27. Usted nunca aprende¿verdad?

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Uraraka protestaba todo el camino a la casa de Bakugou desde que se levantó y supo que tenía que ir. Aquella noche, hace dos días, el rubio se había ido en la mañana sin dejarle una nota siquiera, típico de él. Pero ya llevaban todo ese tiempo sin verse y se sentía la melancolía en ambos. Ella intentó llamarlo varias veces para escuchar su voz, al menos un poquito, pero la mayor parte de la veces estaba ocupado trabajando. Desde que fueron al centro comercial y se toparon con Shindou, las cosas seguían pesadas aún.

Pero ahí estaba ella, dejando su orgullo a un lado para ser la primera en ir a buscar al otro, como escusa para que no la echase tenía en sus manos unas bolsas, las misma donde contenían la ropa que debían llevar a la boda.

"¡No voy a perdonarlo! ¡Me hizo decir un montón de cosas sucias!"

La castaña tocó con brusquedad la puerta, pues bien sabía que no podría oírla, quizá.

Después de insistir tanto, finalmente la puerta se abrió de golpe dejándola estupefacta al notar su cara de pocos amigos.

-¿¡QUIEN MIERDA...!?- alzó la voz sin darse cuenta quien estaba en la puerta pero al reconocerla se calmó, solo un poco. Pues sus ojeras eran notorias y la baba se le escurría por el mentón, dando a entender que estaba en un profundo y relajado sueño.

-¿Qué haces sin camisa?- remarcó la chica, pues había atendido la puerta sin siquiera haberse vestido antes.

Él suspiro con pesadez y revolvió su cabello, aún adormecido rascó su ombligo.

-¿¡Por qué demonios vienes a mi casa a las siete de la mañana!?- se acomodó el pantalón y giró sobre sus descalzos pies para dejarla pasar- ¿¿Quieres una invitación o que??-

-No importa el momento, siempre tienes ánimos para gritar...- musitó. -¡Toma! Te traje lo que dejaste en mi casa.

-Ah, eso- le restó importancia.

-¿Sabes que mañana es la boda?-

Sin contestarle se dirigió a la cocina para armar su desayuno. Pero antes de tomar el tarro de azúcar, ella detuvo su mano.

-Lo adelantaron unos días por que está todo listo.- no gastó sus energías en mirarla, solo siguió con lo suyo- Primero ve a bañarte y yo me encargo del resto.

-Si te quedas en la cocina vas a arruinarlo todo-

-Ja Ja Ja- rió sarcástica- ¡Solo ve sucio!.

-Entonces báñate conmigo.-

-¡Ni de broma!-

-¿¿Hah?? ¿¿Y por qué??-

-¿¿Como que por qué?? Perderemos el tiempo y quiero ver cómo te queda el traje ¿Que pasaría si no está a tu medida y hay que modificarlo? ¡No nos daría el tiempo! ¡Esto pasa por qué no te lo probaste antes!- lo empujó hacia el baño y le cerró la puerta.

Durante el transcurso de la mañana, ya habían tomado el desayuno y Katsuki el cachorro se había bañado. Fue una lucha hacer que se vistiera por si solo, y que constantemente buscaba alguna oportunidad para volver a tener relaciones íntimas. Uraraka estaba totalmente negada, sabía con seguridad que el intentaría una y otra vez convencerla para tener un niño "¿Por que esa obsesión tan firmemente tomada?" Daba vuelta todo el tiempo esa pregunta en su cabeza, pero seguía sin entender.

-¡Vamos! Quiero verte de traje.-

-Es una mierda incómoda.-

-Yo iré vistiendome en el baño- avisó mientras consigo llevaba una bolsa

-¿Quieres que te ayude?-

No sé molestó en contestarle, solo cerró la puerta y procuro no olvidarse de la tranca. Y en menos de lo esperado salió impecable y formalmente vestida. El vestido que llegaba hasta las rodillas daba un toque inocente, el color verde agua, señalado por ser un color "esperanzador" se lucía junto con los volantes del borde y que al girar diera la impresión de ser tan liviano como el aire, en las mangas cortas al estilo maid victoriano las orillas tenían un color verde manzana al igual que el escote en forma de corazón. Ese era el vestido que llevarían las damas de honor. (Que serían todas las chicas de la 1-A)

No era yo mismoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora