Capitulo 8

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Me levanté en el piso de mi habitación, puesto a que me había caído de la cama varías veces en la noche, probablemente soñé algo que no recuerdo y me moví mucho al dormir.
Entré al baño que había en mi habitación y al entrar me mire al espejo, me veía como una chica que hubiera llorando por su novio hace instantes; desfilé por mi habitación con el maquillaje del día anterior corrido por mis mejillas, mi corta melena estaba despeinada y esponjada, me apenaba verme así.
Tomé una camiseta color rosa y un short color negro, como siempre utilicé medias, esta ocasión a rayas y unas botas más altas de lo normal.
Fui a la cocina de mi casa y extrañamente mi padre estaba cocinando el desayuno, no sé si es su intento por hacerme sentir mejor, pero lo estaba logrando por completo.
-Cat, mi amor.- mi padre se quitó el delantal. -Buenos días bella- me sonrió.
-Buenos días papá.- bostecé.
-¿Quieres desayunar?- Tomó un plato y sirvió panqueques con tocino encima y fresas a un costado.
-Si, gracias.- Me senté en la mesa.
Mi padre y yo desayunamos juntos mientras el leía el periódico bebiendo su clásico café, el olfato de esta bebida me recordó automáticamente a Gerard; Realmente no era un olor a café convencional, pues era más bien capuchino de maquina.
Terminé de desayunar antes de mi padre y me fui un rato a la calle únicamente a pasear con una mochila en la que llevaba mi reproductor walkman, un par de audífonos y una libreta con un lápiz, fui por los bordes de las calles escuchando Green day.

Pasé por varios lugares a los que ya estaba acostumbrada, el boliche de Summit, una escuela primaria muy colorida y algo pequeña, por un momento me despisté y en mi estado en trance me impidió reaccionar ante el empujón de una persona que no reconocí debido a que llevaba una capucha.
-Tú...- la voz aguda de una chica me dijo gruñendo.
De la nada, esta persona me dio un empujón más fuerte que provocó que me cayera al suelo y mis rodillas se rasparan.
Por detrás de mí sentí una fuerte patada, mi espalda dolía demasiado, no sentí nada por un momento. Jamás había sentido algo tan horrible.
Escuchaba las voces de un grupo de chicas pero no entendía que decían, estaba aturdida por completo y cuando caí al suelo y sentí un montón de patadas y azotes contra el suelo perdí la noción de todo cayendo inconsciente.

Comencé a soñar tonterías, jamás en mi vida había soñado algo tan real.

Al fin despertaba del interminable sueño, al abrir mis ojos vi a mi costado a un pálido chico con un par de hermosos ojos verdes que me deslumbraban con su brillo, su risueña sonrisa me hizo sonrojarme mucho.
-Buenos días, dulzura.- Su hermosa voz me dijo acariciando mi mejilla dulcemente.
-Buenos días...- puse un mechón de su cabello detrás de su oreja.
Tuvimos un rato intercambiando únicamente términos y adjetivos cursis, fue perfecto.
Al final, el chico comenzó a hacerme cosquillas y terminó haciéndome morir de risa, tiernamente paró cuando se lo pedí y me dio besitos en la nariz, terminando besándome pasionalmente en los labios.

Vi una luz blanca encima de mis ojos, me molesto demasiado y cubrí mi rostro completamente molesta.

