Ahí estaba Zulay, mirándome muy enfadado. Y yo lo único que puedo decir en mi defensa es que en estos momentos me duele más mi orgullo que el corte del cuello y en una situación similar está él también.
-Joder, anda “Hello Kitty” que no me has salido cara- me reprochó, lo hemos perdido todo.
-Te dije que no lo hicieras- contesté cohibida, no me atrevo ni a mirarle a la cara, to’ había sido por mi culpa.
-Coño… nos podrían haber servido pa’ conseguir varias cosas y ahora…-
-¡¿Pues por qué se las diste?!- le grité, lo último que necesito es que alguien me lo restriegue ¡ya me siento lo suficientemente mal! -¡Podrías haber dejado que… muriera!- el corte había hecho que por unos segundos no me salieran las palabras, me duele muchísimo.
-Es lo que debía haber hecho- me contestó con frialdad con una expresión muy seria que jamás le había visto antes. –Pero… ¿sabes qué?- su tono seguía siendo serio pero mucho menos.
-¿Qué?- pregunté avergonzada y dolida, sé que no nos llevamos demasiado bien pero darme la razón en que debía haberme dejado morir resultó ser un golpe que no esperaba.
-Que no puedo hacerlo- eso me sorprendió y me reconfortó bastante. -¿Sabes la bronca que me caería si J se entera de algo así? Además no quiero ni pensar en qué posición me dejaría tener que explicar que un cincuentón nos ha dejado en ridículo- al acabar de decir esto me sonrió y se volvió a poner serio de inmediato. –Y porque… porque necesito a alguien que me ayude con los ataques de asma, al menos hasta que tenga inhalador-
N…n…no creo que acabe de decirme eso ¡WAIT, TIARET! Es verdad… me he emocionado demasiado rápido ¡estamos hablando de Zulay! Miente más que habla aunque tengo que reconocer que le ha quedado mu’ bien.
-Entonces… supongo que yo me puedo quedar esto ¿no?- en ese momento saqué una cartera negra, “sep” es de Krak, Zulay no es el único que tiene las manos largas.
-¿Qué? ¿Pero… cómo?- está claro que no se esperaba eso para na’.
-Lo cogí mientras nos guiaba por la central- expliqué. –Algo compensará ¿no?-
No es mucho, solo cinco monedas pero al menos algo tenemos y solo por ver la cara que ha puesto Zulay ha merecido la pena.
Tras esto cogimos la navaja y nos fuimos lo más rápido que pudimos vaya a ser que se dé cuenta y vuelva a recuperarlo.
Cuando consideré que estábamos lo suficientemente lejos le pedí a Zulay que parasemos, el corte estaba sangrando demasiado y cada vez me dolía más, lo malo es que no tenemos na’ pa’ curarlo.
-Dame el pañuelo- me dijo. Es verdad, no me acordaba de que lo llevaba a modo de felpa y es con lo único que vamos a poder cortar la hemorragia.
Era muy largo así que, Zulay lo corto con la navaja mientras yo apretaba con fuerza la herida. Estoy empapada en sangre, digamos que soy un pinchito con patas para los pumas.
-¡Ay! Serás bruto, casi me ahogas- me quejé cuando me lo estaba poniendo, no tiene ni idea de poner algo con suavidad (lo suyo es quitar).
-Cállate o el otro trozo te lo pongo en la boca-
-Como si no tuviera manos para quitármelo si lo haces- contesté, vamos a ver no soy idiota, sé quitarme un pañuelo.
-“Pos” también las tienes pa’ ponértelo así que, todo tuyo-
¡Qué se ha creído! Yo no le había pedido que me lo pusiera así que, ya se puede dar menos aires de grandeza que lo podía haber hecho yo solita desde el principio.
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El fuego de mi interior
Ciencia FicciónUn miedo que jamás he superado, grabado en mi mente para siempre y clavado en lo más profundo de mi corazón me perseguirá hasta alcanzarme, irónico, pensé que podría huir de él siempre. A su vez hará despertar un sentimiento que nunca antes sentí ¿d...
