Sentía que se quemaba, que le inyectaban agua hirviendo. ¿Así era como se sentía el dichoso suero? No mentían al decir que iba a ser doloroso. Es mas que eso. Es una tortura.
Esos eran los primeros pensamientos de Lovino al sentir el suero correr por su sistema. Era como si todos los músculos de su cuello se estuvieran quemando. Definitivamente, esa era la sensación.
-¡Señor Lovino!-. Chilló el científico al ver como su cara se tintaba de rojo.
-Estoy... Estoy bien-. Murmuró tratando de regular su respiración, de disminuir el dolor. Se acostó de nuevo en la camilla, sintiendo el frío de las sabanas y el frío del ambiente. Sus manos también estaban frías así que las llevó a su nuca sintiendo escalofríos por la diferencia de temperatura. Se sentía bien.-Estoy bien-. Murmuró una última vez.
Realmente no sabia si lo decía por que era verdad o solo para convencerse a si mismo de ello.
Y así de la nada vio a los dos científicos mirarlo raro.
-¿Que?-. Preguntó.
Ambos le hicieron una seña con el pulgar mientras que sus ojos brillaban en determinación.
-¡Usted podrá superar todo esto Señor Lovino! ¡No se rinda!-. Dijeron ambos al unísono al mas puro estilo de Maito Gai. Luego salieron de la sala de enfermería echando fuego por los ojos.
El italiano los miró raro todo el tiempo hasta que salieron.
-Pero... Yo no dije que me iba a rendir...-. Murmuró bajito.
•••
La reunión mundial era un desmadre. Uno mas grande que de costumbre. El tema de "conversación" (Favor de leerse como gritos a diestra y siniestra) era, obviamente, cierto italiano de ojos olivos que parecía haber desaparecido del mapa.
-¡Es que simplemente no pudo desaparecer!-. Chilló el americano.
-¡Pues lo hizo, Bloody Hell!-. Contradijo el inglés.
Obviamente, la voz de la razón fue la del alemán. Con un grito todos los países callaron.
Pero como siempre, nunca falto el idiota que quiso "dar su opinión". Ese fue el francés. Y en el mismo momento en él que intentó decir algo:
-¡Mon dieu!-. El chillido "nada afeminado" que pegó el rubio al pasar un cuchillo MUY cerca de el lo escucharon todos.
-Hermano Francia...-. La voz de Feliciano sonó como un suspiro. El italiano abrió los ojos mirándolo con una sonrisa-. Haz silencio y no digas nada. ¿Si?-. El francés se sentó en su asiento sin decir una palabra. El castañito sonrió. -Buen chico-. Sonrió y sacó el cuchillo arrojado que se había clavado profundo en la madera de un mueble que por ahí estaba.
Definitivamente, Feliciano se ponía bravo cuando las cosas giraban en torno a Lovino.
Era menor que el, pero lo protegía con uñas y dientes.
-Bueno-. Dijo el alemán aun un poco sorprendido por cierto italiano -. Esto es lo que tenemos hasta ahora: Ayer a las XX:XX del día XX de noviembre de XXXX Feliciano recibió una carta firmada por su propio hermano en la cual el declaraba que renunciaba a su puesto de Italia Romano-. El alemán hizo una pausa para pensar como se hacia para renunciar al puesto por el que existias-. Lo único que tenemos asegurado es que si fue Lovino el que la escribió ya que la letra fue comparada con sus apuntes anuales. La letra es bastante fluida y no parece hecha de obligada. No sabemos por que renunció, ni donde esta ahora. Lo único que si tenemos asegurado es que esta vivo, por que si no lo estuviera Feliciano lo sabría. En resumen: Estamos en medio de la nada por que no sabemos nada-. El alemán se sentó en su asiento masajeando sus sienes-. ¿Alguna idea?-. Preguntó. Nadie dijo nada. Con eso la reunión se acabó. No había nada para hacer.
-Hermanito España...-. Murmuró Feliciano entre lágrimas.-¿Volverá mi hermanito?-. Preguntó bajito mirándolo con los ojos brillantes.
España lo abrazó. El tampoco sabia la respuesta.
-No lo se Italia... No lo se-. Dijo el español suspirando desesperanzado.
Ambos regresaron a sus respectivos aviones. No sabían que iban a hacer, y tampoco sabían en donde buscarlo, así que simplemente lo dejaron por la paz.
Pero aun así, Feliciano seguía pensando en cada lugar en el que podría desaparecer su hermano. La Capilla de San Pedro, la Basilistica, la Necropolis. Eran kilómetros y kilómetros de terreno. Probablemente una parte desconocido para el.
Soltó un suspiro desesperanzado. Era exactamente como encontrar una aguja en un pajar.
Es una verdadera desgracia que Lovino nunca le haya dicho algo referente a la mafia.
•••
En algún punto, Lovino sintió como se quedaba dormido. No le preocupaba mucho realmente, pero el sueño que tuvo fue extraño.
Recordaba estar parado en un lugar. Era muy oscuro y estaba frío. Frente a el había algo como una crisálida la cual aun no se había abierto. Estaba hecha de pequeños filamentos como raíces y era aun mas grande que el propio España. En el momento en el que, presa de la curiosidad, quiso tocar eso, la extraña sensación de un contundente latir lo obligo a alejarse. Cayó de senton al suelo tras unos pasos, estaba seguro de que había vida dentro de esa cosa, y la curiosidad aumentó rápidamente. Quiso apartar esas extrañas raíces. Quiso saber de donde venia el latido.
Y si lo intentó, pero en el momento en el que tuvo una vista de lo que sea que había dentro, despertó.
-¿Que diablos fue eso?-. Se preguntó al despertar. Aun sentía ese latir, estaba seguro de que solo era su corazón, pero aun así le pareció extraño. Estaba por seguir divagando cuando una punzada de ardor proveniente de el cuello lo obligó a pensar en otra cosa. El frío ya no servía para disminuir el dolor, así que solo se acostó en su cama dispuesto a pensar en cualquier otra cosa que no fuera la sensación de fuego que sentía.
Para su desgracia, recordó que ese día tenía otra reunión mas. Una a la que no podía faltar sin importar que. Soltó un jadeo y un pequeño gemido lastimero. Se miró frente al espejo tratando de disimular lo mejor posible la punzada en su cuello. En rojo en su cara se difuminó hasta desaparecer, su expresión se volvió un haz de poker y en menos de lo que te dabas cuenta ya no había rastro de dolor en su expresión. Lovino suspiró saliendo de la enfermería y dirigiéndose a su habitación. Tenia la ropa toda transpirada y no iba a asistir así.
Luego de un merecido baño de agua helada y una hora entera salió y se dirigió a la reunión con su impasible expresión.
El tratamiento duraba cinco años. Eran cinco años de desaparición. Cinco años de ausencia.cinco años de olvido. Cinco años de dolor.
Su hermanito estaría bien, tenia a Alemania.
España lo superaría, obviamente.
Todas las personas que lo apreciaban lo superarían, estaba seguro.
Después de todo, estaba seguro de que su hermano llenaría con creces el espacio que el dejó.
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Aquí Lo Dejo
Fiksi PenggemarLa paciencia de Lovino se acabó. Eso sumado a una conversación ajena que escuchó provocan eso que tanto se temía. «Aquí lo dejo. Renuncio a mi puesto como Italia Romano» [Soy perezosa, tengo una vida, por lo que esto se actualiza lento pero constan...
