-¡Hey!- Janet llamó la atención de su mejor amiga tronando los dedos frente a su cara- ¡Vuelve a tierra chica! ¿¡En qué mundo estarás, Dios mío!?
Zoey la miró de soslayo. Se había quedado pensando en Alexandra… ¿Hace cuánto tiempo no veía a su hermana menor? Ya había perdido la cuenta.
-Yo… estaba pensando en mi hermana- respondió la chica mientras le daba vueltas a su comida. Juraba que si ella hacía la comida sería mucho mejor de la que servían en la cafetería del instituto.
-¡Otra vez sopa!- exclamó Janet.
-Bueno, bueno… que mi hermana es importante… ¿Acaso tú no piensas en Philip de la misma manera?- le recriminó.
-¡Por mí que le dé tortícolis a ese mocoso!- se quejó su amiga- ¡Agh! ¿Sabes que? Ayer rompió el jarrón de la abuela…
-¿En dónde estaban las cenizas de…- Zoey no alcanzó a terminar la pregunta… le daba pena recordarle la muerte de su difunto abuelo.
-¡Sí, el mismo! ¿Y sabes qué fue lo peor? ¡Qué el idiota me culpó a mí! Claro, pero cuando se corre por al lado de la chimenea como si estuviera en la tercera guerra mundial y luego se rompe algo… la culpa termina siendo de otros… Y ésta vez los platos rotos me tocó pagarlos a mí… Me llevé castigos que no me correspondían por el mocoso repugnante. Y Gregorio que tampoco me ayuda demasiado. ¿Te piensas que por ser el mayor me iba a ayudar? Mierda se preocupó por que mamá me rete. Eso me pasa por ser la hermana mediana. Cuando se es menor o mayor llevas las de ganar, pero sino….
-Eh… eh- la calmó su amiga- que yo soy hija única desde que papá y Alex se fueron, y en casa debo de hacer todo.
-Es diferente… tu padre y tu hermana no están para molestarte.
Bueno, por una parte su amiga tenía razón.
Zoey alzó un hombro y tomó un sorbo de su cajita de jugo frutal.
-Estás diferente- notó su amiga- ¿No te habrás puesto de novio sin avisarme chiquilla?
Zoey se atragantó frente a la observación de su amiga.
-¿¡Qué dices!? ¿Estás loca? ¿Novio, yo? ¡JAJAJAJA!- río con fuerza.
-¿Segura? Es que estas algo… rara.
-Son los exámenes, ya sabes… y además mamá me está ayudando a encontrar un trabajo, ya sabes, de medio tiempo y eso. Estoy muy preocupada… nunca está en casa… quiero ayudarla.
-¡Agradecería a Dios si mi madre nunca estuviera en casa!- dijo su amiga levantando las manos.- Pero bueno, que va. Todos queremos que nuestras mamás estén en casa, bien, tranquilas… me alegro mucho por ti cariño. ¿Qué te ha conseguido? ¿Te ha dicho?
-Todavía no me ha dicho nada, pero no creo que sea algo más que cuidar críos de menos de 3 años…
-Tarea difícil, suerte- dijo Janet frotando sus manos y comiendo el último pedazo de hamburguesa que tenía en su plato.
Janet y Zoey eran completamente diferentes. A Janet le iba mal en aproximadamente el 85% de sus materias, mientras que Zoey era la chica promedio 10. A Janet le gustaba la marcha… mientras que a Zoey, con leer un libro por la noche le bastaba para divertirse. Janet era rebelde, única, coqueta, te llamaba la atención al primer instante que la veías y nunca tenía un problema para relacionarse con nadie, Zoey era completamente lo opuesto, cerrada, callada, no le gustaba llamar mucho la atención, pero sí era independiente y segura de sí misma, sabía hasta dónde iba a poder llegar y quién quería ser en su vida. Janet era la única hija mujer entre su familia, le molestaban sus hermanos y vivía constantemente peleadas con ellos. Zoey amaba a Alexandra desde la distancia.
Tal vez por ello eran mejores amigas, dicen que los polos opuestos se atraen, y ellas eran los dos extremos más diferentes que había en una amistad.
Janet terminó de masticar y se ató de nuevo el rizo rubio que le caía al costado de su rostro. Miró a su amiga y recordó lo que le tenía que decir.
-El viernes por la noche hay una fiesta…- comenzó despacio mientras tomaba un sorbo de su jugo- y vamos a ir, aunque no quieras.
-Pero… yo…- comenzó a excusarse Zoey, no tenía ganas de ir a ninguna fiesta, sinceramente.
-Nada de peros- le advirtió- ¡Zoey cariñito, es hora de que salgas de una buena vez de tu cápsula! Luego te resultará más fácil entender todo… ¡Es en serio!- se quejó su amiga cuando vio como Zoey desconfiaba de ella.
-Está bien Jany, ¿a qué hora pasas por mí?- preguntó Zoey, sabiendo que no tendría posibilidad alguna de negarse ante su amiga.
-A las 21.00 pm, estoy en tu casa. Puntual, nos vemos en clase de Filosofía- le advirtió su amiga, antes de pararse e irse corriendo hacia los casilleros.
Lo peor de ir a clases, era que antes tendría que pasar por su casillero, y eso implicaba encontrar una nota dedicada por Marcie, la molesta chica prototipo de las porristas. Delgada hasta más no poder, rubia, ojos claros y voz chillona como ninguna, ¿algo más irritante que aquello? Nada.
Zoey cogió la nueva nota que se calló al piso cuando abrió su casillero, ésta vez llevaba escrito con una letra en cursiva, muy redondeada y femenina, “Ten cuidado con la soga, se te deformará el culo más de lo que lo tienes, Marcie”. Zoey se había caído varias veces de la soga en educación física, pero, ¿qué más podía hacer con sus pocas habilidades? Odiaba educación física. Y también odiaba a Marcie… la podría haber delatado más de una vez, sus notas estaban firmadas por ella y la directora podría haberle aplicado medidas, o expulsarla en todo caso… pero, si lo hacía era como si no hubiera hecho nada, como si la delatara y luego quedara mal. Marcie tenía a su padre metido en la escuela y eso significaba que de una manera u otra estaba protegida.
Sacó sus libros de Matemáticas y se dirigió a su clase.
Zoey se sentó en uno de los últimos asientos, su compañero de banco ya estaba allí.
Luke la miró con una sonrisa encantadora, tenía el cabello rubio despeinado y sus ojos celestes brillaban muchísimo. Zoey lo saludó con entusiasmo.
-¡Hey Luke!- dijo la chica chocando su mano y haciendo su saludo diario con él. Solo confiaba en él y en Janet, ellos eran sus únicos amigos.
-¡Hey corazón!- le dijo, acostumbraba a llamarla así- ¿Va todo bien?
Zoey hizo una mueca y negó con la cabeza, luego se sentó a su lado. Le tendió la nota que había escrito Marcie.
-¿¡Está loca!?- preguntó algo exaltado, Zoey asintió- ¡Pero si tienes un culo hermoso!
-¡¿Qué dices?!- rio la chica y le empujó un hombro lo bastante fuerte como para que Luke se quejara.
-Okey, okey… tal vez tenga razón y se te deforme.
-¡¡Luke!!- exclamó.
-Está bien, ya- se acercó a la chica y le susurró- tranquila, a mí se me deformará de lo más seguro- lo que hizo que Zoey rompa a carcajadas.
Luke sonrió y sacó su cuaderno. Lo mismo hizo Zoey, cuando dejó de mirar a su compañero y volvió en sí.
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Si tú lo dices ||n.h||
FanfictionZoey se sentó en su vieja cama rechinadora con lágrimas en los ojos. ¿Por qué siempre tenía que ser tan estúpida? ¿Por qué siempre terminaba con el chico equivocado? ¿Qué había hecho mal en la vida para que le tocara ese destino? Las lágrimas corri...