Capítulo once

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Ya hacía dos semanas que no le dirigía la palabra Nick o si le hablaba, era lo necesario, ya estaba cansada de que me vieran la cara de tonta. La visita de Nicole había afectado mucho más mi relación con Nick, y ya no podía soportar estar así con él. Era jueves y son las 10:30 am, hoy era mi día libre en el trabajo, así que para arreglar las cosas con Nick me dispuse a ir a la oficina de mi esposo. Al cabo de las 11:09am ya estaba vestida con un precioso vestido que Nick, unos meses atrás me había obsequiado, el cual era de color negro con un pequeño escote en la parte de los senos, y me llegaba un poco más arriba de las rodilla, lo acompañe junto con unos zapatos altos de color negro. No era de maquillarme mucho, lo único que coloque en mi rostro fue un poco de rímel para mis largas pestañas y un labial de un tono muy claro, llevaba mi cabello recogido, no me gustaba a peinarme de esa forma, pero para esta ocasión quería verme linda y diferente. Salí de casa y puse en marcha el auto, fije mi vista en mi celular y eran las 11:48 am.

Al llegar al trabajo de Nick, la recepcionista, Margareth Smith, ya me conocía, así que me indico en que planta se encontraba Nick, le agradecí, fui directo al elevador, estando ya dentro de este, analicé todo lo que hablaría con Nick. El elevador se detuvo en la planta once, salí de este, y me encontré con la asistente de mi esposo, esta me indico donde quedaba la ahora nueva oficina de Nick. Di dos pequeños toquecitos en la puerta con mis nudillos, y no escuche nada, pasaron alrededor de cinco minutos y nadie abría la puerta, así que me tome el atrevimiento de abrir la puerta ya que esta se encontraba sin el seguro. Mis ojos no podían creer lo que estaban viendo, esa mujer que conocía perfectamente, Nicole Martínez sentada en el escritorio de mi esposo:

-¿Interrumpo algo? –dije, y ambos voltearon a ver de quien se trataba

Necesitaba salir lo más pronto posible.

-Sam, cariño, ¿Qué haces aquí?- dice Nick con una expresión de sorpresa en su cara.

Cuando fui abrir mi boca para decir algo, hablo aquella mujer que empezaba a odiar: -Hola, Sam, que gusto verte de nuevo- dice con una sonrisa burlona-, ¿Cómo has estado?

-He venido porque quería hablarte de algo importante, pero lo hablaremos en casa, estas ocupado en este momento, así que me iré, por lo tanto pueden seguir en lo suyo- dije dando repuesta a la pregunta de Nick, e ignorando a Nicole, di la vuelta para salir del despacho de mi esposo.

-¡No, cariño!- dice Nick, antes de que diera un paso a la salida- Nicole, después hablamos, por favor, retírate- aquella mujer sin nada que decir, da media vuela y sale del despacho.

No decía nada, tenía mi vista fija en el escritorio, tenía tantas cosas que decirle pero ninguna salía de mi boca, quería pedirle el divorcio, pero eso sería darle gusto a Nicole, y no quería eso. Amaba a Nick, pero ya no podía soportar todo esto.

-Sam... Cielo, ¿Qué sucede?- dice Nick, haciendo que saliera de mis pensamientos.

-¿Qué me sucede?- repetí, mientras negaba con la cabeza y con una sonrisa sínica- Nick, ¿cómo puedes preguntar eso?

Él me miraba sin entender, tonto será.

-Me sucede que yo he venido con la intensión de arreglar todo contigo, al llegar a tu despacho consiga a tu amante muy cómoda sentada en tu escritorio- digo con mirándolo fijamente, Nick fue a decir algo, pero continúe hablando- no quiero que me expliques o me digas nada, pero necesito que me escuches bien, esto se acabó Nick, ya me canse de que tú y tu amante me vean la cara de tonta, no, ya eso se acabó lo he pensado muy bien y he tomado una decisión, quiero el divorcio.- no me podía creer lo que estaba diciendo, era una cobarde, estaba pidiéndole el divorcio a la persona que más amaba, no quería dejarle el camino libre a Nicole o a otras mujeres, tonta tenía que ser

-¿¡QUE!?- se levanta de su asiento y se coloca enfrente de mí-, no, no, y no, ¡estás loca mujer!... Sam, cariño, ella simplemente trabaja aquí, en la planta de abajo y solo vino a traerme unos documentos, nada más- decía, mientras sostenía mi rostros entre sus grandes y fuertes manos.

-¡Ay, por dios!- dije volteando el rosto-, y por eso tardaron tanto en abrir la puerta, y se sienta en tu escritorio

-Sam, antes de que llegaras estaba hablando con ella sobre lo que te había dicho semanas antes, le había dicho que se bajara de allí, pero simplemente me ignoro

No podía aguantar mas sus excusas, así que me levante del asiento y salí por la puerta de su oficina

Ya es tarde para la verdadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora