IX. Bad Romance

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Había perdido mi teléfono celular de regreso a una excursión escolar. Y un agravante del hecho era que el celular era prestado. ¿Ahora cómo iba a hablar con Dahlia? ¿cómo iba a comunicarme con la gente siquiera? ¿de dónde iba a sacar la plata para pagar lo que perdí?
Necesitaba tomar una medida que no fuese tan desesperada. Todas las noches le pedía prestado el celular a mí madre. Tenía un modus operandi: hablábamos con Dahlia y borraba todo después.
Me encantaba decirle lo linda que era y cuanto la quería pero tenía cierta inseguridad en todas aquellas cosas. Charlábamos sobre todo, pero generalmente coqueteábamos.
En clases casi siempre nos sentábamos juntas y a la salida del colegio la acompañaba hasta su casa. Íbamos con miedo, de que nos atrapen muy pegadas o de que nos digan groserías. No la pasábamos tan bien.
Y empezaron los problemas, empezaron las discusiones, las decepciones y las frustraciones. Y peleábamos todas las noches porque yo me comportaba de forma cruel y ambigua. Después me sentía culpable. Las discusiones pasaron a ser un hábito más. Los celos irracionales, el control sobre su habla o como se dirigía hacia mi persona y mi constante inseguridad sobre mis sentimientos para con ella formaban parte de los tantos problemas que nos afectaban. Deteriorando nuestro lazo afectivo. 

Después de un tiempo, todo era un problema. Recuerdo una noche que me volvería sola y tarde a mi casa por lo que Dahlia estaba preocupada. Eso alarmó a su familia y le preguntaron a modo de broma "ay.. ¿No te gustará tu amiga?" Y ella confesó y todo se cayó a pedazos. Ellá se abrió y ellos la despojaron hasta de su decencia. Sus padres eran super homofóbicos.
Poco a poco comenzaron a terminarse las salidas a las plazas o quedarse a dormir en la casa de la otra. Nos querían separar. Y yo admito jamás haber colaborado para que esta situación le sea más leve a Dahlia. Seguía atacándola y acusándola, la obligaba a charlar conmigo y a no decir tales palabras que no me gustasen. La invitaba a salir, sabiendo que iba a a tener un "no" por respuesta, y me enojaba. Y yo lloraba. Y yo lloraba, lloraba y me encerraba.

Resiliencia.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora