Es hora de descansar

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Tristan estaba mordisqueando algo suave y redondo, lo estrechó entre sus brazos con fuerza al sentir como éste intentaba alejarse de él. Frunció el ceño al ver que insistía en huir de él. - ¡Tristan, déjame de morder! - El chillido de Hawk asustó al niño. El rubio se despertó y se dio cuenta que estaba abrazando al cerdo, mientras mordía una de sus orejas.

Avergonzado, lo soltó para sentarse y alejarse del cerdo. - ¡Lo siento, Hawk! ¡No era mi intención! - Exclamó Tristan apenado, mientras observaba a Hawk ponerse de pie, es decir, sobre sus cuatro patas.

- Sé que me veo delicioso, pero contrólate. - Dijo Hawk con orgullo, haciéndose notar, pero el chico le contestó. - ¡No me ignores!

El rubio observó a su alrededor, estaba dentro del fuerte que habían hecho él junto a Hawk y su padre. Pero Meliodas no se encontraba por ningún lado de la habitación, dejándolo algo confundido. Tristan se levantó y se acercó a su madre, quien seguía en el mismo estado que hace dos días. La miró con melancolía, mientras se ponía sus botas y ropa. En la tarde, ella despertaría y eso lo hacía sentir feliz.

- Oye. - Le habló Hawk algo triste, viendo como él observaba a Elizabeth con una mirada tranquila. - ¿Qué te parece ir a desayunar?

- Claro... ¿No has visto a mi padre? - Comentó Tristan con curiosidad, pero al ver la negación de Hawk se desanimó. - Bueno, vamos a comer algo. Tengo que prepárame para mi pequeño viaje.

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Drake veía con empatía a su primo, pues estaba molesto de que su padre, tío Meliodas y tío Estarossa hayan desaparecido desde la mañana. Él y Tristan junto Gelda y Hawk estaban en la entrada del castillo esperando a Arthur. Habían despertado, desayunado y nada de los tres demonios, ni siquiera estaban en el castillo pues no podian sentir su poder u olor.

El viento hacía sentir un poco más tranquilo a los niños. Gelda les había entregado unas bolsas para que pudieran recoger las plantas que Merlín les encargó. El sol empezaba a ponerse en todo su esplendor, por lo que la vampiro se cubrió con una capa. Hawk suspiró aburrido por la tardía del rey.

- Tía Gelda... - Le habló Tristan con preocupación, ella volteó prestando su atención a él. - ¿Sabe dónde está mi papá?

- ¡Sí! - Exclamó Drake con molestia, él también quería saber sobre el suyo. Su padre solía decirle a donde iba, no desaparecía de la nada cómo ahora. - No siento su olor en el castillo, ni el de mis tíos.

- Es cierto, es muy extraño. Siempre avisan, al menos Zeldris. - Comentó Hawk algo extrañado.

- Claro que sé. - Eso ilusionó a los niños, que corrieron a ella y se sujetaron a su vestido. - Ellos están bien, fueron a cazar a Chandler.

Ante la mención de ese nombre, hubo diferentes reacciones. Tristan se estremeció de preocupación y miedo al saber que él fue quien intentó llevárselo y asesinó a su madre. Drake frunció el ceño al recordar a Gelda gravemente herida por aquel sujeto. Hawk soltó un chillido de temor. La vampiro simplemente los observó con tranquilidad.

- ¡Ese maldito! - Exclamó Drake molesto, recordando aquel demonio con desprecio. Tristan se preocupó, no quería que su padre perdiera el control como la última vez o que algo malo le pasara a él o sus tíos.

- ¡Drake! - Alzó la voz Gelda, asustando a los niños, en especial a Drake. Le dedicó una mirada seria, cohibiendo al chico. - Comprendo tu enojo, pero no debes hablar de esa manera.

- Lo sé... Lo siento... - Murmuró Drake apenado por el regaño de su madre. - Es que simplemente lo odio. No es justo lo que hizo... Cómo te trato a ti o a mi tía Elizabeth...

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