El timbre del recreo sonó, sin embargo, Hikari se mantuvo en su lugar. Justo ese día Naoki había faltado, y como el era charlar. Eso se debía a que, el primer día de clases, no dio una muy buena impresión. Además, ella no quería hacer ningún amigo mas… y amigas mucho menos…
- ¡Sasuke-kun!- gritaron todas las niñas, corriendo hacia el ya nombrado, con corazones en los ojos.
Hikari, hizo una mueca de desaprobación. Ellas parecían unas perritas moviendo la cola a su amo. Lo elogiaba y lo acosaban para obtener su atención, igual que a un perro. No importaba que le dijera el uchiha, ellas seguían y seguían amándolo y diciéndole lo guay que era, etc., etc., etc. Y no era solo por eso, a las niñas parecían importarles mas su apariencia que sus habilidades. Solo para que él se fije en ellas.
Para los ojos de Hikari, esas niñas se veían ridículas. Se peleaban por el mismo niño, unas cuantas usaban ropa llamativa y hasta creía ver una con maquillaje, que seguramente se lo robo a su madre.
La azabache resoplo por todo los gritos agudos que había en el aula. A ella le gustaba mas el silencio y la tranquilidad, no el ruido y el descontrol.
Hikari miro al frente, dándose cuenta de que, a unos bancos mas delante de ella, había una niña. Además de la hatake, aquella niña era la única que no gritaba el nombre del azabache. Es mas, parecía como si estuviera entretenida con algo mas, pero Hikari no podía verlo al tenerla de espalda.
La de cabellos desordenados suspiro, antes de acercarse a ella, para así saber lo que la tenia tan entretenida.
- Hola – saludo Hikari, con una pequeña sonrisa observando de mas de cerca a la infante.
Ella, tenia el cabello laceo de un violeta oscuro. Su tez era pálida, sus ojos del mismo color de su cabello y tenia unas notorias ojeras. Vestía una capa violeta que le llegaba un poco mas arriba de los tobillos. Debajo de esta, un top suelto de algodón y un short apretado de dril, negros. Y en sus manos, tenia un muñeco un poco feo a ojos de Hikari. Era de un color azul oscuro. Sus ojos eran botones rojos y su boca estaba cocida en forma de sonrisa.
- Hola – devolvió el saludo con una voz que le pareció muy rara a la azabache.
- Soy hatake Hikari – se presento, sentándose al lado de ella.
- Mikoshi Hayami, él es ryuk - menciono apuntando a su muñeco, quien movió su brazo para saludar a la azabache. Hikari no pudo evitar sorprenderse.
- ¿ como hiciste eso?- pregunto, al no ver hilos de chacra que manipularan al muñeco.
- Puedo darle vida a cosas inanimadas, ese es mi kekkei genkai. Sabes lo que es, ¿ cierto?.
- Si, mi padre me comento sobre eso en uno de los entrenamientos… Sinceramente, es genial. Yo desearía tener uno, seria muy útil- dijo sin pensar, mientras sonreía.
-… ¿no iras a gritar el nombre de ese niño como las demás?- pregunto, luego de un buen rato de silencio.
- No, gracias. No quiero ser tan tonta como aquellas niñas, ni tampoco perder tanto tiempo. Prefiero usarlo para entrenar o hacer algo mas eficiente, como leer o aprender a cocinar y en los casos mas extremos, dormir.
- Yo pienso igual- le dijo, prestándole atención al muñeco
- ¿ es divertido pasar el tiempo con él?- pregunto, después de unos segundos y la ojivioleta asintió como respuesta.
“ al parecer es de pocas palabras”
Pensó Hikari, observando a Hayami. Ambas se quedaron en silencio unos minutos, sin ninguna saber que decir, en especial Hayami.
- ¿Es el único objeto que le diste vida?- curioseo Hikari, para así romper aquel hielo que se había formado.
- No, también lo hice con unos cuantos muñecos mas- le respondió, prestándole atención a ryuk.
Hikari, siguió intentando entablar una conversación hasta que el timbre toco. Ella se dirigió a su asiento, abriendo su cuaderno, para apuntar lo que el sensei escribiera en el pizarrón. Hikari observo por ultima vez a Hayami, para después prestar atención a la clase.
“ no seria malo ser su amiga. Además, papa dejaría de insistir en que haga amigas. Después de todo, dijo que se conformaría con que haga solo una”
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Yoake no Hikari
Fiksi PenggemarNadie supo de dónde vino. Una noche cualquiera, una bebé apareció frente a la puerta de Hatake Kakashi. No había señales de lucha, ni pistas, ni un solo ruido. Solo una niña pequeña y tranquila. Por orden del Hokage -y quizás por una herida que aún...