-Que haces, tonta?- la voz de un chico me regañó y acomodó mi brazo de vuelta a su lugar.
-A...An...- balbuceé tratando de pronunciar el evidente nombre de mi chico favorito de ojos azules.
-Andy se fue hace rato.- pude al fin reaccionar por completo, mire hacia los lados y estaba en una camilla de hospital en una blanca habitación repleta de cajones con vendas y cosas por el estilo, a mi lado tenía una bandeja con comida de hospital.
A mi derecha estaba Gerard sentado en la camilla, estaba muy serio y su cabello estaba despeinado.
-G-Gerard...- sentía mi boca dormida, se me dificultaba hablar. -¿Que hago aquí?- Lo miré revolviendo la comida que había en el plato con una cuchara.
-Unas estúpidas mocosas te golpearon, y Andy iba pasando por ahí, por eso te trajo rápido.- me acercó la cuchara que tenía una especie de sopa para que comiera, yo extrañada abrí la boca y metió la cuchara en ella. -Por fortuna no te pasó gran cosa, el impacto fue lo más grave, te desmayaste.- Gee repitió el proceso de alimentarme mientras me contaba esto.
-Solo tendrás que estar aquí mientras te recuperas, perdiste algo de sangre con una herida que te hicieron en el estomago, pero eso ya está resuelto.- señaló mi brazo, estúpidamente no me había percatado de que tenía una aguja con un tubo coloreado de carmín en este.
-¿Donde está Andy?- Pregunté
-Como dije antes, se tuvo que ir porque sus padres lo dejaron cuidando a su hermana menor.- suspiró.
De pronto la puerta se abrió, entró a la habitación una chica de pelo negro con dos coletas, labial rojo, una falda de cuadros y una camiseta roja muy linda, se veía como la mujer que cualquier chico querría.
-Gee...cariño.- Musitó ella.
-Si Lindsey?- Dejó muy rápidamente la sopa en la mesita y se vio nervioso hablándole a la chica.
-Hay un muchacho que está interesado en lo de tu banda...¿A qué hora puedes verlo?- Caminó dando pequeños pasos con sus zapatos de tacón.
-No Lyn...Tengo que cuidar a Catherine.- Rascó su nuca.
-No no amor, no entiendes, el está aquí afuera.- señaló el pasillo y hablo en un tono más bajo. La chica era tan linda que parecía una modelo de una revista alternativa.
-ahhh, está bien...- suspiró nuevamente.
-Catherine, ¿te molesta que pase?- Preguntó Gerard.
-En absoluto, que venga.- tosí un poco.
Lindsey le lanzó una mirada de pistolas a Gerard y este hizo un gesto de culpa, a lo que Lindsey reaccionó saliendo y en un instante había entrado el chico
Del que ella hablaba.
No era muy alto, tenía ojos color
Avellana, un lado de la cabeza rapado y el otro largo cayendo sobre su frente, llevaba una guitarra color rojo que era simplemente fabulosa.
-Tu eres...Gerard Way?- preguntó este chico algo tímido.
-El mismo.- Gee lo inspeccionó con la mirada. -Por lo que veo tocas la guitarra.-
-S-Si! Quería entrar en tu banda.- cargó su guitarra con sus manos tatuadas para prepararse y tocar. -No sé si la conozcas, pero mi anterior banda Pencey Prep se separó.- se vio desanimado. Alcancé a ver que en su bolsillo sobresalía una foto de una chica.
-¿Escena musical de Belleville?- el chico afirmó. -Me gusta, toca algo.- El guitarrista comenzó a tocar un montón de acordes que sonaron hermoso, me recordaba a las típicas bandas Punk de mi infancia y obviamente a Green Day. Tenía una peculiaridad, cuando tocó la guitarra se le vio sacando la lengua.
-Wow...realmente esperaba menos, pero eres increíble...tu nombre es?- se quedó con la boca abierta.
-F-Frank Iero.- sonrió rascando su cabeza.
-Perfecto Iero, estamos algo apurados con escribir una canción.- Gee sacó un papel de su bolsillo y una bolsita color plateada se cayó cuando saco esto.
-Vamos a ensayar los Lunes, Miércoles y Sábado, crees poder?- pareció anotar algo en el papel, supuse que eran fechas y cosas así.
Su charla acerca de horarios de ensayo y asuntos por el estilo me aburrió realmente, poco a poco sentí mas cansancio y finalmente caí dormida.
Había sentido que dormí un largo rato, era tan placentero dormir sabiendo que no estaba muerta como hace un rato.
-despierta, inútil.- Sentí que me movían el brazo. -Ya calenté tu sopa, levántate a comer.- Tallé mis ojos tratando de reaccionar ante tal acción egocéntrica de su parte, al despertar vi que ya no tenía la aguja en el brazo y por la ventana de la habitación se veía oscuro, probablemente era de noche o madrugada.
-No me gusta esa comida.- dije con un tono soñoliento.
-La enfermera me dijo que no te alimentara con cosas con mucha grasa, muy calientes, muy frías, alimentos con muchas especias o que tengan picante.- Jamás nadie se había preocupado tanto por qué mantuviera una alimentación saludable, Gerard estaba sacando un cariñoso de el.
