DESPUES - XXIII ; Goodbye, my lover.

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Siempre había considerado a la vida como una montaña rusa llena de altas y bajas, pero sin una estación de parada.

La felicidad de algunos, para mí, siempre había dependido de la desgracia de otros.

¿Por qué la llegada de un nuevo amor, siempre consta de la partida de otro?

¿Por qué se dice que para nacer, primero hay que morir?

¿Por qué existe la muerte? Y ¿Qué se sentirá morir?

¿Por qué estamos tan mal acostumbrados a valorar las cosas cuando dejamos de tenerlas?

¿Qué tan necesario es para nosotros, perder algo para darnos cuenta que realmente nos importa?

¿Cuándo vamos a dejar de sentirnos vacíos? ¿Cuándo vamos a aprender a amar, a amarnos?

Un sinfín de preguntas atravesaba mi cabeza, mis pensamientos me aturdían, y un dolor más fuerte que cualquier dolor físico se fijó en mi pecho.

Jamás había sentido aquello en mi vida.

¿Qué era esa pesadez en mi estómago? ¿Y el vacío en mi corazón? Culpa ¿Tal vez?

Mi cuerpo continuaba doliendo, las punzadas en mi cabeza no cesaban y mi piel ardía. Me encontraba en un estado deplorable, a causa de aquel enfrentamiento con un grupo de muchachos quienes me dejaron inconsciente durante un par de horas.

No podía pensar en otra cosa más que en aquel tan extraño sueño, precedido por aquella noticia que había producido un torbellino de emociones dentro de mí.

Golpeado, adolorido, y en muy mal estado traté de tomar un taxi, sin poder lograrlo. Era tal vez mi traza de pordiosero lo que hacía que se negaran a levantarme.  Por lo que me vi obligado a correr, sin saber hacia dónde, pero lejos de donde me encontraba.

Durante mucho tiempo corrí por las poco transitadas calles de la ciudad, era de madrugada y el frio invierno había convertido a Londres en un maldito congelador, pero a pesar de aquello, jamás logré sentir el frío.

Me encontraba realmente concentrado en otras cosas, mi cabeza dispersa, mi corazón estrujado y una angustia que se apoderaba de cada sector de mi cuerpo.

Todo lo que Kara había dicho tenía que ser mentira, iba a corroborarlo. A ella le gustaba hacer ese tipo de bromas, siempre las hacía y estaba seguro que no caería en esa.

Pero ¿Por qué me sentía de aquella forma?

Incompleto, desdichado y triste. Lágrimas rodaban por mis mejillas, y ni siquiera podía controlarlas. Tardé mucho en darme cuenta que estaba llorando, sin saber por qué. Sin tener razones.

Jamás había sido de creer en las señales, mucho menos en el destino o el amor. Era más bien una persona con los pies en la tierra, realista y poco creyente. Pero algo en ese sueño me daba mala espina, tal vez era la coincidencia con aquella broma de mal gusto por parte de Kara lo que me hacía pensar tanto al respecto.

El tiempo que pasé junto a Margot me permitió conocerla como a nadie en el mundo, tanto a ella como a las costumbres de su familia, incluso a pesar de que jamás había permitido que me presentara ante ellos.

Conocía mejor que nadie como los Muttone se movilizaban, como evadían a la prensa y como actuaban ante una emergencia. Conocía los lugares a los que concurrían, las personas con las que trataban, y hasta como hacían para moverse entre las sombras.

Los Muttone eran una eminencia en el país, y en el mundo. Y yo sabía cómo daban cada maldito paso, por eso sabía exactamente donde se encontrarían en caso de una emergencia.

FOUND | H.S |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora