Abrió los ojos lentamente. Los sentía pesados, como si su cuerpo le exigiera continuar su descanso, y estuvo a punto de continuar durmiendo cuando dos siluetas asomaron su campo visual.
—Hola—saludó una voz dulce, desconocida para él.
Parpadeó un par de veces y se obligó a levantarse, incorporándose con dificultad. Cada músculo gritó dolorosamente por el esfuerzo y no pudo evitar soltar un quejido.
—Ten cuidado...tu cuerpo aún debe acostumbrarse.— escuchó esta vez la voz de un chico, al tiempo que unas suaves manos lo ayudaron a sentarse.
Entonces alzó la vista y tras frotarse los ojos, pudo distinguir las dos figuras a su lado. Una hermosa chica de cabello y ojos color chocolate junto a un joven de cabellos plateados y ojos amatista.
No podía reconocer sus rostros, eran completos extraños para él. De hecho su propia existencia era desconocida. No sabía su nombre, edad o aspecto. Ni siquiera recordaba que tuviera familia o dónde estaba. Comenzó a sentir miedo, miedo a lo desconocido y ambos chicos notaron esto.
Sabían que no sería fácil explicarle al castaño lo sucedido y comenzaban a dudar qué era lo que realmente deberían decirle.
La castaña fue la primera en tomar la palabra. Con voz suave y mirada cariñosa se acercó al castaño mayor tomando sus manos para tranquilizarlo.
—Tranquilo...estoy segura que debes de estar muy confundido pero te explicaremos todo a su debido tiempo.
—Será mejor que subamos.—dijo el joven—Mi nombre es Ren, por cierto.
Nombre...Él no podía recordar su propio nombre. Sólo asintió a las palabras del chico que lo ayudó a levantarse. Ya no sentía las piernas tan temblorosas, y su cuerpo ya no dolía tanto por los movimientos.
—Mi nombre es Mitsuki.— sonrió suave la castaña —Y el tuyo es Kaname...Kuran Kaname.
<<Kaname >>
<<Kaname-oniisama>>
<<Kuran>>
<<Kaname-sama>>
<<Kaname-kun>>
Las voces se superponían unas a otras, repitiendo ese nombre, su nombre, de distintas formas. Sintió un peso en su pecho y un nudo en su garganta ¿Tristeza? ¿Nostalgia? No lo sabía, pero de lo que no tenía duda era que ese nombre le pertenecía. Lo sentía suyo.
Caminaron por la lúgubre estancia hasta unas escaleras. Al parecer se encontraban en un sótano, algo que pudo comprobar luego se subir las interminables escaleras y salir por una pequeña puerta.
De inmediato la luz lastimó sus ojos. Tardo unos segundos en acostumbrarse, para luego mirar asombrado el lugar. Un jardín lleno de flores.
Mitsuki observó conmovida la mirada maravillada de su padre. Recordaba las historias de su mamá y su papá, en ellas siempre describían a su padre como elegante e indescifrable, con una mirada arrogante y seria. Según le habían contado, su padre debió aprender a comportarse como un honorable sangre pura desde muy pequeño, controlando cada gesto y palabra que saliera de su boca. Por eso jamás imaginó ver el rostro fascinado de su padre. Era como un niño pequeño explorando los alrededores, expectante a todo.
— ¿Allí viven?—preguntó Kaname al ver la enorme mansión a unos metros de distancia.
—Sí. Vamos, hay alguien más que debes conocer. — respondió Ren quien, al igual que su hermana, veía enternecido al mayor.
Retomaron el camino a la mansión entre un silencio ameno. Kaname tenía miles de preguntas en su mente que no se atrevía a externar. Comenzaba a dudar. No quería conocer su pasado, ni siquiera quién era en realidad pues temía el haber hecho algo muy malo. Cada vez que pensaba en su posible pasado sentía una presión dolorosa en el pecho, como si algo en su interior le advirtiera que no debía indagar más allá.
Luego de diez minutos llegaron a la mansión. Era, sin dudas, un lugar hermoso pero unos ojos amatista captaron toda su atención. Eran idénticos a los de Ren pero estos lo miraban fríamente, haciéndolo sentir nervioso. Notaba la ira de esa persona parada en medio del salón.
—Papá...—murmuró Ren dirigiéndose al peli plata mayor, que solo asintió y tomó asiento en uno de los sofás individuales frente a la chimenea apagada.
—Vamos.—susurró la castaña a su padre, tomándolo de la mano para guiarlo a los sofás.
Un silencio tenso se instaló en la estancia y ambos jóvenes decidieron salir para dejar a los mayores hablar.
Era necesario que así fuera.
— ¿Estás seguro de esto?— preguntó preocupada a su hermano mientras caminaban por los desolados pasillos.
—No. Él solo parece un niño perdido...no hay maldad en su mirada, pero papá...
Ella asintió, comprendía bien las palabras de su hermano. La pregunta era ¿Cómo reaccionaría Zero al cambio?
*
*
*
Se sentía intimidado y temeroso, esos ojos transmitían cierto odio. Sus manos temblaban, y por más que intentó sostener su mirada, terminó por bajar la cabeza fijando sus ojos en sus manos.
—No hagas eso. No desvíes la mirada.
Su voz sonó autoritaria, molesta, y el castaño se encogió en sí mismo antes de levantar la mirada dudoso.
—¿Recuerdas algo? ¿Sabes quién soy?
Kaname negó con la cabeza, sin atreverse a hablar. Sentía que si abría la boca, su voz no saldría.
—¿Perdiste la voz acaso?
—Lo siento, yo solo... ¿quién eres?—el miedo y la confusión se demostraba claramente en su voz, lo que sorprendió a Zero.
— ¿En verdad no recuerdas nada?—preguntó esta vez siseante, amenazante.
No entendía qué demonios había pasado con el rey de los vampiros. ¿Dónde diablos había quedado la arrogancia y elegancia de Kuran Kaname?
La furia lo envolvió.
—¿No lo recuerdas? ¿No recuerdas que hiciste mi vida miserable? ¡Tú estuviste tras la muerte de mis padres, de Ichiru! ¡Me convertiste en tu puto títere! ¡¿No lo recuerdas, eh?! ¡¿Acaso olvidaste todo el sufrimiento que causaste?!
Kaname se encogió sobre sí; miraba con pánico como con cada palabra el peli plateado alzaba cada vez más la voz, levantándose del sofá con los puños apretados, avanzando amenazadoramente hacia él.
Kaname cerró los ojos con fuerza, esperando un golpe. El golpe no llegó. En cambio, imágenes inundaron su cabeza, una tras otra.
Una mujer gritándole. La misma mujer acariciando su rostro. Esa mujer protegiéndolo de unos hombres con armas. Celdas. Llamas. Caos. Ojos amatista. Cabello plateado. Sonrisas compartidas. Guerra. Un horno de fundición. Muerte. Ojos castaños, dulces. Sonrisas tiernas. Destrucción. Y, sobre todo, sangre.
Un grito lo despertó de ese horrible trance. Era su propia garganta destrozándose.
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Hola!! Pueden llamarme Zils y les doy la bienvenida a esta historia ^^
Hace un tiempito tenía esta idea rondando en mi cabeza y me decidí a escribirla. Además de que la pareja de ZeroxKaname no es muy escrita, así que pensé en poner mi granito de arena.
Unas pequeñas aclaraciones:
~Esta historia no es apegada al manga.
~El pasado de Kaname se irá revelando poco a poco y tendrá modificaciones.
~ Este Fanfic está en Amor-yaoi bajo el mismo nombre y el seudónimo de "Zils"
Muchas gracias por leer y espero les guste la historia.
Un abrazo de oso y que tengan un lindo día!! 🐻
ESTÁS LEYENDO
Flor de Almendro
FanfictionYuuki lo había decidido: su hermano merecía una segunda oportunidad. Después de tantos años buscando una forma de hacerlo, la había encontrado y esperaba de todo corazón que su hermano pudiera ser feliz viviendo como humano y que lograra descongelar...
