Romano se volvió de abrupto, alejándose de un salto. Angélica lo veía fijamente, mientras se cruzaba de brazos.
-Sabes que no saldrás vivo de aquí. Y sabes que tu amigo tampoco lo hará. Entonces, ¿Por que venir? ¿Solo por Feliciano y por él rubio que se llevaba mal con Mauricio? ¿Es toda tu razón para mandarte a morir? -Romano frunció él seño. Si, había venido solo por ellos dos, ¿Y que? Él decidía como iba a tratar con su vida y como iba a morir. En cambio...
-Y sabes que no fue buena idea traer a tu amigo.- Ella solo le decía lo que ya sabía, para ser sincero.
-España se coló. No debería haber venido. Esto es solo entre ustedes dos y yo. -Declaró.
-Sabes que a Tadeo no le puede importar menos, ¿Verdad? -Lovino se puso colorado.
-¡Que si lo se, maldición! -Chilló, inflándose de rabia. Se enfrió, y luego suspiró. -¿Por que? ¿Por que lo están haciendo? Todo esto. Eramos amigos... -Angelica cerró sus ojos lentamente, pero no le respondió absolutamente nada. -¿No me responderás? -Preguntó él, de nuevo, ella solamente permaneció en silencio. -Tengo que acabar con esto. -Murmuró él, sacando un arma. -Lo lamento, mucho. Pero tengo que acabar con esto. Tengo que hacerlo por Feliciano y por Ludwig. Ambos no... No se merecían la muerte. Tengo que hacer algo por ellos.
Angélica, aun en silencio, no abrió sus ojos, pero él ambiente se puso muy frío. Era ahora o nunca. Huir o pelear.
•••
España se limpió la sangre del labio partido, con una mueca de desagrado. Al frente de él Tobías también se presionaba una ceja, por él profundo corte que él filo de la enorme hacha de Antonio le habia dejado. Ambos, aparte de dichas heridas, tenían variados moratones, cortes, heridas en general, pero ninguno era lo suficientemente profundo o grave.
-Cuanta insistencia en no rendirse. ¿No puedes morir ya de una vez? -De golpe, Antonio fue con fuerza arrojado a la pared. Pegó contra ella, y se deslizó hacia él suelo, dejando una larga y rojiza marca en el cemento. Él ibérico se levantó, agarrándose del brazo. Se tambaleó, siendo capaz de pararse, y dejando un rastro de gotas rojas como mínimos rubíes.
-No voy a morir. -Sonrió él. -Tengo que regresar. Tengo que volver a ver a Lovino. -El joven volvió a tomar él arma caída, apoyandola en su magullado hombro. Luego la levantó, apuntándola hacia él hombre. -Y tu... Estas en medio. No puedo concebir que nadie este en medio de mi querido Romanito y yo. ¿Me entiendes? -Sonrió. -Esto no es nada en tu contra ni algo así. Solamente estoy... Manteniendo mis intereses. -Tadeo rodó sus ojos muy lentamente, soltando un largo e irónico "Claro~...".
-Solo eres un acosador, querido. Admitelo. Estas tan mal de la cabeza que crees que Lovino puede llegar a quererte.-Pese a que Antonio llevaba encima el hacha, Tadeo era mucho mas fuerte. Solo necesitó darle un puñetazo a mano limpia, para dejarlo en él suelo, incapaz de moverse. Apoyó, también, su pie en la espalda del español, dejando a este incapaz de moverse. -Aunque te mereces él mérito, para ser sincero. Al principio de verdad me engañaste. Creía que eras un pan de Dios, con bonita cara. Conocía muy bien a Lovino, sabia cuando estaba verdaderamente enamorado. Sabia que estaba verdaderamente enamorado de ti. -El hizo un silencio. -Sabia que... Andy iba a estar decepcionado. -La expresión de Tadeo se hizo azul. Triste. -Pero aun así, Lovino no te ama.
España sonrió.
-Te equívocas. -Murmuró, lentamente. -Para ser sincero, yo tampoco creo que me ame, pero... -Tadeo se acercó para oírlo mejor. -Tampoco creo que me odie. Creo que... Me aprecia, de cierto modo. Me quiere. No es un sentimiento tan fuerte como el amor, pero es un comienzo, ¿Verdad? -Antonio apoyó sus manos en él suelo, empezando a empujar. -¿Y sabes que? Lo que dices de mi es cierto. Soy un loco, un obsesivo, un freaky, y si, tengo mis momentos, mis arranques, no estoy entero de la cabeza. Pero él me mantiene cuerdo. -Con un poco de de fuerza, apoyó la rodilla, y se levantó, tirando a Tadeo. -Necesito de él. Tu me estas obstaculizando. Por lógica, necesito deshacerme de ti.
ESTÁS LEYENDO
Aquí Lo Dejo
FanfictionLa paciencia de Lovino se acabó. Eso sumado a una conversación ajena que escuchó provocan eso que tanto se temía. «Aquí lo dejo. Renuncio a mi puesto como Italia Romano» [Soy perezosa, tengo una vida, por lo que esto se actualiza lento pero constan...
