nuestros momentos

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¿Alguna vez les ha pasado que encuentran que su mino es mucho para ustedes?¿no?

Miré al Renato al mismo tiempo que el se rascaba la nuca. Tenía la vista puesta en su teléfono. Movía los dedos por la pantalla escribiendo un mensaje para alguno de sus amigos, supongo. Tenía puesta una polera blanca y se estaba mordiendo el labio. Si cara se veía tan limpia y suave. Llevaba un buen rato mirándolo, era demasiado lindo.

- ¿Vas a dejar de mirarme así?- me puse roja y miré para otro lado.

- ¿Cómo?

- Como si quisierai comerme- me río y le digo que no con la cabeza.

- Perdona, que desubicada.

- No te preocupes, no me importa- se río y me tomo la mano por encima de la mesa.

- Ya chiquillos, está listo el almuerzo.

La mamá del Renato apareció con dos platos de comida. Habia puré con huevos y lo que parece pechugas de pollo fritas. Sé veía demasiado rico, y también olía demasiado bien. Lo dejo frente a nosotros y salió de nuevo del comedor. El Renato me sirvió un poco de jugo y también se sirvió él.

- ¿No vas a comer?- me preguntó el Renato metiéndose una porción de puré en la boca.

- ¿No vamos a esperar a tu mamá?

- Ah no- se limpio la boca con una servilleta- mi mamá va a salir a comer con mi papá hoy.

- Ah buena.

- Nos va a quedar la casa para nosotros solos- se río y siguió comiendo. A mi me dolió el estómago. No seas pervertida, no seas pervertida...

- Ya mis niños, nos vemos más rato- apareció la tía bien arregladita- cuidense y no hagan mucho desorden.

- Calma vieja, si no vamos a hacer nada- se río el Renato y yo tomé un poquito de jugo.

Cuando la mamá salió nos quedamos callados y comiendo. Teníamos hambre parece, porque ninguno de los dos habló en harto rato. Yo por mi parte si tenía hambre, y nervios. Era la primera vez que nos quedábamos solos con el Renato en su casa, y la última vez que habiamos sólos le habia fracturado el brazo (demás se acuerdan de mi mala cuea)

- ¿En qué estai pensando?- pegué un salto cuando el Renato me habló.

- Ay no nada, puras tonteras- me reí y dejé el tenedor a un lado. Ya había terminado, él igual.

- Ah dale- se paró y tomó los dos platos- los voy a dejar a la cocina.

- Déjame ayudarte.

Llevamos las cosas entre los dos a la cocina. Le dije que yo podia ayudarle a lavar los platos, pero me dijo que la Nana llegaba en un ratito asique no seguí peleando. Cuando dejamos todo limpio nos fuimos a sentar al living, para poder ver tele un ratito. No había nada bueno, asique empezamos a hacer zapping.

- ¿Queri jugar alguna cosa mejor?

- Si mejor, no hay nada bueno.

- Vamos a mi pieza, tengo el Mario Car.

Conchetumare.

Su pieza.

Le dije que si, no muy convencida. Sabía que ir a su pieza era un gran paso, estando los dos sólos en una casa donde habían muchos lugares óptimos para culiar como conejos.

Cuando llegamos a la pieza me dejó pasar y me dijo que me sentara en la cama. Puso en juego en la Wii y se fue a sentar a mi lado, y me entregó uno de los controles. Pensé que iba a ser incómodo, o algo, pero al final lo único que hicimos fue jugar Mario Car. Y créanme, esa hueá me tranquilizó.

Más hueona y no nazco; Chilensis.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora