soldados no tardarán mucho en encontrarnos así que, le hago caso y subo después me agarro fuerte al asiento pa' no caerme. Me da algo de miedo pero mola estar en una moto entonces, recuerdo lo que me dijo una vez, siempre había querido montar en moto y se le nota en el brillo de los ojos que está contento de hacerlo.

-Te aconsejo que te agarres a mí-

Noto la cara caliente, seguro que estoy como un tomate por el simpple hecho de pensar en rodearlo con mis brazos pero recuerdo que dije que no me iba a dejar llevar por el crazón.-Ni de coña, tengo suficiente con que nos hallamos besado-

Iba a contestarme algo pero justo en ese momento entraron los soldados, Kress va con ellos.

-Arranca- Zulay pisa el acelerador y la moto va bruscamente hacia atrás. Cuando me doy cuenta estoy agarrada a su cintura y él sonríe con satisfacción. -¿Seguro que nos puedes sacar de aquí?-

-Ahora lo veremos-

Vuelve a pisar el acelerador, esta vez si avanzamos aunque bastante brusco.

Los soldados nos disparan pero ninguna bala llega a rozarnos. Pasamos volando por encima de ellos. Recorremos los pasillos a gran velocidad. De repente, una bala rebota en la moto, miro hacia atrás ¡Kress ha cogido otra moto y nos pisa los talones! Vuelve a disparar y acierta

en el asiento.

Giramos varias veces y atravesamos varios pasillos hasta que por fin, encontramos una puerta y salimos al exterior. Kress nos sigue muy de cerca.

-Maldito crío ¿siempre tienes que montar un numerito?- grita y vuelve a disparar, da en la parte de atrás de la moto.

-Eh, Arthi, no es culpa mía que no me hayas sabido educar- Kress gruñe y yo me río un poco de su comentario.

Nos sigue disparando y aunque algunos los esquivamos casi todos acaban acertando en la moto. De repente, la moto hace un ruido extraño. Nos detenemos y caemos en mitad del bosque,  la moto se había quedado sin energía. Al menos, el tortazo contra el suelo ha hecho que Kress nos pierda de vista.

El fuego de mi interiorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora