Epilogo: Bienvenido de vuelta.

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Y entonces...
Lovino abrió los ojos.

•••

Miró para un lado, obscuridad total. Miró para el otro, obscuridad total. Su voz no salía, por lo cual no podía pedir ayuda. Se levantó, caminando hacia, lo que el consideraba, adelante. ¿Donde podía haber acabado? ¿Era acaso el limbo? Tal vez así acababan todos los países que habian muerto. Solos en la negrura, destinados a enloquecer con sus propios pensamientos. El pensamiento lo aterró. No quería, ni estaba dispuesto a permitir que lo encerrasen en su propio mundo. No sin pelear un poco.

Con ese pensamiento, comenzó a correr, y, luego de algunos minutos tratando de llegar a algun lado, distinguió un brillo. Un resplandor. Una luz. Se acercó corriendo, y se encontró con algo que le recordó a una crisálida.
Juraba haberla visto antes.

Recordaba estar parado en un lugar. Era muy oscuro y estaba frío. Frente a el había algo como una crisálida la cual aun no se había abierto. Estaba hecha de pequeños filamentos como raíces y era aun mas grande que el propio España.

Abrió la boca ampliamente. ¿Era posible tener el mismo sueño después de cinco años? Aparentemente si, por que eso es lo que estaba pasando en ese mismo instante.
Aun así, notaba que no eran las mismas. La de su antiguo sueño era mas grande, y esta, en cambio, era pequeñita.

Se acercó, y, como el ya se esperaba, comenzó a sentir un latido. Soltó el aire en sus pulmones, lentamente, y acercó su mano a la pared de raíces. Cerró los ojos y, lentamente, puso su mano en la pared. Pudo sentir como, debajo de su tacto, las raíces se desenredaban, se separaban, dejando expuesto su interior. Abrió sus ojos...

Y se vio a si mismo dentro de eso.

Dio un salto del susto, y se alejó. El otro Romano parecía dormir, desconociendo todo lo que ocurria en su entorno. Se acercó lentamente, y tomó su mano. Recién en ese momento, el despertó.

•••

Tomó una larga bocanada de aire, mirando a izquierda y a derecha. Estaba sentado en una cama y, entonces, un tirón en la base del cuello lo paralizó. Ardía. Dolía. Picaba.  No podía ser verdad.

—Señor Lovino... —El se volteó de golpe, y abrió su boca abruptamente. No podia ser verdad.

—Andrew... —Susurró, extendiendo su mano hacía el hombre, lentamente. —Andy, ¿Eres tu? —Preguntó sonriendo lentamente. El hombre frente a el, un poco incómodo por el sobrenombre tan temprano, respondió.

—Eso creo... —Murmuró. —Ha estado durmiendo, señor Lovino. Aún así, fue solo una media hora. Creí que quería descansar despues de la aplicación de la primera dosis... —El hombre tuvo que parar de hablar, pues, de repente, tenía a Lovino envolviendo su cuerpo en un largo abrazo.

—Andy... —Susurró el chico, sonriendo como estúpido, solo en ese momento cayó en lo que le habían dicho. —Espera. ¿Estuve durmiendo? —Preguntó, sin ser capaz de creer. —Todo este tiempo... Todo lo que pasó... Todo fue un sueño... —Miró al hombre, tomándolo de los brazos. —¡Solo fue un sueño! ¡Nadie ha muerto! —En ese momento, Andrew le explicó, luego de un tiempo de no entender nada, que la primera dosis podía llegar a inducir sueños raros. Los ojos de Lovino brillaban, y, entonces, cayó en algo.

—Oh, dios... ¡Tengo que ir a despedirme! —Gritó el chico, levantándose como impulsado por un resorte. Salió de la habitación, corriendo sin parar. —¡No te preocupes, Andy! —Gritó, desde la distancia. —¡Voy a regresar, lo prometo!

Aquí Lo DejoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora