Definitivamente no acabó. Protegerte es lo que quiero.

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—El monstruo esta oculto en la sala de operaciones. No sabemos a que tiene acceso y tampoco que tipo de armas puede haber en ese lugar. Tampoco sabemos si hay algún tipo de medicamento con él que podamos calmarlo, o, de otro lado con él que él nos pueda cagar la tarea. Hemos confirmado que es inteligente. Que no cae en trampas cualquiera, y que mayormente posee una defensa desarrollada gracias a los millones de tentaculos que posee. No se con que nos podemos encontrar cuando lo volvamos a ver, pero les aseguro que no sera nada bonito. —Tadeo, Mauricio, Romano, Angélica, todos estaban amedrentados por las palabras escuchadas anteriormente.

—¿P-por que regresó a-ahora?... —Murmuró con la voz cortada él castaño. —¿N-o pudo haberse que-quedado quieto en su lugar?... —Musitó, otra vez, mientras Tadeo le refregaba la espalda con suavidad.

Todos tenian ese miedo latente, de que él regresara, pero Romano lo tenía personal ahora.
Era la vida de ese adefecio contra la normalidad de su familia y sus amigos. No debía permitir que ese trauma de su pasado regrese y lo atormente en ese momento. En esas ocasiones... Solo le quedaba atacar.

•••

Tomó él bolso con sus pertenencias con mucha fuerza. Sentía como su corazón se aceleraba, pendiente a cada sonido. A su perspectiva, en cualquier momento podían comenzar los disparos, los gritos de los humanos aterrorizados, los susurros descarados, la caza. Él deseo de respuestas de las personas serian su absoluta perdición. Volvió a sacudir su cabeza, en busca de aire para respirar. Se le cerraba la garganta al pensarlo.

—¿Listo todo? —En la ventana, Angi le miraba con amor y comprensión, como una madre tratando de socorrer y brindar contención a su hijo. Sabían que Roma no tenia buenas experiencias con ese adefesio, así como sabían que tampoco tenía buenos recuerdos cuando tenia que alejarse de sus compañeros. Normalmente, no acababa bien.

Él italiano solo asintió con la mirada pérdida, dejando un sobre encima de la cama. Se acomodó la correa del bolso sobre el hombro, caminando mientras se tambaleaba de un lado al otro. Angélica tuvo que agarrarlo para que no se de la frente contra la pared.

—Lovino... —Murmuró levemente la chica, recibiendo una marcada negación de parte de él pequeño.

—Estoy bien. —Resaltó Lovino. —O... Voy a estar bien, cuando acabe con ese monstruo. —La mujer le acarició la espalda con suavidad.

—Tranquilo. Todo va a estar bien. Cuando acabe, no tendrás nada mas en que pensar. —Sonrió la joven, atrayendo la mirada de Lovino. Él silencio se hizo por un segundo.

—¿Vamos? —Preguntó Lovino, a lo cuál Angélica soltó una mueca de duda. —Oye. —Le sonrió. —Estaré bien. Lo prometo. No me vas a decir que no he hecho cosas así en él pasado. Solamente será cuestión de que vaya, lo mate, y regrese. Simple, sencillo y sin tardas. —Realmente le rogaba a Dios que sea tan facil.

No creía que fuese tan sencillo, de todas formas.

•••

—Para mi, nos va a estar esperando.

—Es posible. Para mi va a estar escondido. Cuando no prestemos atención nos va a separar la cabeza del cuello.

—Estan asustando a Lovino.

Pese a que, probablemente, iban caminando lentamente hacia su inminente muerte, Mauricio y Tadeo tenian la desfachatez de bromear. Angi quería separarles ella la cabeza del cuello.

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