Verdad.

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Por primera vez en tres días se sostenían la mirada. En ambos pares de orbes había incertidumbre y determinación.

Kaname respiró hondo. Aun no estaba seguro de qué decir, qué preguntar, qué esperar de eso, pero sabía que su hija tenía razón: debían hablar; era absolutamente necesario; pero eso no quitaba sus nervios. Zero se había vuelto alguien especial para él, por eso temía lastimarlo, por eso temía haberlo lastimado.

Tal vez, miles de recuerdos se desataran en esa conversación. Tal vez, terminaría más deprimido que cuando entró. Tal vez, eso los dañaría a ambos...

Tal vez...

Vale. ¡Solo hazlo!

— Comencé a recordar...—partió inseguro, sintiendo un regustillo amargo en la boca. — Ya no es como antes, cuando sólo eran sueños difusos; ahora realmente puedo recordar escenas, conversaciones, lo que sentí en esos momentos... Llegan como destellos. Es algo confuso.

Zero sostuvo su mano, dándole un ligero apretón, infundiéndole ánimo. Él sólo quería hundirse en ese sofá.

— Él día que me enfermé tuve un sueño, un recuerdo...sobre ti y tu hermano.

Kaname bajó la mirada y Zero imaginó lo peor. Sabía que en algún momento el castaño los recordaría, a Ichiru, a Yuuki, a él; pero había desplazado el tema, hundiéndolo en lo más profundo de su mente. "Cuando llegue el momento, veré qué hacer". Bueno, el momento había llegado ¡y él aun no sabía que hacer!

Su mente trabajaba rápidamente. ¿Qué exactamente había recordado? Apostaba que ni uno solo de esos recuerdos podría ser bueno; no ahora que el mayor le había tomado algo de aprecio.

Esperó ansioso a que el castaño continuara.

— Tú no lo recuerdas. No podrías recordarlo. —hizo una pausa que sólo provocó más ansiedad en el menor. — Nos conocimos un día nevado, cuando ustedes tenían seis años. Estaban solos, sus padres tenían una misión y aún no llegaba nadie a cuidarlos. Ustedes me salvaron. Me encontraron herido y me ayudaron.

La sorpresa se apoderó del cazador. Sí, sus padres solían dejarlos por semanas debido a sus misiones; Yagari o Lisa los cuidaban en tanto ellos regresaban, pero como su hogar estaba alejado del pueblo se tardaban unos días en llegar.

Sabía que las palabras del castaño eran reales. Decía la verdad. Pero era difícil aceptarlo.

— Me tiraron con un perro. Khaos, se llamaba. —sonrió.

Sí, lo recordaba. Un hibrido de Alaskan Malamut y lobo.

— Recordé sus rostros felices, sus risas...—Kaname bajó la mirada a sus manos. Las sentía frías. — Pero cuando desperté... Sé que les hice algo horrible... Aun no lo recuerdo, pero lo sé. —alzó nuevamente la mirada. Zero sintió su estómago cerrarse. — Necesito que me respondas. ¿Fui yo quien lastimó a Ichiru? ¿Por mi culpa el...?... Por favor, Zero...

Los ojos borgoña reflejaban miedo, un temor tan intenso que le dejó sin palabras. Hace 600 años atrás le hubiera gritado que fue su culpa, que él mató a su hermano. Pero ahora... Ahora ni siquiera estaba seguro de la participación de Kuran en todo eso; qué había hecho y qué no. ¿Cómo podría explicarlo? ¿Era culpable de la muerte de su hermano? Tal vez. Para él lo fue, en su momento, hace cinco meses. Pero Kuran no fue culpable de las decisiones de su hermano... Por mucho que hubiera manipulado situaciones a su favor, al menos a Ichiru, no lo había obligado.

Aquello se estaba volviendo complicado. Muy complicado.

¿Conoció a Kuran cuando era niño? Le gustaría recordarlo. Para él, su primer encuentro fue en casa de Cross; cuando intentó atacarlo con un tenedor.

Flor de AlmendroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora