CAPÍTULO 7

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"No quiero perder tu toque. No quiero lastimarte. Puedo sentir que estas escapando"





Su mente la mayor parte de la semana está siendo ocupada por una simple persona: Joel Pimentel.

Sabe exactamente cuándo comenzó todo esto; cuando tuvo un sueño raro con el mayor.

Nunca. Ni con sus pretendientes pasados tuvo un sueño así. Estaban en la habitación del hospital, de noche, riendo como siempre cuando de pronto juntaron sus labios. La sensación era tan real.

El sueño lo persiguió toda la semana, hasta el punto de preguntarse si acaso le gustaba Joel.

Analizó muy bien todo:

Le gusta estar con Joel.

Le gusta hablar con Joel.

Siente la necesidad de cuidar a Joel.

Lo más difícil de estar con él eran aquellos silencios. Ver al chico guardar silencio, sufrir en secreto.

Finalmente llegó a la conclusión que debe ser algo pasajero.

—¡Joel! —gritó Erick interrumpiendo su lectura, éste sonrió y levantó la mirada.

—¿No es muy temprano para venir? Acabo de despertar.

—Sí se nota. Estás todo despeinado —señaló —. Adorable.

Joel sonrió, aunque fuera mentira, deseaba que Erick le dijera más cosas como esas.

Erick se notaba inquieto y trataba de ocultar una sonrisa. Joel estaba a punto de preguntar cuando el otro se adelantó.

—¡Debo mostrarte algo! —sacó su teléfono y entró a la galería.

—¿Eso qué es? —preguntó aguantando una carcajada.

—Richard a punto de vomitar —carcajeó.

—¿Quién es Richard?

—Un amigo —rio —. Se mudó conmigo por unos meses, mientras encuentra un departamento.

—Oh —murmuró.

—Hoy no podré venir —frunció los labios con tristeza —, necesito revisar unos exámenes.

—No importa —se encogió de hombros —. Estaré leyendo —señaló el libro que ahora guardaba como un tesoro —, es interesante.

—Me alegra que te haya gustado —acarició su brazo, y en un impulso se acercó lentamente al mayor logrando que ambas respiraciones lograran mezclarse.

—Erick...

La puerta se abrió de golpe revelando a Christopher algo desconcertado por la escena un tanto íntima.

—Uh... —se mordió su labio —, ¿Interrumpo?

—No —Erick se volteó con una sonrisa —, ya terminamos la sesión. Volveré por el otro chequeo más tarde, Joel —sonrió y salió de la habitación junto a su amigo.

Mientras Joel solo podía apretar los puños. Otra razón para odiar a Vélez.

—No me contaste que te gustaba Pimentel, enano —Christopher palmeó el hombro del más bajo.

—¿Qué diablos? No me gusta Joel, idiota.

—No me engañas yo mismo los vi muy cerquita. Llegas tarde a tus otras consultas por estar con él. Y como te le quedas mirando y te pierdes en sus ojos... No te culpo tiene bonitos ojos y pestañas...

—¡A qué sí! —saltó Erick —. Y si las ves de cerca son más hermosas. Me gustaría robárselas y...

—¡Allí lo tienes!

—Deja las alucinaciones, Chris. Mejor dame vacaciones.

Medianoche cayó y Joel veía la pequeña ventana a su lado. Un libro descansaba sobre su regazo cuando una sonrisa involuntaria se formó en sus labios.

Erick ha alegrado sus días con tan solo escucharlo.

Las terapias dejan de ser tensas, simplemente es él contando sus miedos.

Y aunque a los dos les cueste admitirlo; Joel y Erick han formado una amistad y con eso Joel está bien.

Sin querer le tiene confianza a aquel doctor de cuarta. No sabe por qué, pero cada día espera ansioso cada sesión.

Erick no lo juzga.

Erick es comprensivo.

Erick le brinda la paz que nunca antes conoció.

Pero de repente todo en él decae. Se pone a pensar: "Erick es doctor" "Erick solo hace su trabajo" "Erick no me ve como su amigo, para él soy un simple paciente"

Y es lo que odia de estar solo.

La soledad lo hace pensar. La soledad lo vuelve vulnerable. Hace que se odie más.

Podría llamar a Erick su mejor amigo...

Aunque el otro no lo viera de esa forma.



muerto || joerickDonde viven las historias. Descúbrelo ahora