Capítulo XXXVII

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Una vez que Sharon llegó al cuartel en el desierto, Jack y Brandon llevaron a Sharon hasta el último piso, uno al que muy pocas personas tienen acceso.

- ¿No vas a decir nada? - Sharon le preguntó a Jack

Jack y Sharon conectaron sus miradas.

- Espero que pronto termine esto, te recomiendo que colabores

- ¿No vas a leer la carta?

- Tengo cosas más importantes que hacer, pero la tendré en mente

De pronto, el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron, del otro lado estaba un hombre de gran estatura y de grandes músculos, con la cabeza rapada y la barba larga, vestía unas botas de militar, un pantalón camufle y una camisola gris.

- ¿Ella es de quien se habla?

- Depende - respondió Sharon - ¿Qué has escuchado?

- Grandes cosas... Eres una máquina asesina

- Tú y yo nos vamos a llevar muy bien

- Jajaja, eso no lo creo - respondió aquel hombre

Brandon le entrega a Sharon

- ¿Cómo te llamas? - Sharon le preguntó al hombre

- Me llamo Augustus

- Sharon

Intercambiaron una sonrisa antes de que empezarán a caminar por un pasillo lleno de varios instrumentos de tortura en las paredes.

- Sharon... - Jack la llamó antes de que se alejaran más

Sharon se volvió a él.

- En serio, no te hagas la fuerte con él

Sharon volteo el rostro y siguió adentrándose en el pasillo semi oscuro hasta llegar a un espacio circular, en el cual había una mesa con cadenas y una silla. Sharon se sentó en el asiento después de contemplar a su alrededor.

- Debes aburrirte aquí abajo - dijo Sharon

- No vengo muy seguido, depende de la persona... Tú, eres muy peligrosa, según mis superiores

- Bueno, maté a dos grandes terroristas... Supongo que sí, soy peligrosa

- Bueno, dejaré que elijas con qué comenzar, la silla eléctrica, el ahogamiento, las uñas, el congelador, ¿Cuál te gusta más?

- ¿No deberías hacerme las preguntas antes?

- Eso me ahorraría bastante trabajo... Empieza a hablar

- Bueno, empezaré diciendo que mi nombre es Sharon Mendoza, mi padre era policía de Miami, una organización de tráfico de armas y droga, algo parecido a lo que estaba enfrentando antes de llegar a este lugar. Resulta que el jefe de ese grupo mató a mi padre mientras yo lo buscaba, después maté a un amigo del malo, así que tuve que huir de la ley, me fui a Japón a recomenzar mi vida...

- ¡Espera! No, lo único que me interesa saber es ¿Dónde está el presidente?, ¿Quién es el malo ahora que Richard murió? Y ¿Cuáles fueron tus crímenes en este año?, Quiero que me digas tus pecados y de qué te arrepientes

- He cometido muchos pecados, pero el único del que me arrepiento, es el de confiar en la persona equivocada

- Voy a preparar la silla eléctrica

- ¡Espera! Dame un momento... No sé dónde está el presidente, tampoco sé quién es el malo y mis crímenes fueron dejarme llevar por mis impulsos al matar a Richard, también quiero confesar de que cuando me libere te voy a tratar con el mismo amor con el que me trates... Ahora, ya puedes preparar la silla.

- Un mes después -

Kate y Samantha decidieron pasar un rato con los niños, Samantha se llevó a Ana a la playa mientras Kate se sentaba al lado de Jonathan.

- Hola campeón, ¿Aburrido de estar sentado?

Jonathan hizo una sonrisa entrecortada.

- ¿Todo en orden? - preguntó Kate

- Tengo hambre...

Kate se levantó de inmediato - Vamos a hacer algo, voy a robarme unos servicios de comida para que comamos, y después vamos a ver qué hacer, porque la verdad estoy igual de aburrida que tú

- De acuerdo - respondió Jonathan

Kate volvió a la parrilla, Franck estaba repartiendo la comida.

- Oye Franck... Necesito dos servicios de comida

Franck sonrió - Jajaja, solo tengo uno para ti pero creo que aquel chico que te está allá - señaló a un chico que caminaba en dirección al mar con una tabla de surf - con gusto te daría su servicio

Se trataba de un chico bronceado, con músculos definidos y una cabellera larga color negro un poco risada.

- Solo dame medio pedazo más de carne, es para Jonah

Kate volvió con el servicio de comida y se sentó a comer con Jonathan.

- Entonces... ¿Quieres ir a nadar un rato después de comer?

- Tendría que esperar media hora antes de meterme

- Bueno, podría ser nuestro secreto

- No... Mejor me enseñas a jugar billar ¿Sí?

- Ese sería un secreto mucho más grande pero está bien, con la condición de que te comas toda la comida primero.

Samantha caminó junto a Ana hasta encontrar un bote.

- ¿Vamos a dar una vuelta?

Samantha conversó con los dueños del bote y ellos accedieron a prestarle el bote, una vez estando lejos de la orilla, Samantha detuvo el bote.

- Sabes, saliste a tu mamá, a mí siempre me ha encantado la playa

Ana contemplaba los peces dentro del agua, se veía emocionada.

- ¿Qué dices si me ayudas a pescar?

- Sí, ¿Qué hago?

- Tú vas a sostener la cubeta

Kate subió con Jonathan al segundo piso después de pedirle permiso a Franck. Estaba completamente vacío, solo se encontraba la mesa, una barra y los respectivos tacos y tiza, Kate buscó en una gaveta de la barra, de la cual sacó un guante. Kate había aprendido a jugar algunos días atrás, cuando Franck le enseñó a ella y a Samantha.

- Lo primero que tienes que saber es que siempre le vas a dar a la bola blanca

Jonathan no alcanzaba a la mesa, pero lograba ver cómo Kate jugaba, de pronto, Franck entra al cuarto con otro señor de edad y con el chico de la tabla de surf, en esta ocasión vestía una camisa floreada, unos shorts y unas sandalias. Franck le presentó a su amigo Henry y su hijo Jeremy.

- Kate - dijo ella mientras les estrechaba la mano

Jeremy le sonrió a Kate, quien no le prestó mucha atención.

- ¿Estás seguro de que quieres apostar? - Franck le preguntó a Henry

- Completamente - respondió

Cada uno se dirigió a un estante donde se encontraban los tacos.

- Vamos a jugar dobles - Franck le dijo a Kate

- ¿Estás seguro? No quiero hacerte perder dinero

Franck sonrió - Hija, eso no va a pasar, tú tranquila y disfruta del juego

De pronto, un grupo de camionetas empezó a estacionarse alrededor de la casa, a muchos metros de distancia, logrando así rodear todo el perímetro. Carol bajó de un vehículo, sostenía un cigarro entre los labios.

- Voy por ti, Sharon - dijo Carol mientras veía la parrillada desde lejos - Sin testigos, ya saben













Sharon IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora