Está en las pequeñas cosas que vemos. El primer paso de un niño que es como un terremoto. La primera vez que montas en bicicleta y vuelcas sobre la acera. La primera bofetada. Cuando tu corazón te llevó a hacer tu primer viaje. Cuando te llamaban llorón, o pobre, o vaca, o loco y eso te convirtió en un marginado, bebiste su ácido y lo ocultaste. Después, cuando te enfrentaste a las bombas y a las balas, no fue con una pancarta, sólo con un sombrero para cubrirte el corazón, no te regodeaste en la debilidad en tu interior, aunque ahí estaba. Tu valor es un pequeño carbón que seguiste tragando.
ESTÁS LEYENDO
Volver
PoesieTe quiero para un café, dos cigarros, cien besos, mil caricias y toda la vida.