semana 18

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El lunes, desde un teléfono público, ya que me niego a encender mi móvil, llamo al colegio para informales de que aún no puedo regresar. El director de la escuela se impacienta porque no le cuento nada y me pide que hable con Lydia un momento, pues le ha solicitado que si llamo, se lo pase.

Deucalion, ahora no puedo. Volveré a llamar pronto.―y cuelgo.

Sé que no es la mejor manera de tratar a mi superior, pero ahora no estoy para modales. Por la tarde, vuelvo a ir al mismo teléfono público desde el que llamé esta mañana a mi escuela y decido llamar a mi pequeña sobrina. Sé que es lunes y que estará pendiente de que la llame.

No le voy a contar nada y espero que esté lo suficientemente ocupada como para tratar de colgarme lo antes posible.

¿tío? ―la escucho decir de forma alterada.

Hola cie... ―me corta.

¿Dónde estás? Te he llamado mil veces ―se me rompe el alma. Sé que algo está pasando.

¿Qué ocurre? ―pregunto asustado.

Todo está fatal.

¿Pero qué pasa, cielo?

Tía Erika está en el hospital y papa está destrozado.

¿Pero, qué ha pasado?

Ven, por favor ―me suplica mi pequeña entre llantos.

Voy para allá, tardaré unas horas, pero intentaré llegar lo antes posible.

Veo borroso y deseo salir ya.

Cuelgo y salgo corriendo hacia el hotel, recojo mis cosas y me voy a la estación. Cojo un tren hasta Madrid y en Madrid, consigo subir al último AVE del día con destino a Barcelona.

Cuando llego, son más de las dos de la madrugada y cojo un taxi hasta el pueblo que abandoné hace dos años y que juré no volver a pisar nunca más. Sobre las tres y media, el taxi me deja en la puerta de la casa de mi hermano. Por suerte, no han echado la llave y puedo entrar. Me dirijo hacia el salón donde veo que hay luz. Acurrucados en el sofá duermen mis dos angelitos. Carla abraza a su hermano Gerard. Al ver a mi pequeño sobrino me emociono, es la primera vez que le toco su bonita cara.

Me tapo la boca porque con mis sollozos, les acabaré despertando.

También lloro porque mi sobrina me ha necesitado y yo he estado escondido en la otra punta del país. Me doy cuenta de que soy un gran irresponsable. Finalmente, cuando consigo dejar de llorar, me tumbo en el sofá como puedo con ellos y me quedo dormido rápidamente.

Por la mañana, un ataque de besos de mi sobrina y las risotadas del pequeño Gerard, me despiertan.

Me hacen sonreír pero también me hacen ver que esto no es una pesadilla, sino que es la pura realidad. Cuando tengo un momento a solas con Carla, le digo: ―Carla, cuéntame por favor cómo está la tía Erika y qué ha pasado.

―Está ingresada en el hospital desde el jueves. No sé qué ha pasado exactamente, pero sé que está muy grave ―al escuchar lo de grave me asusto.

―Cielo, ¡lo siento! ―decido contarle toda la verdad.

Y le cuento: ―Me enfadé con Derek y con todo el mundo y me fui a Sevilla para pensar. Nunca imaginé que pasaría esto. ¿Me perdonas? ―le digo entre sollozos.

―Claro, yo ya sé que eres el mejor tío del mundo y que algo tenía que pasar para que no te localizara.

Me abraza para consolarme y me da mucha fuerza. De repente, me sigue contando: ―Derek me llamó y me tranquilizó explicándome un poco la historia.― ¿Ha dicho Derek, o es mi obsesión que hace que escuche su nombre? Me pregunto a mí mismo. Carla sigue contándome:

Cogetelo ||Sterek|| ~Terminada~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora