Capítulo trece.

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Narra Zoey.

-Así que, de una forma u otra, estás enojada con Niall- concluyó Jany, mientras estábamos esperando que la camarera nos traiga nuestras bebidas.

Asentí.

-¿Y no pensaste que, al menos, podría haberse preocupado un poquito por ti?- dijo mi amiga achicando los ojos.

-¡Pffff!- resoplé- ¡Tú porque no viste como me observaba! ¡Solo me cubría una toalla Janet, toa-lla!- me sonrojé al recordar como me había mirado de pies a cabeza- ¡Además, es un idiota! Estoy segura de que me ayuda y que me quiere hacer ilusionar porque me quiere llevar a la cama... es un...

-Tal vez te quiera- me interrumpió y se encogió de hombros, mientras recibíamos las bebidas y le daba un largo sorbo a su batido.

-¡JAJAJA!- me reí fuerte- Jany, Niall no puede querer a nadie... es tan bipolar... un segundo me maltrata y al otro...

El celular de Janet comenzó a sonar. ¡Por favor, no podía hablar un minuto tranquila! ¡¿El mundo se había vuelto en mi contra o qué carajos?! Me llevé la mano al lóbulo de mi oreja derecha. El acto reflejo que indicaba que me sentía frustrada y nerviosa. Seguro que Niall me molestaría con eso... ¿Y por qué mierda pensaba en lo que le molestaba al idiota? ¡Yo no lo quería! Es tan tarado e insulso que....

-Zo, me tengo que ir, perdón- dijo mi amiga interrumpiendo mis pensamientos. ¿Qué, en serio? ¡Santo karma! 

Hice una mueca.

-¿Ya?

Janet asintió.

-Perdón linda, luego hablamos sobre esto, ¿sí?- me sonrió de lado y me dió un beso en la mejilla-, en todo caso, no creo que Horan sea tan malvado, no te va a matar ni nada por el estilo...

-Oh, yo creo que sí, en cuanto nos crucemos me va a aplastar como a una mosca.

-¡No seas tan paranóica, después de todo no hiciste nada! Tan solo lo humillaste un poquito...- dijo riéndo levemente.

Sonreí cansada. Todo este problema con el estúpido al que tenía que cuidar se estaba llendo por la borda. 

Después de que Jany se valla, pagué los batidos y tomé el bus a casa. ¿Hace cuánto que no pisaba mi querido hogar? Realmente extrañaba mi cuarto, mi radio, todos mis libros... Añoraba estar con mi madre y disfrutar de los domingos junto a ella. Añoraba a Alex y también a papá. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil para mí? Ojalá pudiera estar en Los Ángeles, de compras con Alexandra, riéndo y comiendo algodón de azúcar, caminar junto a ella por la playa, ir a los parques de diversiones, cenar junto a papá... 

Miré por la ventanilla, ahora era mi turno de bajar. 
Caminé dos cuadras hasta llegar a casa, y a lo lejos divisé a mi madre cortando la maleza que se extendía a los alrededores de la vereda de nuestro departamento.

-¡Mamá!- la saludé con un abrazo.

-¡Zoey, mi niña!- corrió hacia mí y me respondió al abrazo. Me acarició el cabello y luego se separó de mi, me agarró por los antebrazos con sus manos enguantadas.- ¿Cómo estás?

-Bien- respondí con una sonrisa-, ¿qué tal todo por aquí?

-Va todo bien, ven... sigue siendo nuestra casa amor... te voy a dar algo de comer, debes de tener hambre- dijo, mientras me empujaba hacia la cocina.

-Está bien, tome un batido por ahí, pero un té no nos vendría mal- dije mientras me sentaba en una silla.

-¿Qué tal todo en lo de los Horan?- me dijo mientras preparaba el agua en la tetera.

Si tú lo dices ||n.h||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora