Llego el lunes como toda semana que termina y comienza, era mi martirio, ya que odiaba los lunes aunque todos decían que al lunes siempre le tenías que poner buena cara para que te fuera bien en la semana, pero yo era todo lo contrario yo siempre le ponía mala cara, ya que era costumbre que los lunes me fue mal, era como si en el libro de mi vida ya estuviera escrito, no sé porque, pero los lunes nunca eran mi fuerte, si bien metía la pata o me avergonzaba de algo o salía castigada, pero ¿Qué más daba? Si después de esas 24 horas mi suerte cambiaba.
-Susana, Sebastián, ¿Qué les paso? – mi preocupación era palpable.
-Adivina quién me quiso llevar de jerga ayer. – Sebastián se sobaba las sienes.
-Tú dijiste que estabas encantado de ir. – Susana parecía indignada.
-¿Por qué a mí no me dijeron nada? – me dolía que no me hubieran invitado.
Ambos se mostraban apenados.
-Lo siento, pero pensé que no querrías ir por lo que había pasado en la última y primera vez que te llevamos y pensamos que era mejor instruirte en esto paso a paso. – Susana no me veía a los ojos.
-En verdad lo sentimos – corroboro Sebastián.
-Recuerden que no soy tan rata de biblioteca, sé que lo piensan y aunque lo dicen con otras palabras me doy cuenta.
Mi día comenzaba mal, estos idiotas pensaban que no me daba cuenta de nada.
-Si quieren que los perdone, quítense esas gafas.
-¿Pero qué dices? No haremos eso, ¿Te das cuenta que se verá lo tan crudo que estamos?
-Me da igual quiero ver por mis propios ojos que tan mal están.
Solo se miraron y no dijeron palabra alguna, se quitaron las gafas oscuras y sus ojeras eran más feas que de costumbre. Cualquiera que los viera sin ellas sabría que no han dormido y tomaron hasta el cansancio.
-Espero que no los vayan a suspender por su aspecto.
-Solo no se lo digas a nadie.
-No lo hare, pero sí que me deben una grande.
Ambos se volvieron a posicionar sus lentes oscuros y los tres caminamos juntos hacia nuestra primera clase. Como era de esperarse la Señorita Kelly siempre impartía su clase de filosofía con gran emoción, era a la única persona que conocía la cual en verdad amaba su clase, para mí las palabras que a veces ella citaba eran muy raras así que me tomaba la molestia después de investigarlas, para Sebastián y Susana hoy no era su día de suerte, pues la señorita Kelly no dejaba de parlotear y ellos no hacían más que tomarse la cabeza con las manos para que les dejara de retumbar, ya estaba claro que la que tendría que vigilar por ellos todo el día seria yo.
Después de las primeras horas de la mañana los tres acordamos que nunca jamás nos volveríamos a poner en ese grado de borrachera cuando al otro día tendríamos clases, yo no tenía que dudar que ese pacto lo cumpliría, pues desde la última y primera vez que lo hice me basto para el resto de mi vida y más aún porque no recordaba los sucesos de esa noche y quería saber en verdad que me pasaba, pero esperaría a que mi cerebro lo hiciera por sí solo.
-¿Y si mejor nos vamos sin que nadie se dé cuenta? – formulo Susana
-Estás loca, eso plantearía que te perderías el resto de las clases.
-Pero en verdad ya no aguantare otra hora más si un maestro decide parlotear toda su clase.
-Eso les pasa a ambos por irse de jerga toda una noche sin pensar las consecuencias, aun no creo el cómo ambos están aquí.
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¿Jugamos? EDITANDO.
RomanceEva Charlotte Valentina, princesa de Italia. Es una joven universitaria que se ha mudado a Canadá con sus padres para salir de la prensa italiana y vivir una vida normal. Sin esperar nada de su nueva vida, el destino la sorprende y su nuevo profesor...