-Esta bien...- Le extendí una mano para que me pasara el bowl de sopa.
-No no, te la daré yo, estás muy sensible.- me resigné ante su insistencia y se me escapó una sonrisa pequeña al ver a Gerard ser tierno, mucho.
Este chico me hacía ser una niñita bipolar, ambos lo éramos.
-Gerard.- Balbuceé con la boca llena de sopa.
-Termina de comer eso y hablas, no seas maleducada.- puso su mano en mi barbilla indicándome que siguiera comiendo. Hubo un silencio muy largo mientras solo se escuchaban mis sorbidos comiendo la sopa.
-Ya, ¿que decías?- me dejó hablar al haber terminado de comer.
-Ah...¿porque estabas molesto la vez de la bicicleta?-
-Solo tuve un mal día, ignora eso...- Hubo un silencio, que él rompió chasqueando los dedos.
-Cierto, lo olvidé.- se levantó de la silla en la que estaba y sacó una mochila negra.
-Cuando estabas durmiendo tu padre vino y me dijo que te diera esto.- sacó de esta varias cosas que puso encima de la sábana de la camilla.
-Ropa, zapatos, un libro y...esto.- Se vio como aguantaba la risa casi no pidiendo controlarla.
-¿Que cosa?- Me preocupé un poco, no sé a qué extremo podía avergonzarme mi padre, no lo conozco tan bien.
-Tus panties de conejo.- me lanzó la prenda interior.
-¡Oye idiota! ¡Suelta mis putas cosas!- Mi rostro se sonrojó abismalmente, y escondí las panties bajo la sabana.
-¡Hay más! Tú bra de conejo, no jodas.- Se rió muy fuerte, como burlándose.
-¡Dame eso! ¿Qué te pasa, maldito?- fingí estar molesta con Gee.
-Ya ya, perdona...- se limpió las falsas lágrimas de risa.
-Dame la maldita mochila.- Le arrebaté de las manos mis pertenencias.
La puerta se abrió como cuando vino Lindsey y esta ocasión era una enfermera.
-Oh...disculpen, ¿interrumpo?- la linda mujer nos miró extrañada.
-¡N-No, en absoluto!- Me acomodé bajo las sábanas, tuve miedo de que mal interpretaran la situación, gracias a que Gerard estaba sentado en la camilla con mi sujetador en las manos, aunque el rápidamente lo escondió tras su espalda.
-Oh, ya te estás recuperando.- sonrió dulce la delgada mujer.
-Si, me siento como nueva.- le devolví la sonrisa.
-Podemos darte de alta si lo deseas.- Sacó un formulario del bolsillo de su blanca camiseta.
-En serio? Estaría genial.-
Gerard únicamente me observó rellenar el papel mientras jugaba con su cabello; terminé de hacer esto y la enfermera me indicó que podía desalojar al fin la habitación de hospital, al igual que me dio un cúmulo de medicinas y una receta médica.
-Gee, sal.- le dije tomando mi ropa.
-¿Eh? ¿ahora qué mierda hice?- frunció las cejas.
-Nada, idiota, voy a cambiarme.-
-Me cubro los ojos y ya.- suspiró y asentí.
Me quité la bata de hospital rápidamente ya que esta estaba abierta de la parte de atrás y me puse todo el conjunto que mi padre me había traído en la mochila.
-Ya está.- le avisé abrochando mis botines.
-De todos modos no importa si me cubro los ojos o no, he estado con chicas que si tienen buena figura, tú eres un fideo.-
-Me da igual con cuántas te hayas acostado, ¿y si se lo cuentas a tu novia?- Lo reté, vi el enojo en su rostro.
-No metas a Lindsey en esto, enana.- sonreí triunfal mientras recogía las sabanas que estaban en el piso.
Gerard me miraba doblar estas cruzado de brazos como niño pequeño haciendo una rabieta.
Entre las sábanas que estaban tiradas al lado de un taburete encontré una bolsa pequeña, la que Gerard había tirado cuando sacó el papel de su bolsillo, lo tome y lo vi más detalladamente, sí, era un jodido preservativo y además con mordisqueadas en el borde.
-Oye oye..! ¿De dónde sacaste eso?- Me dio un pequeño empujón y tomó el preservativo que estaba entre mis manos, rápidamente lo guardó en su bolsillo.
-Se te cayó hace rato, enfermo.- Lo miré con asco.
-¿Crees que sería por ti? Por favor, ni aunque me rogaras te haría eso, mi novia sí que está buena.- Me restregó burlón.
-No pienso discutir eso contigo.- tomé mi mochila y salí del cuarto.
Mientras salía de la habitación, en el pasillo oscuro pude ver detrás la sombra de alguien, no me asusté debido a que escuché el clásico sonido de las botas de Gee retumbar en el lugar.
-no me sigas, por favor.- le pedí mientras bajaba las escaleras del ya un poco harta.
-¿Piensas ir sola a las casi 12 de la madrugada?- Aceleró más el paso y por consiguiente se acercó más a mi.
Me quede parada en el estacionamiento del hospital enorme y vacío con una apariencia , donde comencé a dudar si regresar a casa sola o ir acompañada con el pelinegro.
-Esta bien...llévame tu.- Este asintió y sonrío victorioso.

