XIII. ¿No lo ven?

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     Al día siguiente pretendimos que estaba todo bien aunque sabíamos que nada andaba bien conmigo. La neuróloga había concluído en que mis dolores de cabeza eran parte de mis problemas psicológicos. ¿Cómo seguiría?
     Llegué al colegio llorando, era lo más predecible. La presión baja y el estómago gruñendo, no eran buenos signos. Apenas llegó el recreo Moon y Dahlia me preguntaron qué me pasaba. Entonces les conté lo de la noche anterior y miré el rostro de Dahlia, su mirada fija en mí y molesta. Me levanté peor e hiperventilé, no podía dejar de llorar. Me encerré en un baño y llegaron los directivos

Connie... ¿Qué te pasa? Salí y lo hablamos.— dijo la preceptora.

NO, no pienso salir dejenme sola.— solté entre lágrima y lágrima.

Connie.. Podemos hablarlo.

— ¿¡NO LO VEN!? ME QUIERO MORIR— confesé sin importarme nada más.

     Esa frase me envió horas a la oficina del director, una cita emotiva con mi mamá y un psiquiatra de urgencia en mi casa.

Resiliencia.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora