La noche anterior había sido una de las mejores que había experimentado dentro de mi corta vida. Sin duda alguna podría ser una de las mejores semanas que he tenido. Tome el pomo de la puerta principal a primera hora de la mañana y salí de aquel departamento con un gran futuro por delante.
-Señorita Charlotte, ¿A qué se debe su gran sonrisa?
No podía estar más feliz que nunca.
-¿Sabías Gail que todo en esta vida puede cambiar? – Me senté en el comedor.
-Niña no es muy propio de ti, tener ese carisma por la mañana. – Me sirvió el desayuno.
-¿Pero qué dices Gail? Yo siempre he sido una pequeña alegre.
-No lo pongo en duda señorita, pero es raro que usted ya esté en el comedor cuando sus padres apenas bajaran.
-Ya lo he dicho, la vida puede cambiar. – Introduje una rodaja de plátano en la boca dando por terminada la plática.
Al parecer todo iba bien desde la noche anterior en donde mi suerte se daba por cambiada.
-Señorita, muy buenos días, parece más alegre de lo normal.
-Sigo siendo la misma Raúl, aún no he cambiado. – Dije subiéndome al auto.
-Entonces no baje los ánimos. – Me sonrió por el espejo retrovisor y comenzamos la marcha hacia el instituto.
Al bajar del coche, sentí que este día se veía prometedor, pues las cosas habían cambiado, no sabía si para bien o para mal, solo podía acertar que habían cambiado y que todo tendría más sentido ahora.
Como si una mirada me estuviera llamando, a lo lejos vi aquellos ojos azules que tanto me comenzaban a gustar. Lo salude con una leve inclinación de cabeza, a lo que él contesto igual, solo que con una sonrisa en el rostro que prometía muchas cosas en el aire.
Y así el día había comenzado.
-Charlotte, ¡pero que espectacular te vez hoy!
-Solo es un nuevo conjunto.
-Sí, un nuevo conjunto que atraerá más de una sola mirada. – movía las cejas de arriba a abajo.
-Solo esperemos que no me castiguen por esto.
Entrelace brazos con Sebastián y ambos caminamos juntos por aquel largo pasillo en donde las miradas no se hacían esperar por la corta falda que mostraba más de lo debido.
-¡Opa! Pero ¿Quién es la nueva alumna que traes ahí Sebastián? – La intimidante Susana hacia apto de presencia.
-Harán que me avergüence mas y tendré que retirarme para irme a cambiar.
-Chica, pero es que te vez ¡despampanante!
-Solo quería cambiar por una vez mi ropa cotidiana, pero veo que hice una mala elección.
-¿Pero qué dices? Es una buena elección a ver si así por lo menos pescas a un pretendiente, porque hace años que no te conocemos ninguno.
-¿Hablaban de pretendientes? – Automáticamente intentaba cubrir mis piernas fallidamente.
-Sebastián, creo que tú y yo sobramos aquí. – ambos desaparecieron rápidamente.
-Hola Julián. – Me voltee a verlo.
-Por poco y no te reconozco. Que cambio has dado.
-Solo es ropa.
-Pero te veo más alegre, así que no me dirás que solo es ropa.
ESTÁS LEYENDO
¿Jugamos? EDITANDO.
RomanceEva Charlotte Valentina, princesa de Italia. Es una joven universitaria que se ha mudado a Canadá con sus padres para salir de la prensa italiana y vivir una vida normal. Sin esperar nada de su nueva vida, el destino la sorprende y su nuevo profesor...