Odio que me gane.

Caminó hacia una camioneta negra, cuya puerta abrió con una llave.
-Entra.- él subió al asiento del piloto.
Cuando ambos estábamos dentro de este, Gerard decidió poner música de Aerosmith mientras conducía a mi hogar, el iba muy feliz cantando y no voy a negarlo, su seductora voz sonaba tan bien que estaba segura de que es una razón por la que tantas chicas morirían por el.
Cuando al fin llegamos a mi casa, Gee bajó a dejarme, abrí la puerta de mi casa cuidadosamente y de pronto sentí su mano en mi hombro.
El alto chico dio un largo suspiro que provocó una ligera exhalación tan fría causando vapor frío en su atmósfera.
-Catherine.-musitó.
-Es divertido cuidar de ti.- metió ambas manos en su bolsillo, el ambiente estaba helado y ambos teníamos frío.
No sabía que contestarle.
-Hoy descubrí algo de ti, tus mejillas hacen una cosa extraña cuando sonríes, tienes hoyuelos.- me miró a los ojos.
-los odio.- susurré siendo casi imperceptible.
-a mí me encanta.- sacó un cigarrillo y lo encendió, sus palabras, sus ojos, cada maldita cosa en ese chico me hacía pensar en él como alguien perfecto.
El besó mi mejilla despidiéndose de mi, el pálido de ojos verdes provocaba un increíble escalofrío en mis brazos.

Dejé de tontear y entré a mi casa, mi padre estaba dormido en el sofá, directamente subí a mi habitación para tirarme en mi cómoda cama, en la mesa de escritorio que tenía había una pequeña cajita con cosas dentro, que decidí dejar para mañana. Automáticamente mis ojos se cerraron y caí dormida profundamente, otro de mis locos días.

||Don't Try||-Gerard WayDonde viven las historias. Descúbrelo ahora