Capitulo 17

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Mi mente se encontraba en blanco, no sabia lo que debía hacer, podía sentir como mi ira se convertía en miedo y nerviosismo. Por un momento pensé en correr sin mirar atrás, pero mis ansias de venganza me permitía ser valiente y no un miedoso de pacotilla. Nos adentramos en la ciudad para poder escabullirnos entre la gente, era curioso el terror que se reflejaban en sus rostros, estaban perdidos y asustados.

-¿y ahora que se supone que debe pasar? -pregunté sin recibir respuesta.

Escarlata, con su arco entre las manos, miraba la nave que estaba a unos metros de nosotros. Por el aspecto de su rostro, se podía concluir que estaba ideando un plan para salir de esta tragedia, sin tomar en cuenta el poco tiempo con el que disponíamos. Cuando iba a contarnos su idea o sus pensamientos, un sonido se escuchó por todo el sector. Una sinfonía de trompetas se entrometían en mis odios, indicando que los humanos ya estaban aquí. El terror en la gente fue mucho mas grande, podía ver cómo algunos simplemente se desmayaban. Cuando ya todo estaba perdido, una voz poco convencional se empezaba a escuchar, produciendo un silencio en el aire.

-no tengan miedo, venimos a ayudar. escuchamos todas sus plegarias desde nuestro paraíso, el planeta tierra. Hijos míos, por fin nos vemos nuevamente, Quiero que sepan que siempre los protegeremos, ya que son nuestras creaciones y nuestra razón de vivir. ¡No permitiremos que una raza extraterrestre venga y destruya el planeta que creamos! -las trompetas dejaron de sonar, pero fue remplazada por un un sonido muy agudo. Podía ver como la gente lloraba de felicidad y se empezaban a arrodillar en el suelo destruido.

-oh no.... -contestó escarlata mientras caía inconsciente en el piso.

-¿que está pasando? -le pregunte a pitbull, que tambien cayó dormido después de haber escuchado ese sonido.

Al parecer, ese sonido producía que sus cerebros se apagaran y dejaran de funcionar. Espero que no hayan muerto y que sea solo una forma de poder manipularlos. Pensé que los humanos iban a generar más alboroto, pero su plan estaba funcionando a la perfección ya que los artirusenses gritaban de felicidad al ver cómo sus "enemigos" caían lentamente.

-¡infinitas gracias, nunca pensé que podía ver a mis dioses! ¡Por dios, espero que esto no sea un sueño, quiero que se queden para siempre! -gritaba una señora que se encontraba justo delante de mi.

Otros solamente lloraban y se dejaban llevar por la emoción, pero no todo era risa y buena fe, habían algunos que ni se creían el cuento de los "dioses" y empezaban a generar revuelos. Le tiraban piedras a la estructura metálica y gritaban un sinfín de palabrotas que llamaban la atención de los humanos.

-nunca pensamos que ustedes, hijos míos, Nos traicionen de esta manera, eso es el reflejo de los pecados que están cometiendo y la falta de fe. Aunque sabemos muy bien el motivo de porque algunos artirusenses son así, ¡pero no dejemos que los malos espíritus se apoderen de sus cuerpos y sus mentes! -cuando dijo mente, ya sabia de que estaban hablando. Se estaban refiriendo a los humanos que nos estaban protegiendo y que estaban en contra del proyecto artirus, esos humanos que estaban en mi visión.

-¡dioses míos, acaben con todos los traicioneros y con todos los espíritus malignos! -dijo una voz familiar, que fácilmente era reconocible, nunca pensé que volvería a escuchar a mi madre.

-eso es lo que haremos, pero primero debemos acabar con todos los impostores que no pertenecen a este planeta. Luego solo buscaremos a los artirusenses que están perdidos en la maldad y que no tienen fe, pero a ellos, los llevaremos al planeta tierra, para que puedan enriquecer sus mentes con nuestra sabiduría. -replicó esa voz que provenía de un humano.

sabia muy bien a que se referían con llevarlos al planeta tierra, ya que según escarlata y pitbull, ahí están los criminales de criminales. Por otro lado, la conquista seria mucho más fácil sin artirusenses que se interpongan en sus planes. ahora solo debía fingir que era religioso y que estaba orgulloso de los humanos, aunque eso me producía una náusea apestosa. 

-¡espero que puedan sanar a mis hijos, ellos están ciegos ante su majestuosidad!  -dijo mi madre, con su voz chiflada y sumergida en la vejez. Desearía que nunca hubiera dicho eso, ahora me estaba enterrando antes de tiempo.

-con mucho gusto, cuando los vea, hágame saber y los llevaremos a un lugar mucho mejor que este, para que puedan llenar sus mentes de fe y sabiduría. -seguía hablando sarcásticamente y con esas palabras que me hacían detestar mas a los humanos.

-¡ahora sin más preámbulos, denle la bienvenida a los humanos! -dijo otra voz que también era humana, pero que no era ni importante en el plan que se estaba llevando a cabo.

Las puertas metálicas se abrieron con un chillido monstruoso, dejando ver una luz que no era percibible para nuestros ojos. Poco a poco, los humanos empezaron a salir con trajes de oro y una sonrisa más falsa que mi propia sociedad.

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