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Mica miraba los ojos verdes del pequeño bebé frente a ella.
Hizo una mueca y suspiró alejándose a una distancia prudente. Estaba enojada, con su mamá.
Ahora todo era ese bebé. Y su papi Harry estaba obsesionado con el pequeño, decía que era su campeón, su niño.
¿Donde quedaba ella?
Tenía más conocimiento de la situación pero, era una niña y quería a su verdadero padre. Y Perrie fue muy específica.
"Lo superaremos juntas, dulzura" "Se fue al cielo"
Estaba descontenta con esas respuestas.
Le quitó el chupete al bebé frente a ella y le saco la lengua. Ya no lo quería.
- Regrésalo a la cigüeña .-Chilló a su madre.- No lo quiero.
Harry levantó la mirada de su computadora y frunció el ceño. Se levantó tenso y cargó al pequeño.
- Es tu hermano .-Contestó molesto.-
- No.
Perrie suspiró haciendo círculos en su sien. Se acercó a la rubia y le acarició su mejilla.
- Es mi hijo, por lo tanto, es tu hermano.
- Papi lo quiere más.
Edwards quiso negarlo. Pero la niña le señaló cómo el rizado sentaba al bebé en una sillita junto a él.
La mayor rió y tomando la mano de su niña, se acercaron a Harry.
- ¿Harry?
Sus orbes verdes le miraron con diversión y una pizca de enojo.
- No serás mi sangre, pero yo te crié, y te amo con mi vida, eres mi hija y ahora tienes un hermano. Quiérelo mucho tanto cómo nosotros lo hacemos.
Mica estaba mosqueada con eso. Se cruzó de brazos y miró al niño del frente. Era ridículamente más bonito que ella. Y jodidamente adorable con sus cachetes gordos y rosados.
- Tienes 8 años, mi amor. Eres más madura y tienes que entender que ahora vas a cuidar a Zahid.